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“Las tres flechas de Japón”.

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El 4 de abril del año pasado, Haruhiko Kuroda, nuevo mandamás del Banco central de Japón (BoJ), anunció su extenso programa de política monetaria en el que arremetió que incrementaría su base monetaria entre 60 y 70 mil millones de yenes al año, con lo que fijaba una meta inflacionaria del 2% para el cierre de 2015.

Al mismo tiempo, su programa de compras giraba en torno a 50 billones de dólares anuales, que consistía en adquirir del mercado bonos con madurez menor a 3 años. Un  programa de alto calibre, como el implementado por la Reserva Federal de Estados Unidos, pero con el detalle de que Japón es, a grandes rasgos, un tercio de la economía estadounidense, lo que significa que un programa tan extenso, pueda llegar a tener hasta tres veces un mayor impacto.

Fue una señal tajante la que mando Kuroda hace tan sólo 12 meses. “Japón no seguirá siendo el que camine atrás del resto de las economías”.

Desde que en 1990 estalló la burbuja asiática, Japón ha sufrido por grandes terremotos, tsunamis y peligros nucleares, que no han ayudado mucho a que su economía saliese de la así llamada trampa de deflación, la cual se considera una trampa, precisamente porque acota las posibilidades de crear empleo (vía estrechamiento de los márgenes de utilidad), y al mismo tiempo, impide que los precios crezcan, mientras los hogares y empresas se dedican a posponer su inversión y consumo en pro de pagar deudas que crecen, en términos reales, por sí solas.

La cuestión es que a 12 meses de que llegó Kuroda, lo suficientemente certero como para hacerle frente a tan temerario enemigo, hoy, tras su decisión de política monetaria, ha lucido mucho más parco y tenue de lo que nos hubiese gustado.

La decisión de política monetaria fue la de mantener el mismo programa de estímulos, sin mayor letanía, sin mayor cambio.

Los últimos datos de Japón muestran que desde la llegada de Kuroda ha habido un avance en materia inflacionaria, de -0.7% al congruente 1.5% de febrero.

Sin embargo, los datos oportunos de la economía parecen contradecir un poco la solides del proceso de inflación. El Yen en el pasado año se ha depreciado hasta un 3.2%, lo que ha incentivado los costos de importación y facilitado la meta del BoJ de perseguir un alza de precios.

Pero la misma depreciación, ha generado vía precios, un incremento fuerte de las importaciones de la economía, que han reducido el saldo de balanza comercial en menos de un punto porcentual por el momento.

Esto es lo que se conoce como el efecto de la curva “J”, que por inicio de la depreciación, incrementa el déficit comercial. Pero desde donde no es posible saber si las exportaciones tomarán mayor vuelo, porque el último mes la moneda japonesa se ha estado apreciando en cerca de un punto porcentual, lo que complica los factores de crecimiento externo.

Al mismo tiempo, la economía no ha crecido lo suficiente para mantener constante la variación de precios que persigue Kuroda, y los últimos datos de la producción industrial muestran que la actividad general ha comenzado a aligerarse, lo que preocupa para saber que tan sostenible será su proceso de crecimiento económico este año.

 

Al Fondo Monetario Internacional le están surgiendo estas mismas dudas, y en sus proyecciones económicas de 2014 escatimó que el crecimiento de Japón sólo será de 1.4% este año, respecto al 1.7% de la estimación previa, y al tiempo que la tendencia a 2015, es que el crecimiento mengue hasta un 1.0%.

El consenso de Bloomberg, en paralelo, espera que el crecimiento de la economía asiática decrezca en este segundo trimestre del año, y que alcance su techo en las cifras que provengan de 2014-I, en especial porque este mes se aplicó una primera alza de impuestos al consumo  (en más de 17 años), de 5 a 8%, lo que debilitará el consumo interno del país.

La medida tributaria está siendo a costa de que la deuda de Japón (el mayor peligro que causa el convivir con la deflación) sigue siendo extremadamente alta, al cerrar en 2013 con un ratio de 226% lo registrado en el PIB.

Lo que acompleja y debilita los estímulos de los Abeconomics en dos de sus primeros disparos, la política fiscal, y la política monetaria.

Por un lado, la alta política fiscal está llevando a un endeudamiento insostenible del sector público, que es demasiado grande para seguir avanzando entre las estrechas paredes que le deja la recesión económica y el sesgo (ahora) deflacionista.

En este sentido, aunque tanto  Kuroda, como Shinzo Abe, el primer ministro de Japón, han implementado una estrategia de fuertes estímulos fiscales, la economía no ha respondido en el mismo sentido, y ha comenzado una necesaria consolidación fiscal, que incluso apunta a otro incremento de impuestos hasta la tasa de 10% este año.

Los estímulos iniciados desde 2012, consisten en lo que se conocen como “las tres flechas de Japón”. La primera de ellas consistía en la expansión fiscal, la cual, tendrá que jugarse con mayor moderación este año.

La segunda flecha estaba en la cancha de Kuroda, y consistía en implementar mayores estímulos, algo que se ha comenzado a  rumorar mucho en el mercado y que le hizo montar en rallys de 4% al Nikkei la semana pasada.

Sin embargo, Kuroda a listado que no considera pertinente seguir lanzando flechas en esta dirección, porque su efecto está siendo marginal, en comparación a los grandes esfuerzos monetarios que Japón hace.

Esto, no obstante, no ha hecho más que postergar la posible intervención del BoJ en razón de que la economía empezará a contraerse y los precios podrían volver a declinar, algo que obligaría a reaccionar a la política monetaria mientras la política fiscal trata de ajustarse.

Pese a ello, el Banco central de Japón, ha sido optimista con los pronósticos que mantiene, y al igual que Mario Draghi, dentro de la eurozona, esta confiando en esa inercia subyacente de los factores económicos. Faltará ver que todo el engrane gire a como está pensado que ocurrirá.

Pero esta confianza, no va respaldada del todo con los datos duros, y está caminando más por la proyección de ideas que se tiene en la mesa de los bancos centrales, que además, caminan cuidadosamente desde que Janet Yellen ha sido tajante con  mantener más tiempo sus propios estímulos en Estados Unidos.

En consecuencia, a Japón le queda una sola flecha de que tirar por ahora, y está acorde con el diagnostico del Fondo Monetario Internacional. “Japón tiene que apurar sus Reformas Estructurales”, lo que se entiende como flexibilizar la regulación económica que sostiene actualmente dicha economía.

La así llamada “tercera flecha” parece que ya está por lanzarse, el lunes, Tokyo acordó con Australia uno de los acuerdos comerciales más “limpios” en la historia de Japón, y parece que podría haber nuevas negociaciones en el acuerdo de Trans-pacífico.

Para ello, Shinzo tendrá que permitir que el mercado fluya con mayor camino, y deje de proteger sectores privilegiados, como son la agricultura nipona, o los vehículos japoneses.

Pero las reforma a perseguir, será nada más y nada menos, que la de la política fiscal, porque el grueso de la deuda pública debe empezar a mejorarse, de ahí que allá altas probabilidades por observar un nuevo auemnto de impuestos.

Ahora, el problema de esta flecha, es que la punta tiene un giro de cruz, que golpea inversamente. Las reformas podrán ayudar a Japón, pero la consolidación fiscal, podría significar golpear la insipiente recuperación económica, y el poco nivel de los precios de mediano plazo (toda vez que la reforma pueda impactar los precios en el corto plazo).

Por consiguiente, al momento de lanzar la tercera flecha, Japón tendrá que convertir su segunda llave (la política monetaria), no tanto en un ataque, como en un escudo de su economía, sino quiere que el proceso de crecimiento se entorpezca.

La coordinación fiscal y monetaria, por tanto, no será fácil para esta economía este año, y aún no se cuentan con los mecanismos apropiados para poder guiar la toma de decisiones, lo que pone en aprietos los posibles resultados que vayan a darse.

Sin embargo, es claro que la confianza de Kuroda en sus estimaciones tendrá que revisarse este año, y que en especial, podrán venir nuevos estímulos monetarios, mientras Abe, de su lado, avance en el proceso de ajuste de la política fiscal.

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