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XIX Congreso Chino: Xi JinPing elevado a la estatura de Mao. ¿Cuál es su pensamiento?

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Terminó el XIX Congreso del Partido Comunista  de China. El gigante amarillo, que despertó bajo la égida comunista de Mao Zedong (1949-1976) y prosperó bajo la ola de reformas económicas de  DengXiaoping (1978-1997), quiere con Xi Jinping iniciar una “nueva era” de mayor influencia y poder internacional con el claro objetivo de colocarse en el epicentro del mundo . Para eso, Xi Jinping ha diseñado un plan de largo plazo que el Congreso respaldó de forma unánime y clamorosa: fue reelegido como secretario general del Partido Comunista chino por otros cinco años; no dejó que asomara ningún posible sucesor a la vista (los siete miembros del Comité Permanente tienen más de sesenta años, superando la edad máxima para poder sucederle) dejando la puerta abierta para permanecer en el poder más allá de 2022, cuando termine su segundo mandato; blindó su liderazgo con un fuerte grupo de aliados que apoyan sus líneas generales; y lo más simbólico, inscribió su nombre y su pensamiento en la Constitución de Partido Comunista chino: se trata de la ideología socialista pergeñada por Xi JinPing y que, adaptada a la idiosincrasia china, guiará las acciones del Partido para dirigir el destino de China en esta “nueva era”.

Por tanto, nunca nadie, desde Mao, había amasado tanto poder en China, ni siquiera Deng Xiaoping. Desde la fundación de la China moderna, sólo el pensamiento de Mao había recibido la alta distinción de ser inscrita en la Carta Magna. La teoría política de Deng Xiaoping también fue incluida en la Constitución del Partido, pero sólo en 1997, después de su muerte.

Ahora bien, ¿qué es lo que promete el “pensamiento de Xi JinPing”? ¿En qué debe trabajar para lograr ese “sueño chino” de un rejuvenecimiento del país en lo económico, lo político, lo social y lo cultural, y colocar al país como el gran líder mundial? 

En primer lugar, debe prolongar el milagro económico de China con tasas de crecimiento formidables. El poder económico, militar y diplomático de China emana de una organización completamente secreta en la que ningún cargo es elegido por elección popular. El gobierno chino es consciente que para legitimarse precisa seguir expandiendo su economía a ritmos vertiginosos.

Pero ya no basta el crecimiento por sí mismo. También han de cuidar los riesgos de una creciente desigualdad social, con una élite que amasa grandes fortunas y una legión de ciudadanos que puede sentirse excluida del auge económico, así como las demandas de mejoras en la calidad de vida de los habitantes, sobre todo en lo que se refiere a las condiciones medioambientales. Por tanto, en la “nueva era”, el gobierno chino hará esfuerzos para fortalecer a la clase media al tiempo que invierte en energías limpias con el fin reducir las emisiones de gases de efecto invernadero sin que ello detone un fuerte impacto negativo en la actividad industrial, la más contaminante, y el desarrollo económico del país. China es el país más contaminante al haber emitido, en el 2015, el 27% del total de las emisiones globales de gas de efecto invernadero. Pekín vive casi todo el año envuelto en un aire asfixiante. Sin embargo, también es desde el 2012 el país que más invierte en energías limpias y, con la retirada de Trump del Acuerdo de París, levantó la mano para asumir el liderazgo en el compromiso por el cambio climático.

No sólo la economía china precisa seguir expandiéndose a tasas explosivas, sino que además debe balancear su modelo de crecimiento para hacerlo sostenible o corre el riesgo de que estalle una colosal burbuja de deuda. Es verdad que China ha logrado eludir el temido “aterrizaje forzoso”.  Su PIB se ha venido desacelerando desde el 2010, cuando se expandió un 10.6%, y desde el 2015 su crecimiento ha sido ligeramente inferior al 7.0%. Sin embargo, ha conseguido detener su senda bajista: en el 2016 la economía aumentó un 6.7% y, según el pronóstico del octubre del FMI, este año se expandirá algo más, un 6.8%, lo que significó una mejora de 0.1 puntos porcentuales (pp) respecto al pronóstico de julio, y de 0.2 pp respecto al de abril. Ahora bien, si China la logrado detener el deterioro en su crecimiento económico ha sido propulsando la actividad a través de un crecimiento brutal del crédito: la deuda total de China, que abarca tanto al sector público como al sector privado (familias y corporaciones) se ha disparado a un 260% del PIB, casi 100 puntos porcentuales más que en el 2008, cuando estalló la crisis financiera global.

Afortunadamente, la recuperación global, liderada por el mayor dinamismo de la actividad estadounidense, está contribuyendo a sostener el crecimiento chino sin acrecentar más los niveles de deuda al tiempo que reduce el exceso de capacidad del sector industrial. Por tanto, la tarea es doble: ya no sólo China debe controlar el crecimiento en cuanto a su cantidad, sino también en lo referente a su calidad, bajo un modelo más sostenible. Al mismo tiempo, el todopoderoso politburó chino es consciente de que, conforme aumenta la prosperidad de su población, más elevados son los anhelos democráticos de sus ciudadanos, una paradoja que trata de solucionar ofreciendo ese rejuvenecimiento social y cultural del país junto con el liderazgo indiscutible de Xi JinPing, de tipo imperial, para evitar un desmoronamiento al estilo de la Unión Soviética justo ahora que pretende culminar su proceso de modernización encumbrándose como el gran protagonista mundial. 

Solucionar los problemas estructurales de China no será fácil para el gobierno. No sólo es la deuda: pese a las promesas de dar un mayor protagonismo a las fuerzas del mercado, la economía sigue siendo dirigida por el Estado, existen fuertes barreras para la entrada de empresas extranjeras en China, y uno de sus quebraderos de cabeza es cómo hacer a las empresas públicas más eficientes. 

Luego vienen sus políticas expansionistas por el mundo a través de la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda (Belt and Road Initiative). Este “proyecto del siglo”, como lo denominó Xi cuando inicialmente lo propuso en el 2013, pretende construir infraestructura para conectar China con Europa, Asia Suroriental y Central, Oriente Medio y África. El objetivo del proyecto es expandir la influencia de China fuera de sus límites, no sólo económica sino también política, y buscar nuevos mercados para sus exportaciones, sobre todo de mayor valor agregado (equipos de telecomunicación o maquinaria) y alentar la actividad de construcción. Los tentáculos de la ruta, por supuesto, también han llegado a Latinoamérica, sobre todo a los países exportadores de materias primas como Brasil, Chile, Perú y Venezuela, donde las inversiones chinas han crecido de manera vertiginosa. 

Junto a esa expansión comercial, Xi continuará modernizando su ejército, sobre todo en lo que se refiere a sus fuerzas aéreas y navales, cruciales para sostener sus reclamos territoriales en el Mar de la China Meridional y Oriental. Mientras  Estados Unidos, bajo el mando de Trump y sus políticas proteccionistas, se mira al ombligo y da la espalda al resto del mundo, China ha buscado en el liderazgo de Xi JinPing y su posible largo reinado dar un nuevo paso hacia una China imperial que pretende ocupar el espacio que su gran rival de occidente está dejando vacío.

INFOGRAFÍA

Para que el régimen comunista chino se sostenga es crucial que el PIB se siga expandiendo a ritmos vertiginosos. Es ahí donde su régimen antidemocrático logra la legitimidad y aceptación, evitando levantamientos sociales. Pese a la desaceleración económica desde 2010, ha logrado detener la senda bajista con tasas de crecimiento ligeramente inferiores al 7.0%... 

Fuente: FMI. En rojo, estimaciones del FMI.

 

… ahora bien, ya no se trata sólo del crecimiento en sí. También se busca que el modelo sea sostenible. Si el PIB ha logrado mantener su pulso desde que estalló la gran crisis financiera en 2008 ha sido gracias a los estímulos derivados de un crecimiento brutal del crédito, sobre todo a corporaciones. La deuda total de China pasó de 160% del PIB a un 260%...

 

Fuente: Bloomberg

 

…además de hacer el modelo sostenible, para lo que se precisa entrar en un proceso de desendeudamiento, los chinos exigen una menor desigualdad social y una mejor calidad de vida, sobre todo en lo referente a las condiciones medioambientales. China es el país más contaminante, pero es también desde el 2012 el país que más invierte en energías verdes… 

Fuente: Bloomberg

 

 

… en lo que se refiere a su expansión comercial y política, Xi JinPing propuso en 2013 la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda, con un gasto de 1.2 billones de dólares en infraestructura (trenes, carreteras, puertos). La principal fuente de financiamiento hasta el 2016 había sido el Banco de Desarrollo China seguido de los bancos estatales comerciales. 

Fuente: Comunicados Empresariales, Oxford Economics y Estimaciones FT

 

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