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¡China se disfraza de Santa-Claus y salva a Rusia!

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Es el grito callado decembrino del 2014. Rusia está cerca de un colapso económico, como pocas veces se le ha visto.

No ha sido Napoleón peleando por el gasoducto de Varsovia, o Alemania teniendo una riña ideológica entre fascistas y comunistas. No fue una sorpresiva explosión en Chernóbil, o el fuego lento consumiendo las calles de Lenningrado. Fue algo mucho más simple y mucho más mudo que todo eso. Fue el motor económico de Rusia.

En lo que va del año, el rublo ha perdido un 41.17% de su valor frente al dólar, coronandose como la peor moneda emergente del año. Los CDS´s del Kremlin se han estirado en más de 200 puntos, y sus reservas internacionales han menguado hasta los niveles mínimos de la última crisis mundial.

Tres factores se combinaron para generar esta tormenta perfecta: 1) las sanciones generadas por Occidente tras los conflictos con Ucrania; 2) las medidas tributarias por Putin para solventar la caída de ingresos públicos derivados por las sanciones; y 3) la tremenda caída de los precios de hidrocarburos.

En su discurso de la semana pasada, Putin reconoció que diversos “factores externos” han sometido al imperio ruso este año, pero le falto añadir seriamente que dichos “factores” prevalecerán para el 2015. Las medidas adoptadas por Occidente provocarán entre otras cosas, que muchas obligaciones financieras de las empresas rusas, deban de liquidarse sin ayuda del mercado financiero de occidente, lo que compromete los ingresos de las pequeñas y grandes empresas, y con ello las posibles inversiones que se practiquen el siguiente año.

La caída de los precios petroleros ha golpeado también las arcas públicas de Putin, con lo que se han introducido nuevos impuestos como el impuesto a millonarios de marzo, o el recientemente anunciado impuesto a la exportación de granos, para tratar de suprimir los efectos de agravio transmitidos por el oro negro. Pero las medidas han sido pobres para compensar esta pérdida, y más se han encargado de debilitar el mercado interno de dicho país. Impidiendo con ello la recuperación de la demanda.

Ante estas señales de asfixia, Rusia parece estarse quedando solo y al borde del precipicio. ¡Salvo por una cosa!, este 2014 hay por ahí un Santa-Claus más pequeño que gordo, más serio que simplón, que en vez de dar juguetes a los niños, se dedica a extender grandes cheques para los países desprotegidos por el capitalismo yankee. Es China. China celebrando a su modo la propia navidad, con dragones de oro y moños rojos para Putin.

El gobierno de Xi Jinping anunció este lunes que China y Rusia generarán una línea de swaps de tres años por 150 mil millones de yuanes, lo equivalente a 24 mil millones de dólares para que los vecinos rusos se protejan de la tempestad con la que se vaticina el 2015, y defiendan con todas esas ansias a su golpeada moneda.

Pero no sólo eso, la línea de crédito podrá expandirse siempre que Putin y Xi Jinping así lo determinen. Extendiéndose retroactivamente en lo que parecierá ser un infinito bucle. 

El mensaje fue muy claro, y desde que amaneció el rublo ruso comenzó una defensa implacable que al momento le ha servido en una ganancia de más del 5% en el intradia. Nada mal para la furtiva tempestad con la que se viven los mares rusos.

Pero el truco no está en la buena sesión del rublo, por lo menos no es con lo que hay que quedarse de esta historia del Santa-Claus asiático.

China no ha estado solamente soltando su chequera hacia Rusia, también lo ha hecho en Argentina, en Brasil, y en la promoción del New Development Bank. Ha estado jugando a la navidad durante casi todo el año. ¿Por qué?

La intención de Xi Jinping, no es absoluto el hacerse pasar por Santa-Claus, sino empezar a promover al Yuan como una verdadera moneda alternativa al dólar, frente a la debacle del euro desde el 2011. El mundo necesita una nueva moneda, que le sea similar al dólar, y no sólo en el comercio. Sino también sea utilizada en las grandes operaciones financieras.

El Banco Popular de China ha firmado este año diversos acuerdos de intercambio de divisas con otros 28 bancos centrales para procurar la invasión silenciosa del yuan, como pequeños duendes fabricando deudas en todas partes, que mientras se pagan obligan a los tenedores al manejo de su moneda.

Pero al mismo tiempo que presta, China demanda, y lo hace adquiriendo la mayor cantidad de dólares del mundo, con un monto de reservas de 3.89 billones de dólares en la chequera, una inmensidad comparada con las 374 mil millones de Rusia, o los 192 mil millones de dólares de México. Convirtiéndose con ello en el proveedor de los dos grandes carbonos financieros que requerirán las operaciones financieras del futuro.

Asimismo, garantiza mediante este movimiento la administración de su moneda, sin la necesaria intervención directa de su Banco Central, ya sea otorgando mayores créditos que bajen el precio de su moneda,o adquiriendo dólares (por la compra de bonos), mediante el registro de otros países . Tal cual ha hecho desde Bélgica.

El caso de Argentina también fue emblemático este año. El Banco Popular de China extendió una línea de crédito muy similar, junto distintos préstamos energéticos, que le generó una ganancia del 24% al peso argentino frente al dólar en la inmediata ayuda de China en dos meses.

La alianza con Rusia ha venido prácticamente a cerrar la mano con el mejor músico disponible, y posiciona a China con fuertes socios estratégicos en materia energética, lo que puede garantizarle el suministro de bienes básicos por cualquier eventualidad que surja a futuro.

Es una especie de navidad amañada, entre duendes, naciones quebradas, y un rico Santa-Calus que mueve hilos discretamente, mientras preparamos el pavo.

No obstante para Rusia, la historia de terror no va a terminar aquí. China le pueda dar el capital negado por Occidente, le puede dar crédito, divisas, soporte financiero, y todas las bonanzas que el mercado financiero pueda generar, eso es algo que Putin valora más que nunca. Pero lo cierto es que China no puede hacerle frente a la vieja estructura económica de Rusia y su alta dependencia del material energético, no puede frenar el la vejez de los engranes económicos de Moscú, el aumento de la inflación reptante, ni la capacidad ociosa adquiridas tras los conflictos con Ucrania por Crimea. Todo eso seguirá ahí para el siguiente año, y ya veremos si al rublo se le olvida tan fácilmente esta historia del 2014.

Por ahora, es navidad. Y Rusia tiene un juguete nuevo, como es la infinita chequera de China. Pero este Santa Claus seguramente permanecerá por aquí, aunque le llegue la primavera.

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