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Nuevos estímulos del BCE en tela de juicio, primer disparo no funciona, y Draghi lo sabe.

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La semana pasada se dio la primera operación de liquidez que impulsó el Banco Central Europeo (BCE) en su sesión de junio, y que definió como el Targeted Longer-Term Refinancing Operation para 255 bancos de la Unión Europea.

El objetivo de este programa es proporcionar un extremo de liquidez necesaria para los bancos,  y que estos mismos descompriman los canales crediticios de la economía, al tener exceso de dinero que no es posible colocar entro del BCE (porque este ya cobra 0.10% por depósito que le hacen), y que entonces el dinero empiece a abandonar la circulación y aterrice sobre la tierra firme de la producción.

Sin embargo, a diferencia de la Fed, el BCE no sale a inyectar dichos estímulos a la economía, sino que espera a que haya solicitantes que acudan a él para poder dar financiamiento, es decir, es dependiente a la demanda de los recursos (tal cuál fue planteado en su momento en el MEDE, y que llevó al fracaso al programa).

La gran sorpresa de la semana pasada, fue que a pesar de la baja tasa de interés con la que el BCE está prestando estos recursos (0.15%), la adjudicación fue de apenas 82.6 mil millones de euros, muy por debajo del estimado de 150 mil millones de euros que se esperaban para considerar que el programa estaba siendo de uso “rudo”.

Es la primera operación de financiamiento de largo plazo, de las 8 que fueron anunciadas, y la segunda de ellas ocurrirá hasta el mes de diciembre, mientras que en marzo de 2015 y junio de 2016 se llevarán a cabo las 6 restantes con una periodicidad trimestral.

El “Target”, que es lo que distingue a estos LTRO del resto que uso el BCE durante la crisis financiera (2007-2008) y la crisis de deuda soberana (2010-2011), va en que dentro de las dos primeras subastas, es decir; las de 2014, la autoridad se propone un objetivo de financiamiento de hasta el 7% del total de la cartera de créditos del sector privado no financiero (excluyendo el crédito hipotecario), lo que es un objetivo de  estímulos por 389 mil millones de euros, con la plena intención de combatir el fantasma deflacionista que recorre las calles de Europa.

Pues bien, eso quiere decir que la operación primeriza del TLTRO de la semana pasada apenas representó el 21% del monto total disponible de recursos, lo que indica que el mercado ha tenido una reacción sumamente “limitada” para aceptar la nueva política del BCE.

La propia agencia de calificación crediticia, Moody´s, afirmó que la baja demanda de los préstamos baratos del TLTRO, simboliza un factor negativo para reactivar el crédito de la zona del euro. Lo que refleja que los bancos europeos están sintiendo que hay pocas oportunidades “rentables” para colocar recursos, y que eso los orilla más hacia una política de desendeudamiento.

A esto hay que sumar, que existe mucha incertidumbre acerca de la postura que tendrá próximamente la Reserva Federal de los Estados Unidos, y que esta incertidumbre se traduce en un mayor costo asociado a la inversión productiva, lo que es un incentivo para contener la política de préstamos que trata de generar Europa.

Para compensar esta falta de claridad en América, hoy fue Mario Draghi a hablar ante la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo, y el mandatario aseguró que el nuevo programa de estímulos cumplirá con su objetivo de salvar a la Europa del siglo XXI de la tragedia nipona del siglo XX.

Draghi resaltó que al TLTRO hay que valorarlos de una manera conjunta, y que aunque este primer estímulo fue del todo un fiasco, la segunda colocación del 11 de diciembre jugará de un modo clave. ¿Por qué?

Draghi asume que para diciembre ocurrirán tres eventos de suma importancia que permitirán reactivar las prácticas de fondeo entre los bancos.

El primer evento es que se darán a  conocer los Asset Quality Review que practica el BCE para medir la calidad del capital con el que se prestan los bancos, así como el Stress Test que utiliza para supervisar las prácticas nocivas del sector, y determinar que agentes necesita más recursos que otros. En un segundo momento, la diferencia entre el primer disparo del TLTRO y el segundo será de casi 4 meses, lo que permitirá saber cómo utilizaron los otros agentes que participaron en esta subasta sus recursos.

Finalmente, en diciembre los bancos deben reembolsar la liquidez que recibieron de los anteriores LTRO a tres años (faltando dos reembolsos más en enero y febrero de 2015), lo que orillará a distintos agentes a acudir al BCE en diciembre para tener nuevamente liquidez.

Estos tres factores se unirán para incrementar la demanda de recursos del TLTRO, lo que de acuerdo con Draghi, llevará al BCE a incrementar su hoja de balance como en el 2012, cuando el riesgo de irreversibilidad era muy palpable.

Sin embargo, expandir la hoja de balance a los niveles de hace dos años es incrementar en casi 1 billón de euros la posesión de activos de la autoridad monetaria, mientras que la inyección completa del TLTRO es de 830.6 mil millones de euros,  dada la baja demanda que enfrentó la autoridad la semana pasada, esto indica que para llegar a los niveles de 2012, la autoridad dependerá en buena medida del famoso “multiplicados bancario”, el cual no es estable.

Bajo dicho panorama, la institución quedará bastante lejos de poder engrosar su hoja de balance al punto tal que le permita enfrentar el sesgo deflacionista, como en 2012 le permitió salvar al euro de la debacle.

Draghi tuvo incluso que reconocer hoy mismo, que la economía de la eurozona está perdiendo “movimiento”,  lo que sugiere que el actual programa sólo está dando tiempo a la autoridad para tratar de generar algo de mayor prominencia que en verdad careé el dilema deflacionista.

En consecuencia, Draghi repitió ese verbo que ya todos nos sabemos desde junio de 2012 de qué el BCE aplicará todas las medidas necesarias para cumplir con su objetivo de 2.0% de inflación.

Empero, este estribillo parece estar agotando la paciencia del mercado, el cual ha vuelto a posicionar al euro sobre las 1.28 unidades este día, colocando al euro por arriba de lo visto en junio, cuando Draghi anunció el programa.

Esta decepción, y la virtual apreciación del euro frente al dólar, complica la gesta inflacionaria que encabeza Mario Draghi, y pone de relieve que la nueva espada investida no ha sido más que otro trazo de madera carroñero.

Falta más Mario, falta más, y eso implica de verdad pensar en un QE europeo.

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