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La bendición (o catástrofe) de los Bonos Catástrofe

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Éste es el texto íntegro de nuestra última colaboración en Excélsior, la cual también puede leer en las página de Dinero de la edición impresa de dicho diario, en la sección de Economía a Detalle,  o en el siguiente link de Dinero en Imagen

Lo más cierto de este mundo es que el mundo es incierto. Todo ser vivo trata de regular su incertidumbre y ninguno lo hace con tanta sofisticación como el hombre. Dentro de esa incertidumbre ambiental, uno de los más imprevisibles y devastadores son los desastres naturales, lo que los estadounidenses, tan puritanos, llaman dentro del mundo de los seguros “Act of God” o “Acto de Dios”, esos acontecimientos ocasionados por la naturaleza, como huracanes y terremotos, y no por el hombre (al menos no directamente), y que son muy difíciles de prever.

Para regular esa incertidumbre, el hombre ha desarrollado dos facultades: la capacidad de anticipación y la acción. Para anticiparse, el hombre pude mejorar las infraestructuras para resistir mejor los embates de esos “Actos de Dios”. Pero sobre todo recurrir a la ciencia con el objeto de suavizar los estragos de los accidentes naturales: en este ramo, la ciencia es aún limitada, pero se han producido sustanciales avances en las últimas décadas.

Para anticiparse a los huracanes, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA por sus siglas en inglés) o la Universidad de Colorado nos advierte, cada año, del número de tormentas tropicales y huracanes que pueden amenazar la costa del Atlántico y del Pacífico. Para este año, nos habían advertido que la estación de huracanes en la costa del Atlántico sería por encima del promedio debido a las condiciones atmosféricas, los vientos en los trópicos y las elevadas temperaturas de la superficie del mar. Y cuando uno se forma, nos describe la trayectoria esperada y fuerza con la que puede entrar. Como consecuencia de ese poder de anticipación, Florida pidió la evacuación de casi 7 millones de habitantes y Georgia de alrededor de 540,000. La ciencia aquí funciona como un sistema inmunológico: nos permite al menos estar vivos.  

En el caso de los terremotos, la ciencia es aún más limitada y la capacidad de anticipación aún menor. No se sabe cuándo se va a producir un terremoto, ni dónde, ni a qué profundidad.  la alarma sísmica nos advierte que se ha producido ondas sísmicas y, en el caso de la Ciudad de México, los ciudadanos dispusieron de casi un minuto y medio para evacuar sus viviendas o ponerse en el mejor resguardo posible. Pero poco pudieron hacer los pobladores de Chiapas, Oaxaca o Tabasco, más cercanos al epicentro.

Pero después de anticiparse al desastre natural, viene la acción: las tareas de auxilio a damnificados y las labores de reconstrucción. Y para eso hacen falta muchos recursos del gobierno, lo que supone un riesgo fiscal: con el fin de paliar las consecuencias del desastre natural, se pueden desviar fondos destinados a otros proyectos importantes que obstaculicen el desarrollo del país en el mediano plazo.  Financieramente, esa incertidumbre se puede cubrir de varias formas: se puede hacer un “guardadito” y presupuestar fondos anualmente con ese propósito; o se puede mejorar la cobertura del fondo a través de instrumentos financieros. Uno de ellos es el llamado “bono catastrófico”.

Estos bonos son de alto rendimiento y se empezaron a colocar a mediados de los noventa, tras el paso del huracán Andrew por Florida. Sus emisores suelen ser las compañías de seguros, y lo utilizan como una forma de cubrir los pagos ante un posible desastre: con este bono, las compañías de seguros trasladan parte de los riesgos que asumen por las catástrofes naturales a aquellos inversionistas dispuestos a tomarlo. Para las compañías de seguros representa una alternativa más barata que las reaseguradoras para diversificar los riesgos de desastre natural; para los inversionistas, un instrumento que les ofrece un mayor rendimiento que la renta fija tradicional y que además los aísla de los altibajos de la bolsa y de la economía.

Lo que se realiza en los contratos de esos bonos es pautar la catástrofe: establecer su localización y unos parámetros específicos sobre su magnitud y daños. Si el desastre excede las pautas, el emisor puede eximirse del pago de la obligación: el bono entrará en “default” y no pagará parte del principal o incluso todo el principal. El emisor se quedará con esos recursos para cubrir los daños. Así pasó con el huracán Katrina y con el terremoto japonés que provocó el desastre de Fukushima

México fue pionero en ese mercado: fue el primer país soberano en emitir un bono catastrófico, en el año 2006. Tres años después, en el 2009, amplió la cobertura del bono a múltiples amenazas y áreas geográficas haciendo uso del programa MultiCat del Banco Mundial, cubriéndolo así de riesgos de huracanes y terremotos. Pues bien, el pasado 4 de agosto México renovó el mayor bono catástrofe de la historia, una emisión de 360 millones de dólares (mdd) con una estructura triple: terremotos, tormentas tropicales en el Atlántico y tormentas tropicales en el Pacífico. A cambio, México pagaba cupones de entre 4.12% y 8.92% sobre la tasa Libor de seis meses. En caso de que el epicentro del terremoto, de magnitud 8.2, caiga dentro del polígono cubierto en el contrato, México podría eximirse de pagar 150 mdd de principal del bono.

Pero esos bonos catástrofe, en el que los inversionistas apuestan en contra de ellas, pueden sufrir otra fuerte merma de Irma, tras el impacto de Harvey y el terremoto de México. La semana pasada, el Swiss Re Cat Bond Index, un índice que sigue el rendimiento de todos los bonos catástrofe en circulación denominados en dólares, se desplomó un 15.8% durante la semana pasada. Eso supone una derrumbe récord desde al menos 2002 ante el temor de que buena parte del capital de los inversionistas puede ser aniquilado: la anterior caída más pronunciada se había producido en  el 2004 con el paso del huracán Iván, cuando el índice perdió un 3.3% semanal.

El mercado de los bonos catástrofe se estima en 90,000 mdd, pero el mayor porcentaje está ligado a desastres naturales en Florida. Sus compradores, en esencia fondos de inversión libre (hedge funds), fondos de pensiones y otros inversionistas institucionales, le han sacado muy buen rendimiento en los últimos años: desde al menos 2003, siempre han registrado rendimientos positivos.

Por supuesto, también ha sufrido mucho el sector de aseguradoras y reaseguradoras, que se ha hundido un 13% desde el primero de agosto, cuando se empezó a constatar que la temporada de huracanes en el Atlántico sería especialmente dura. De entre todas, muy mal le fue a Universal Insurance Holdings (-24.7%), la aseguradora de mayor exposición en Florida, así como a Maiden Holdings (-36.9%). RenaissanceRe ha bajado un 12.2%. También ha caído en picado el sector de aerolíneas (-9.1%) con United Continental (-13.7%) y American Airlines (-13.4%) a la cabeza.  El sector de banca (-6.5%) también se ha visto afectada, no sólo por su exposición a los negocios de seguros sino también por el declive de las tasas de largo plazo, que la semana pasada descendieron a su nivel más bajo desde justo después de la victoria de Donald Trump en noviembre del año pasado. El rubro de energía ha retrocedido un 3.8% y el de cruceros un 1.4% desde el primero de agosto: Royal Caribbean Cruises se ha hundido un 5.6% y Carnival otro 5.6%. 

Algunos fondos han llamado a la calma: Irma ha perdido fuerza y su trayectoria será menos dañina que lo originalmente previsto. Pero en medio de la desolación, cuando todo pase, algunos sentirán alivio al ver que tienen sus arcas llenas y otros verán cómo para su desgracia se ha dilapidado su capital.

INFOGRAFÍA

Los bonos catástrofe han sido hasta ahora una extraordinaria inversión. Desde el 2003, todos los años han arrojado rendimientos positivos según el índice Swiss Re Cat Bond, un índice que mide el rendimiento de todos los bonos catástrofe en circulación denominados en dólares. Su rendimiento está ligado a las catástrofes y no a los eventos del mercado, por lo que hasta en la Gran Recesión dieron dinero…

Fuente: Bloomberg

… pero este año, la situación puede cambiar. Entre el paso de los huracanes Harvey e Irma y el terremoto de México, muchos inversionistas que apostaron en contra de las catástrofes pueden ver como se les aniquila parte o todo el principal. En la última semana, el índice  se desplomó un 15.8%, su peor derrumbe de la historia, muy superior al anterior récord de -3.3% en 2004, con el paso de Iván…

Fuente: Bloomberg

… además, también han sufrido los sectores más vinculados a los desastres naturales: el sector de aseguradoras y reaseguradoras, desde el primero de agosto que se aventuró que la temporada de huracanes sería difícil, se ha hundido un 13%, en tanto las aerolíneas, acosadas por las cancelaciones de vuelos, han bajado un 9.1%. El sector de cruceros ha retrocedido un 1.4%... 

Fuente: Bloomberg

… todavía se desconocer cuáles han sido las pérdidas para las aseguradoras del huracán Harvey y mucho menos se conocen aún las de Irma. Para Harvey se estiman entre 70,000 y 90,000 mdd, por lo que podría superar las pérdidas ocasionadas por Katrina (80,700 mdd), hasta ahora el evento más costoso de la historia, por encima del terremoto de Japón y Fukushima (37,300 mdd).

Fuente Bloomberg. A Dólares de 2016

 

 

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