Martes, Diciembre 12, 2017
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Tres inquietudes que tienen los mercados: Rusia, China, emergentes.

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El mercado tiene una orientación pobre hoy en día sobre cómo gestionar sus inversiones una vez que el soplo de la Fed está destinado a desaparecer este año. Con Estados Unidos creciendo sólo 2% muchos se preguntan si Wall-street aguantará mucho tiempo al alza, antes de entrar en una fuerte corrección, o bien, si EEUU tiene suficiente solidez para no caer en otra recesión prontamente.

Con los últimos datos del empleo, que siguen coincidiendo con las últimas estimaciones de la FOMC, en teoría se ha conformado un cambio de señal de “risk-on” a un “risk-off” en materia de crecimiento económico, y sería notable esperar que al calor del tapering el mercado dejase pasar las cosas y siguiese tremendamente bullish, como lo dicta el desempeño de los pasados cinco años.

Sin embargo, hay algunos temas que inquietan a los inversionistas que podrían provocar una fuerte sacudida si no se tiene la cautela suficiente:

1)      Rusia-Ucrania.

Uno de los posibles choques más cercanos al mercado, está en el tema de Rusia y Ucrania. Hasta ahora, tanto Angela Merkel, como Barack Obama, han mencionado que el referéndum de Crimea no es legal, y el presidente de Ucrania, Arseny Yatseinuk, espetó en Kiev el fin de semana que no cederá “ni una pulgada” de Crimea pues “es nuestra tierra”.

Pese a ello Vladimir Putin ha contestado telefónicamente a la Merkel y a Obama en conjunto, que lo de Crimea está basado en el derecho internacional, y que el actual gobierno poco ha hecho para proteger al 60% de los habitantes de esta zona, que a decir verdad, son rusos.

Europa entera está dividida en este tema, porque pese a que a nadie le gusta la intervención militar de un país en otro, la zona del euro se ha vuelto dependiente del gas y del dinero ruso, y cuando el Consejo Europeo habla de “sanciones contra Moscú”, todos saben que en el fondo, son restricciones de “visas” para la gente proveniente del ejército rojo, lo que a Putin, le tiene sin cuidado.

No es para menos, Rusia surte el 40% de las importaciones de gas a la propia Alemania, y casi el 5 por ciento de la exportación manufacturera del país germano va a Rusia. Ni que decir, que mucho se habla de que el gran dinero “ilegal” de los rusos, transita por toda la vena del mercado de Chipre y Londres. Y cualquier represalia real sobre el país, acusaría un daño colateral sobre toda Europa.

Son condiciones muy similares a las observadas en las anteriores guerras mundiales. Primero porque el conflicto entre Rusia y Ucrania, es afín al que tenía Gran Bretaña con Alemania en 1914, y segundo, porque la posible represalia contra Rusia, es parecida a lo que el tratado de Versalles generaba en Alemania, la depresión de toda Europa por sanciones eocnómicas a principales socios, algo que el famoso John. M. Keynes retrató en su trabajo de Las Consecuencias Económicas de la paz.

 

Por tanto, es muy incierto en que pueda desembocar el conflicto, y la velocidad con la que puedan agravares las cosas. Que por lo pronto ha picado al alza los precios del petróleo ante el posible choque de oferta que pueda recibir el hidrocarburo en el conflicto, pasando la cotización del Brent de 95.55 dólares a 100.97 en el año.

La solución aquí no es nada sencilla, porque tal cual fue en la crisis de deuda de 2010 y 2011, la eurozona no ha alineado los intereses de los 28 estados del continente, ni de los 17 países miembros de la moneda única, y aunque muchos políticos han espetado fuerte indignación, es difícil imaginar una enemistad seria con Rusia. Mucho menso si para ello hay que reclamar la soberanía energética.

Pero el dilema de tener a una Europa con eventos poco favorables tan seguido (año con año), lleva a que las autoridades pierdan reputación sobre lo que están haciendo. Algo muy claro que puede verse ahora en una sola frase “Los Europeos ya no dan miedo”. Al menos eso es lo que puede entreverse de la sonrisa de Vladimir Putin, pero para los mercados es otra cosa. Tener energía en Europa es vital para la recuperación económica, y generarla por si mismo desde Bruselas, es tan difícil como generar la unión bancaria que se mencionó desde el año pasado, pero de la cual no se ha podido avanzar por los hechos ni un ápice.

1)      China.

La segunda economía del mundo está teniendo un proceso de “aterrizaje forzoso”, y es algo que esta confirmándose con los datos duros de la economía asiática, pero no sólo eso, hay riesgos de una potencial crisis financiera en dicho país, Por un lado porque aún mantiene una fuerte lucha con su burbuja inmobiliaria, pero por el otro, porque el tamaño de su deuda representa cerca del 58% de su PIB, y aunque el Banco central se ha esforzado por controlar el expansivo crecimiento del sector bancario “sombra”, no ha sido del todo fructífero.

Ahora, al igual que la Fed, el Banco Popular de China tiene todo el dinero del mundo para sacar de apuros a cualquier entidad financiera que presente problemas, sin embargo, tal cual le está ocurriendo a la Fed, el banco central de China puede estar “por detrás de la curva”, lo que quiere decir que es China quien está persiguiendo al mercado y no al revés, lo que indica que la autoridad no puede moverse rápidamente ante fuertes corridas bancarias.  Algo que también le es inquietante si lo que está haciendo la autoridad es cuidarse de un posible ataque especulativo contra su moneda, una vez que la política acomodaticia de otros bancos favorezca las cotizaciones del dólar (y por consiguiente sean cortas para la moneda china).

En este sentido, el Banco central ha creado una especie de “proteccionismo” en su economía por medio de pequeñas, y competitivas devaluaciones en su moneda, lo cual también es preocupante, porque esta medida está generando estrés con los países vecinos como Japón y Corea del Sur (quién ya anunció que tomará medidas al respecto).

Esta enemistad proviene principalmente por la venta de autos, aparatos electrónicos y otros productos de exportación para Asia, si los cuales la demanda de estos países será débil, por lo que el desestres de China por medio de esta estrategia estará fuertemente limitado, más aún en un contexto donde el capital fluye rápidamente ante la expectativa de una “guerra de divisas”, donde gran parte del capital es suplantado por cuervos especuladores, de los cuales se está cuidando el Banco Popular de China.

Aunado a ello, el proceso de crecer por devaluaciones tiene un efecto negativo dentro del corto plazo, ya que eleva por precios el tamaño de las importaciones, y sólo hasta pasado un tiempo, genera por volumen una mayor alza de sus exportaciones (cuando ya se ha dado un proceso de sustitución entre la fuerza de trabajo que emigra de un sector de precios bajos al de precios altos, y trastoca la productividad marginal del sector al que emigra).

 

Lo que puede debilitar el comportamiento de su actividad económica.

1)      El resto de los mercados emergentes.

Con el “crecimiento de EEUU” entrecomillado, con Europa jugando inciertamente con el balón, y una China a medio tanque, las economías emergentes, cuyo crecimiento es dependiente del consumo y del capital de países más avanzados, son los principales activos en peligro por ahora.

 

La capacidad de contagio pudo verse fuertemente en el último Sell-off que existió cuando el PMI de China confirmó que las cosas no iban bien, y a lo pronto, junto al levantamiento de la curva en EEUU, los bancos centrales de diversos países emergentes se vieron obligados a subir tasas para proteger a sus monedas.

La fugaz corrida financiera permitió que países como México, Polonia, o Malasia, terminaran al cabo de unas semanas ligeramente sin mayores pérdidas a su economía, por la capacidad de flexibilidad que tuvieron estos capitales. Empero quedó demostrado que ante el sell-off “todos los gatos son pardos”, y que pese a los buenos fundamentales que pueda tener una economía emergente, es vulnerable a las oscilaciones del capital.

Esto no quiere decir que lo mismo de ser un país que otro, y que los contextos de estabilidad macroeconómica no funcionen, porque de hecho son el ticket de regreso cuando el pánico desaparece. Pero lo que sí es observable, es que ante el ambiente actual, cualquier inversionista puede poner si mete su dinero a un país emergente, ya que nada le garantiza la magnitud del contagio que puede tener un país con otro.

En este tenor, aunque el dato del empleo del viernes puso las persianas en un “risk-off” para el crecimiento, los inversionistas podrían seguir demandando bonos del Tesoro de EEUU, deuda corporativa de alta calidad, y dólares, como refugio de descargas que pudiesen existir en las acciones y en las materias primas. Algunas inversiones en bienes de lujo, o duraderos, como edificios y oficinas también son factibles, pero hay una larga lista de inversiones poco atractivas que pueden generarse en este “risk-off”, lo que invariablemente perjudica a la renta variable.

 

Por tanto, no se han activado señales fuertes de peligro en los mercados, pero lo que sí está pasando es que la aversión al riesgo esta sujetando el cuello de varios portafolios, y eso se mantendrá mientras no sea posible confirmar si EEUU podrá cargar con todo el peso del crecimiento global este año.

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