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PIB de México: ¿Por qué se frenó el crecimiento en el tercer trimestre?

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Éste es el texto íntegro de nuestra última colaboración en Excélsior, el cual  también puede leer en el cuadernillo de Dinero de la edición impresa de dicho diario, en nuestra sección de Economía a Detalle.  

La semana pasada se publicó el México el PIB oportuno para el tercer trimestre. Tendremos que esperar hasta el 24 de noviembre para conocer las cifras definitivas, pero ese reporte preliminar sirvió para extraer dos conclusiones cruciales: uno, la economía mexicana, en efecto, perdió dinamismo en el tercer trimestre ante la reciente desaceleración del sector servicios y el prolongado estancamiento de la actividad industrial; y dos, el cambio de base del año 2008 al 2013 que se anunció ese mismo día en la elaboración de las cifras del PIB significó que en conjunto, al sexenio de Enrique Peña Nieto, le están yendo en términos de crecimiento mucho mejor de lo que cabía esperar.

En el tercer trimestre de 2017 la economía se expandió, en su serie original, a una tasa anual de 1.6%, en línea con el consenso del mercado. Ese ritmo de crecimiento supone una sustancial desaceleración respecto a la tasa de 1.9% del segundo trimestre y, sobre todo, respecto al 3.2% del primero, cuando la tasa del PIB se vio favorecida por el calendario de la Semana Santa. De hecho, no se había observado una expansión tan lenta de la economía mexicana desde el último trimestre de 2013, cuando el PIB aumentó un 1.2%. El débil comportamiento de la economía en el tercer trimestre también queda delatado si se observa la serie ajustada por estacionalidad: según este criterio, el PIB se contrajo un 0.2%, peor que la lectura de -0.1% que estimaban los analistas, tras expandirse a una tasa de 0.6% durante el primero y el segundo trimestre. Bajo esta medición, es la primera vez que se reduce la actividad económica en México desde el segundo trimestre de 2013 (-0.7%).

Que el crecimiento económico en México perdiera impulso en el tercer trimestre se debe tanto a factores fundamentales como coyunturales. En lo fundamental, la actividad económica empieza a resentir los shocks negativos derivados del alza de tasas de interés, el aumento de la inflación asociada a la depreciación del peso y el “gasolinazo” de inicio de año, las políticas de austeridad fiscal del gobierno mexicano con el fin de restablecer la disciplina fiscal y contener el crecimiento de la deuda, y la incertidumbre económica relacionada tanto con el resultado de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLCAN) como con las elecciones presidenciales de 2018. En efecto, desde que empezó el ciclo de restricción monetaria en diciembre de 2015, Banco de México ha incrementado la tasa de referencia de 3.0% a 7.0%, lo que ha encarecido el precio del dinero y ha frenado la expansión del crédito. Por otro lado, la inflación, sólo en lo que llevamos de año, ha pasado de 3.36% en diciembre de 2016 a 6.35% en el último dato de septiembre, lo que ha reducido el poder de compra de los mexicanos. El resultado es que el gasto de consumo, que se había convertido en el motor de crecimiento en los últimos trimestres, se ha empezado a resentir ante unas condiciones financieras y económicas más adversas.

Pero a eso hay que sumar, en lo coyuntural, el asedio al que se vio sometido México en septiembre por los desastres naturales, con dos sismos devastadores y dos huracanes, Harvey y Katia, que torpedearon a la actividad económica: no sólo el consumidor se retrajo, más allá de las compras masivas de bienes de primera necesidad para ayudar a los damnificados, sino que varias plataformas petroleras tuvieron que evacuarse ante las tormentas del Golfo de México.  

Como resultado del impacto del alza de tasas y el repunte de la inflación, los ingresos de los comercios al por menor apenas se han incrementado a una tasa promedio anual de 2.6% entre enero y agosto de este año, por debajo del aumento de 8.3% en el mismo período de 2016, situación que se pudo ver exacerbada en septiembre con los desastres naturales. De este modo, el sector terciario, el de servicios, donde se concentra la actividad del consumo privado y el cual representa en torno a un 62% de la economía mexicana, se desaceleró en el tercer trimestre a una tasa anual de 2.4%, tras crecer a una tasa de 3.1% en el segundo y 4.2% en el primero. En términos desestacionalizados, y respecto al trimestre inmediatamente anterior, el sector terciario se redujo un 0.1%, la primera caída desde el 2013.  Entre enero y septiembre, el sector ha crecido un 3.3% comparado con una tasa de 3.9% en todo el 2016.

A la pérdida de dinamismo del sector servicios hay que añadir el parón total de la actividad industrial. Esto no es nuevo: en el 2016, el sector secundario, que representa en torno a un 30% de la economía mexicana, prácticamente se mantuvo estacando, con un mero crecimiento de 0.4%. Pues bien, entre enero y septiembre de este año, la actividad industrial se ha deteriorado algo más y se reducido un 0.5%. Sólo en el tercer trimestre, el sector secundario, en su serie original, se contrajo a una tasa anual de 0.5% tras caer un 1.4% en el segundo trimestre.  La manufactura, el rubro más importante al representar algo más del 50% de todo el sector industrial, ha recobrado dinamismo ante el renovado auge de la actividad fabril en Estados Unidos con la llegada de Trump. Pero el resto de rubros del sector (minería, construcción y servicios básicos) se encuentra en recesión. Entre julio y agosto, la manufactura se incrementó un 3.5%, una notable mejoría respecto a la tasa de 2.1% de todo el segundo trimestre. Pero la minería, que lleva trece trimestres consecutivos de caída en la actividad en su peor crisis de la historia reciente, aceleró su caída a 8.6% entre julio y agosto, comparado con 8.2% en el segundo trimestre. Además, septiembre afectó seriamente a la actividad petrolera por el paso de los huracanes: en ese mes, la producción de crudo apenas fue de 1.73 millones de barriles al día, el peor mes desde 1980. La construcción también está atravesando apuros. Los recortes en los planes de infraestructura ha afectado a la obra civil, con una racha de seis trimestres consecutivos de caídas. Por otro lado, la edificación, ante el mayor costo de los créditos hipotecarios, lleva dos trimestres de retrocesos. En consecuencia, el rubro de construcción, que se redujo un 3.7% en el segundo trimestre, acumula una caída de 2.1% entre julio y agosto, si bien es de esperar que la actividad se dinamice a final de año y principios de 2018 derivado de las labores de reconstrucción. El rubro de servicios básicos también está en terreno negativo: tras caer un 0.7% en el segundo trimestre, disminuyó un 1.6% entre julio y agosto.

Finalmente, el sector primario, el agrícola, con un peso de apenas el 3.0% en la economía mexicana, se expandió a una tasa anual de 0.9% en su serie original. También aquí el ritmo de crecimiento significó una desaceleración respecto al 1.4% del segundo trimestre y el 4.3% del primero.

Por tanto, no fue el tercer trimestre bueno para la actividad económica. Si bien el efecto de las catástrofes es temporal y se verá revertido por los esfuerzos de reconstrucción, el deterioro de las condiciones económicas para el consumo y la inversión aunado a la incertidumbre del TLCAN y las elecciones presidenciales seguirán pesando en el ritmo de actividad. Eso no son buenas noticias para el gobierno de Enrique Peña Nieto. Lo bueno es que el cambio de base de 2008 a 2013 permitirá al gobierno presumir mejores cifras de crecimiento para su sexenio: el promedio de crecimiento entre 2013 y 2016 ha pasado de 2.1% a 2.6%. El 2015 fue su mejor año: el PIB se revisó de 2.6% a 3.3%.

INFOGRAFÍA

En el tercer trimestre, el crecimiento económico de México perdió ímpetu. A tasa anual, y en su serie original, apenas creció un 1.6%, la más lenta desde finales de 2013. Al estancamiento del sector secundario se sumó ahora la desaceleración del sector terciario. En su serie desestacionalizada, el PIB se contrajo un 0.2%, la primera caída en el PIB desde el segundo trimestre de 2013…

Fuente: Inegi

… la desaceleración de la economía se explica en buena medida por unas condiciones macroeconómicas más adversas. El aumento de la inflación a lo largo del año, asociado a la depreciación del peso y el “gasolinazo”, y el consiguiente aumento de las tasas de interés para contener la evolución alcista de los precios, que han llevado las tasas de referencia de 3% a 7% en el actual ciclo, ha entorpecido el crecimiento…

Fuente: Inegi

… pero además, los desastres naturales han tenido un impacto negativo sobre el ritmo de crecimiento: las catástrofes ahuyentaron a los consumidores de los establecimientos salvo para adquirir bienes esenciales para los daminificados; los huracanes, por otro lado, cerró plataformas petroleras en el Golfo de México. En septiembre, la producción de crudo fue de 1.73 millones, la más baja desde el año de 1980…

 

Fuente: Pemex

… junto con el reporte oportuno del PIB hubo un cambio en la base de cálculo de las cuentas nacinales, de 2008 a 2013. Eso ha favorecido a las tasas de crecimiento durante el sexenio de Peña Nieto: en promedio, entre el 2013 y el 2016, la expansión se ha revisado de 2.1% a 2.6%. En el 2015, el crecimiento se revisó de 2.6% a 3.3%, el año que será el más poderoso del sexenio de Peña Nieto.

 

Fuente: Inegi

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