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Reunión de Banxico: Si Trump ya no espanta, ¿en cuánto subir las tasas?

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Éste es el artículo íntegro de la última colaboración de llamadinero.com en Excélsior, el cual puede leer también en las páginas de Dinero de la edición impresa, en la sección de Economía a Detalle

El propio gobernador de Banco de México (Banxico), Agustín Carstens, lo dijo en este periódico: si Trump ya no es una película de terror, si el peso ya no nos aterroriza, ¿para qué seguir espantando el crecimiento económico con tasas mucho más altas? ¿Será que ahora sí bastará con un alza de 25 puntos base (pbs)?.

La respuesta la tendremos el jueves 30 de marzo, a las 13:00, cuando Banxico anuncie su comunicado de política monetaria. Pero desde luego la decisión no será lo dramática de otras ocasiones, cuando su veredicto estaba envuelto por la presión de una divisa, el peso mexicano, en serios apuros. Ahora la situación se ha revertido: por lo que esta reunión se celebrará desde una posición más cómoda, sin la urgencia de tener que frenar la caída del peso como sea para amortiguar su impacto inflacionario.

El viernes pasado el peso cerró en los 18.76 pesos por dólar, su mejor nivel desde el fatídico 8 de noviembre, cuando se supo que inesperadamente Donald Trump sería el próximo presidente de Estados Unidos. Desde ese día entró en una severa senda de depreciación que lo condujo al nivel más débil de su historia el 19 de enero, en la víspera de la toma de posesión de Trump: los 21.96 pesos. Pero hoy, el peso ha borrado prácticamente toda esa debacle. Desde ese 19 de enero, el peso se ha fortalecido un 17%, superando en mucho al resto de monedas del mundo. Ahora sólo le falta apreciarse algo más de un 2.0% adicional para reconquistar los 18.32 pesos de antes de las elecciones.

A esa recuperación del peso mexicano han contribuido varios factores. Primero, que Trump, desde hace tiempo, ya no hable de poner un arancel de 20% sobre las importaciones mexicanas ni tampoco haya sacado la cantinela de que para pagar el muro gravará los envíos de dinero que los inmigrantes mandan a sus familias mexicanas. Segundo, que hasta a los propios funcionarios estadounidenses les aterrorizaba el varapalo que estaban infligiendo al peso. A ese paso, no habría arancel estadounidense que pudiera contrarrestar las ganancias de competitividad cambiaria que se estaban produciendo. Con ese fin, su secretario de Comercio, Wilbur Ross, se encargó de dar algún empujoncito a la divisa mexicana afirmando que el peso se apreciaría “un montón” si se hacía una revisión sensata al Tratado de Libre Comercio. Tercero, que también los funcionarios mexicanos se hayan mostrado confiados en la tendencia de apreciación del peso. A la cabeza de todos ha estado el gobernador de Banxico, Agustín Carstens, quien en varias ocasiones ha afirmado que el derrumbe del peso no era más que una “sobrerreacción”, y en la Convención Bancaria se atrevió a pronosticar que todavía había espacio para una ganancia de 10% adicional del peso; cuarto, la propia debilidad de Trump, evidenciada en su derrota con el “Obamacare”, lo que pone en entredicho su capacidad para sacar su agenda: ahora que se ha visto que la fuerza se le va por la boca, sus amenazas sobre México serán menos creíbles; y quinto, y quizás el más importante, que tampoco México es que haya estado de brazos cruzados. El anuncio de subastas de coberturas cambiarias contribuyó a mitigar la ansiedad de los agentes económicos. Pero sobre todo, las sistemáticas subidas de tasas de Banxico han sido cruciales para volver a hechizar los capitales hacia México. No sólo porque Banxico ha sido uno de los bancos centrales más agresivos subiendo las tasas de interés, sino porque además en otros países han iniciado un ciclo de relajamiento monetario. Es el caso de Brasil, Chile, Colombia en Latinoamérica, o más recientemente, el de Rusia.

En efecto, entre los esfuerzos de consolidación fiscal, el abaratamiento del peso y el aumento del diferencial entre las tasas mexicanas y las estadounidenses, la deuda mexicana volvió a lucir muy tentadora para los inversionistas extranjeros, y los dólares, que habían escaseado en tiempos recientes, volvieron a entrar en tropel. De este modo, la tenencia de deuda de gobierno por residentes extranjeros alcanzó a principios de marzo un nuevo récord histórico: 2.21 billones de pesos. Ese monto supone un aumento del 18% respecto a sus mínimos del año pasado.

Por tanto, el peso ya no es ahora el dolor de cabeza que era hace unos meses: la situación se ha estabilizado, y aplacado los temores de que se produzcan dislocaciones en el mercado financiero local, es hora de voltear la vista hacia la inflación y la actividad económica.

La inflación, es verdad, sigue presionada. En la primera quincena de marzo, la tasa anual de la inflación general se aceleró a 5.29% comparado con 5.02% en la segunda quincena de febrero. El dato vino prácticamente en línea con lo esperado. Ahora bien, la inflación subyacente, que es donde se concentran los efectos de “segunda ronda” da indicios de estabilizarse, en tanto esta vez las presiones provinieron, sobre todo, de la inflación no subyacente, de su componente de “frutas y verduras”. De este modo, la tasa anual de la inflación subyacente se ubicó en 4.32%, casi sin cambios respecto a la segunda quincena de febrero (4.31%). Por el contrario, la no subyacente se aceleró a 8.24% comparado con 7.17% en la quincena previa. Eso parece haber generado cierta confianza en Banxico de que la situación se va normalizando: el gasolinazo ya fue absorbido; los precios de las mercancías siguen presionados, pero la reciente revaluación del peso contribuirá a contener su tendencia; y las alzas se concentran ahora en el volátil componente de “frutas y verduras”, algo que tarde o temprano se revertirá. En consecuencia, Carstens parece cada vez más convencido de que la desviación de la inflación por encima del objetivo de Banxico será temporal y que regresará hacia el 3% para finales de 2018. De ser así, intentar contener el alza de los precios con nuevos aumentos de tasas empieza a resultar menos perentorio e incluso contraproducente.

Sobre todo porque las presiones de demanda se están también desvaneciendo. El consumidor mexicano es probablemente el que más se ha retraído con la llegada de Trump. Lo anticipaba el índice de confianza del consumidor y se corroboró con las ventas minoristas de enero publicadas el pasado viernes. Diciembre y enero resultaron horribles: en diciembre, sobre la serie ajustada por estacionalidad, los ingresos de los comercios minoristas  se hundieron un 1.5%, y en enero un 1.1% adicional. En dos meses, la caída fue de 2.6%. En la serie original, la desaceleración de la tasa anual también fue muy abrupta. Pasó de 11.2% en noviembre, a 9.0% en diciembre y 4.9% en enero.

Por otro lado, la industria sigue completamente estancada: aunque la manufactura parece haber ganado algo de ímpetu, se vio contrarrestado por la debilidad del resto de sectores. Hoy se publica el IGAE para el mes de enero. Será el indicador más completo para saber cómo inició la economía mexicana el año 2017.  El consenso espera un crecimiento anual de 1.9%, pero el riesgo es que venga por debajo de lo previsto.

Por tanto, el peso se ha revaluado con fuerza, los capitales están regresando a México, la inflación da señales de estabilizarse, el crecimiento económico cada vez se ve más débil, sobre todo el gasto de consumo, y la Fed no ha indicado que vaya a acelerar el ritmo de subida de tasas. Con la atmósfera más sosegada, quizás ahora sí sea el momento de que Banxico modere el ritmo de subidas y anuncie sólo una dosis de 25 pbs en vez de los tradicionales 50 pbs para dejar la tasa de referencia en 6.5%.

INFOGRAFÍA

El peso mexicano, el gran dolor de cabeza para Banxico, ha proseguido su tendencia de recuperación. El viernes acabó en 18.76 pesos y está a algo más de un 2.0% de recuperar su nivel del día de las elecciones. Desde que Trump llegó a la Casa Blanca, cuando rozó los 22 pesos por dólar, se ha apreciado un 17% y ha sido con mucho la divisa más poderosa del mundo…

Fuente: Bloomberg

… varios factores explican la recuperación del peso: la mejora de las relaciones con EU, la debilidad de Trump, la incomodidad del propio gobierno de EU con un peso tan débil, y sobre todo la acción de Banxico: tanto la subasta de coberturas cambiarias como la sistemática subida de tasas en dosis de 50 pbs ha seducido a los inversionistas extranjeros, que han regresado con brío a comprar deuda mexicana…

 

Fuente: Banxico

… la apreciación del peso contribuirá a contener la tendencia al alza de los precios de las mercancías, el rubro más expuesto a los movimientos del peso. Además el alza de los precios de las gasolinas ya se ha absorbido. Ante eso, la inflación subyacente da señales de estabilizarse, por lo que Banxico cada vez parece más confiada en que la desviación de la inflación respecto a la meta será temporal… 

 

 Fuente: Inegi

…finalmente, Banxico debe cuidar a la actividad real. Entre Trump, el gasolinazo y las subidas de tasas, la confianza de los consumidores se ha deteriorado y se ha reflejado en una abrupta desaceleración de las ventas minoristas, principal sostén de la economía. A ver si ahora sí Banxico se decanta por fin por aumentos más moderados y en vez de subir 50 pbs anuncia uno de 25 pbs.

 

 

Fuente: Inegi

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