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El FMI y su principio de austeridad

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 Hay un proverbio que aduce de esta manera “si quieres paz, prepárate para la guerra”. Pues bien, desde hace ya casi cinco años, el mundo se encuentra en turbulencia, pero no sabemos hasta el momento, si dicha turbulencia es precisamente la “guerra”  de salida contra una de las peores crisis en la historia, o si es, en todo caso, la preparación para una turbulencia mayor. Es decir; avanzado el calendario, aún no es posible acreditar si es tiempo de paz o de guerra el que vivimos.

No obstante, dicha incertidumbre no ha impedido que se comiencen a posicionar distintos bandos en el terreno de juego. Por un lado se ha organizado un fuerte grupo, promotor de los estímulos económicos, que pide implementar cualquier tipo de política económica (fiscal y monetaria), para sacar del bache a la tasa de crecimiento económico global, y amedrentar la tasa de desempleo en el mundo.  

 

 Del otro extremo, están los economistas y políticos que buscan restaurar el camino amarillo de la confianza de los mercados. Paro lo que estiman es necesaria la implementación de la mayor austeridad no antes vista.

 

 El debate, claro está, ha dejado desde hace un tiempo de ser una discusión académica, a partir de que la crisis afectó a los barrios más grandes y más chicos de cada país, desde la implacable calle de Wall-street, hasta la esquina más difusa del “valle” de los Mochis en Sinaloa. El estruendo de la burbuja financiera, se oyó en todos los rincones.

 A lo que va de esta historia, los pro-estímulos acertaron un buen golpe cuando se implementaron fuertes políticas contra cíclicas en el mundo, el TARP, los QE´s, las bajas tasas de interés, las facilidades de mercado, las líneas crediticias internacionales, los Swap de divisas, y un prolongado etcétera. Pero su pequeña victoria fue rápidamente apabullada por los  pro-austeridad, que desde 2010 retomaron el control de las políticas en Europa y Estados Unidos, aplicando “reformas estructurales” en materia laboral, tributaria, administrativa, y hasta un llamado “secuestro fiscal”.

La conclusión del Fondo Monetario a la luz del calor de estas batallas, es que el mundo ha pasado de crecer “a toda velocidad”, a crecer a tres velocidades: por un lado se mantienen las economías emergentes, y por el otro se bifurca un camino entre Estados Unidos y la zona euro, es decir; países en relativa prosperidad, otros en recuperación, y otros con largo camino por recorrer. Pero todos, en un maratón que no se sabe cuándo pare, ni a donde nos lleve. 

La evidencia, no obstante, de poco en poco se ha ido juntando, agolpándose en la vista, y parándose desde la tribuna para testificar. Pero  dado su lenguaje, robusto y complejo, muchos la han entendido a su conveniencia.  Japón por ejemplo, lee en los sucesos del día un estancamiento ferviente para su economía,  no matter how no matter why, y pese a que ha incrementado a niveles supuestos del colapso su ratio deuda/PIB, su tasa de interés de referencia (10 años), se mantiene a niveles inconcebiblemente bajos (0.5%), lo que le ha animado a mantenerse  con una gran política de estímulos. La evidencia para Japón indica con claridad el apoyo a políticas de estímulo.

 Del lado opuesto, los países europeos, que adoptaron (o fueron forzados a adoptar) las políticas de austeridad, como España, o Grecia, no sólo han caído en una recesión profunda, sino que no han terminado de convencer a los mercados, y requieren por consiguiente, de una segunda oleada de austeridad más fuerte y más tupida que la primera que le antecedió.

 

 En lo académico, de su parte en una esquina muy, muy lejana, ronda efectivamente Mr. Paul Krugman, más adeptos. Que piden de hecho, la concentración de un mayor déficit fiscal para salir adelante,  Y detener esta crisis de una vez por todas. “En buena medida”, dice Krugman “tenemos la política monetaria más agresiva que se ha visto en la historia, y de las más criticadas en el mundo, por la gran austeridad que tenemos en la política fiscal”.

Y pese a su carisma, desde 2010, la voz del premio Nobel de Economía se ha difuminado, opacado y otras veces colapsado en los oídos de los que toman decisiones. ¿la Razón?, en el mundo académico se dio a conocer en ese mismo año un trabajo conjunto de  Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, donde se desveló que economías con una deuda superior al 90% del PIB no podían crecer a niveles superiores que aquellas que se mantuviesen con un menor ratio. ¿Por qué?, porque el mercado no estaba dispuesto a financiar dichos niveles de deuda, y por tanto los países enfrentaban un menor dinamismo. Así que en suma, las soluciones que ofrecen en  Growth in a time of debt”, es que las políticas de credibilidad en el mercado, son la única manera de mantener un sano crecimiento.

¿Y en que cree el mercado?, Bueno, eso es demasiado “volátil” últimamente, unos días es eufórico por las políticas de estímulos, otras les tiene miedo, otras está indeciso.

Hasta, hace poco, la única respuesta   a la que se aferraban los pro-estímulos,  era a la lectura inversa del trabajo Reinhart-Rogoss (RR): es el bajo crecimiento de las economías, lo que torna a la deuda explosiva, y no la deuda lo que genera poco crecimiento.

Pero la imposibilidad de replicar el acervó estadístico con el que RR repelían los argumentos, había dado al FMI, la CCE y el BCE, el argumento suficiente para recomendar las políticas de austeridad desde abril de 2010 (fecha en la que ocurría el primer rescate a Grecia).

Pues bien, la historia no terminó en esos años, y para desconsuelo de muchos recientemente Thomas Herdon y Robert Pollin, ambos de la Universidad de Massachusetts, lograron replicar el trabajo estadístico completo de Reinhart y Rogoff. Después de haber solicitado a los autores de las bases de datos con las que trabajaron.

Pero en su trabajo “Does high Public Debt Consistently Stifle Economic Growth? Acritique Reinhart Rogoff, no sólo encontraron la metodología con la que RR trabajaban, sino que además hallaron un error dentro de sus cálculos predichos.

En primera instancia, observaron la exclusión de algunos años para el caso de los países con menor nivel de deuda/PIB que lo estimado como explosivo (90% del PIB). Por segunda instancia, argumentaron un sesgo en los ponderadores usados, especialmente en el caso de Inglaterra. Pero donde hubo más bullicio, fue que, la imposibilidad de haber replicado anteriormente el  trabajo Reinhart-Rogoff, estribó en un error de Excel para hacer un promedio, donde, por error se excluía  a Bélgica, Australia, Canadá y Dinamarca (Véase Cuadro). Países donde el crecimiento había sido solido durante más de 26 años (como el caso de Bélgica), con una deuda superior al 90%. 

Y si bien se mantenía la correlación entre crisis económicas y alto nivel de deuda, el resultado concluyente por tanto de Herdon-Pollin, es que el crecimiento bajo un ratio deuda/PIB mayor al 90%, podía en realidad, exhibir un mejor comportamiento que otros países con deuda pequeña. ¿La razón?, el mercado no sabe lo que quiere.

Esta simple modificación de las cosas, ha tirado desde hace dos semanas, ello pilar bajo el que se ceñían las políticas de austeridad, impulsadas principalmente por el FMI. Y aunque el descubrimiento de dicho error, ha ocurrido, poco después de que se generase el secuestro fiscal en Estados Unidos, la premisa ya está creando estragos en Bruselas. Y ya se planea lanzar el balón de oxígeno (más tiempo), por ejemplo, al gobierno de Mariano Rajoy, país que por si fuera poco lo han pasado por debajo de un tren en el torneo de la Champions.

Y si bien, el Fondo ha rebajado sus expectativas de crecimiento para el mundo, también ha sido evidente en voz de la dirigente Christine Lagarde, que también se ha relajado la postura ferviente en aplicar la austeridad pase lo que pase. ¿La razón?, tampoco las autoridades entienden que hacer.

“No estoy segura de que nadie tenga la respuesta” comentó Lagarde “Creo que desde hace un tiempo se navega en aguas desconocidas, algunos quieren volver al terreno de lo conocido, algunos, claro, quieren redescubrir América”.

Hay otro proverbio que hablando del periodo bélico, concluye de esta manera: “Cuando hay una guerra, no importa quien gane, siempre se pierde”. Pues bien, algo claro nos queda de todo esto. 1) vivimos en una época donde la prestidigitación, vale más que el precio del oro en el 2011, 2) habrá que mantenerse muy activos en estos años para recibir lo que venga y; 3) Lo mejor es nunca correr la base de datos con la que uno pública. Sino pregúntenselo a Reinhart y Rogoff.

 

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