Martes, Octubre 17, 2017
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La recesión, Petrobrás, Lula y las bolsas ponen a Rousseff contra las cuerdas

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Éste es la colaboración íntegra que se publica hoy en el diario Excélsior, la cual puede leer también en las páginas de Dinero de dicho diario, en el siguiente link, o en las líneas de abajo.  

“Lulinha paz e amor”. Ése fue el lema de campaña que ideó Duda Mendonca para que Lula da Silva, en el 2002, se hiciera con la presidencia de Brasil luego de tres intentos frustrados. Pero esos tiempos han quedado atrás. Ahora hay declarada una guerra abierta, con un país polarizado y con varios frentes abiertos, casi todos asociados con un escándalo de corrupción de proporciones descomunales, el de Petrobras, y una economía que atraviesa la peor recesión en varias décadas. Ayer, en varias ciudades de Brasil se organizaban, en un ambiente de tensión, megamarchas exigiendo la salida de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, del gobierno, quien en el Congreso enfrenta un proceso de destitución (“impeachment”).

 El caso Petrobras ha salpicado a todo el arco político: sí, sobre todo al PT, pero también a su principal aliado en el Congreso, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) y al Partido Progresista (PP). Tres ex-presidentes están involucrados en la trama: Fernando Collor de Mello, actual senador del Partido del Trabajo de Brasil (PTB), y quien ya está siendo procesado; el socialista e ideólogo Fernando Henrique Cardoso; y Lula da Silva, así como la propia Dilma Rousseff, quien también fungió como ministra de Energía durante el gobierno de Lula y presidió el Consejo de Petrobras de 2003 a 2010, cuando se produjeron gran parte de los escándalos de corrupción. También ha derribado a presidentes y altos ejecutivos de emporios de la construcción brasileña como Odebrecht, Camargo Correa, Andrade Gutierrez y OAS.

Así las cosas, la lucha política es encarnizada, de todos contra todos. El presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, del PMDB, aceptó una petición de destitución de Dilma Rousseff por supuestas maniobras fiscales irregulares. Pero esa acción no parece más que una venganza personal de Cunha, un siniestro político a quien se le han descubierto cuentas en Suiza derivados de cobro de sobornos en el fraude de Petrobras y quien también podría ser destituido como presidente de la Cámara. 

Sin embargo, ese proceso de destitución, que en un principio tenía pocas opciones de prosperar, ha venido cobrando empuje conforme pasan las semanas por varias razones: uno, por la grave crisis económica que atraviesa el país; dos, por el creciente descontento de la ciudadanía contra el gobierno; tres, por las acusaciones de corrupción que pesan sobre el gran líder del PT y padrino político de Dima, Lula da Silva; cuatro, por el auge de los mercados financieros brasileños, que parecen apostar que un cambio de gobierno sentaría bien a la economía; y quinto, porque su principal aliado, el PMDB, al ver el percal y la posibilidad de librar su cabeza gracias a todo este embrollo, empieza a abandonar el barco y planea quitar su respaldo a Dilma.

En efecto, la crisis económica es la peor en más de un cuarto de siglo: el PIB se contrajo un 3.8% el año pasado y la divisa brasileña se ha despeñado, desde que Rousseff asumió el cargo de presidenta el 1 de enero de 2011, casi un 55%. Parte de las desgracias de Brasil se explican por su dependencia de las exportaciones de materias primas: la mitad de lo que vende al exterior son productos primarios, entre los que se incluye el petróleo, el mineral de hierro y productos alimenticios como la soya y el maíz. Todo fue bien, tras la Gran Recesión de 2009, en tanto China, su principal socio comercial, crecía a tasas explosivas y los precios de las materias primas cotizaban por las nubes. Los fabulosos ingresos de Brasil le permitían financiar sus proyectos sociales, incluyendo su plan contra la pobreza, la “Bolsa Familia”. Pero la desaceleración de China y el derrumbe en los precios de las materias primas vino a arruinar todo: el déficit por cuenta corriente se deterioró, llegando a representar un 4.4% del PIB al principio del año pasado. La rápida depreciación del peso provocó que la inflación aumentara a tasas de doble dígito para situarse en niveles no vistos en doce años, y muy por encima del objetivo del banco central de 4.5%. Desde que Dilma fue reelegida en octubre de 2014, y con el fin de detener la espiral inflacionaria, el banco central ha tenido que elevar las tasas de interés en siete ocasiones para llevarlas de un nivel de 11% a otro de 14.25%.

El aumento en el costo del dinero, la debacle petrolera consecuencia del desplome del precio del crudo y los escándalos de Petrobras, y la caída de la confianza empresarial provocó una severa contracción de la inversión y el consumo privado, lo que significó un aumento en el desempleo y menores ingresos presupuestarios. Al mismo tiempo,  el elevado gasto público, asociado en buena medida a los programas asistenciales y a la organización del Mundial y las Olimpiadas, aunado al fuerte incremento del costo del servicio de la deuda derivado de la depreciación del real y el aumento de las tasas disparó el déficit público hasta niveles desorbitantes.

Es verdad que, con la reelección, Rousseff trató de enderezar el rumbo de las finanzas públicas: para ello nombró al banquero Joaquim Levy como ministro de finanzas, quien elevó impuestos y recortó el gasto, agravando la recesión y creando un mayor descontento. Un año después,  lo reemplazó por Nelson Barbosa, quien volvió a expandir el gasto y concedió un paquete de 21,000 millones de dólares en créditos para la agricultura, la industria y la construcción. En enero, el déficit público fue de 10.8% del PIB, lo que supone un nuevo récord. La acusación para destituirla, precisamente, se debe a que pudo manipular las cuentas públicas para ocultar el verdadero tamaño del déficit. Ante la crítica situación de las finanzas, las agencias de calificación han retirado al país el “grado de inversión”.   

El descontento de la ciudadanía y la polarización del país quedaron patentes en las megamarchas de ayer por todo Brasil. Para colmo, el gran líder del PT, Lula da Silva, quien fuera el presidente más popular del planeta, el que sacó de la pobreza a 30 millones y logró las sedes de mundiales y olimpiadas, el que podría levantar de nuevo al PT presentándose a las elecciones presidenciales de 2018, también se encuentra acosado por la justicia. Primero la procuraduría de Justicia de Brasil lo detuvo para que fuera a declarar por el caso Petrobras; luego la de Sao Paulo solicitó su prisión preventiva. Y se especula que ante los riesgos de ser juzgado, Rousseff podría otorgarle un cargo para ganar el fuero político y protegerlo del posible juicio.   

Como remate, el mercado parece celebrar que Rousseff pueda ser destituida. Desde que esas opciones ganan fuerza, el real brasileño se ha fortalecido y es la mejor divisa del año, en tanto la bolsa de Sao Paulo se ha recuperado un 32% desde su reciente mínimo de finales de enero y el viernes cerró en máximos de siete meses.  

Así las cosas, la desbandada de los aliados tradicionales del PT en el gobierno, el PSB y el PMDB, ya ha empezado.  El PSB ya retiró su apoyo a Rousseff y se unió a la oposición. El sábado, en la Convención Nacional del PMDB, se acordó que pronto, quizás en abril, todos los miembros del PMDB podrían dejar sus cargos en el gobierno. Dilma, ahora sí, puede estar contra las cuerdas.

INFOGRAFÍA

El proceso de destitución de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ha cobrado fuerza conforme pasan las semanas. El caso Petrobras ha tomado un nuevo giro luego de que dos fiscalías, la de Brasil y la de Sao Paulo, cerraran el cerco sobre el ex-presidente Lula da Silva, en tanto la economía de Brasil atraviesa la peor recesión en décadas luego de contraerse el PIB un 3.8% el año pasado….

 

Fuente: Bloomberg

… el deterioro de la cuenta corriente ante la caída de las materias primas desató una fuerte depreciación del real, que a su vez ha tenido un impacto negativo sobre la inflación, cuya tasa supera actualmente el 10%. El alza de las tasas para intentar contener la espiral inflacionaria ha significado una contracción del consumo y la inversión privada, agravando la recesión…

Fuente: Bloomberg

… pero además, el deterioro de las cuentas fiscales es tan grave que el país ha perdido el “grado de inversión”. El déficit fiscal es actualmente de 10.8% del PIB y supone un récord histórico: no solamente el balance primario (excluyendo el pago de intereses) ha pasado de superávit a déficit, sino que el pago de intereses se ha disparado por la depreciación del real y el aumento de las tasas…

Fuente: Bloomberg. (-) Superávit; (+) Déficit.

… el PMDB, el gran aliado de Brasil, podría retirar todo su apoyo a Rousseff en breve. No sólo el descontento social ha aumentado en contra del gobierno de Rousseff, tal y como atestiguan las megamarchas de ayer, sino que además los mercados parecen apostar, de manera favorable, por una salida de Rousseff del gobierno. El Bovespa ha trepado un 32% desde su mínimo y el real es la mejor divisa del mundo este año con una apreciación del 9.6%.

 

  

Fuente: Bloomberg

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