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Sube inflación a 4.72% en enero por "gasolinazo". La subyacente refleja que sí hubo "efecto contagio"

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La inflación de la segunda quincena de enero mostró que tras el fuerte impacto que recibieron los precios en México tras el “gasolinazo”,  lo  cual afectó directamente al componente de energéticos durante la primera quincena, se han dejado  sentir algunos impactos de segundo orden en otros rubros durante la segunda quincena, y que se vio reflejado en la inflación subyacente. Esto sin olvidar,  claro, el  progable impacto negativo ocasionado también por la depreciación del peso. 

Así, la inflación general quincenal, que se incrementó un 1.51% durante la primera quincena, apenas lo hizo un 0.24% durante la segunda. El  dato vino bastante en línea con lo pronosticado (+0.23%). De este modo, la inflación general en todo el mes aumentó un 1.7%.  Para ponerlo en contexto, durante el año pasado, la inflación aumentó un 3.36%.

Sin embargo, la inflación subyacente, excluyendo alimentos frescos y energía, aumentó más de lo previsto. Durante la segunda quincena, la inflación subyacente se incrementó un 0.37%, el mismo ritmo observado durante la primera quincena y sustancialmente por encima de lo previsto (+0.26%). En consecuencia, durante todo el mes, la inflación subyacente se incrementó un 0.58%, por encima de la tasa de 0.53% que esperaban los analistas.

Eso significa que también durante la segunda quincena hubo presiones notorias en la inflación subyacente. Y eso sucedió tanto en el subcomponente de mercancías como en el de servicios. Así, en las mercancías, la inflación en la segunda quincena fue bastante elevada, de 0.45%, comparado con 0.58% en la primera. La inflación mensual de las mercancías fue de 0.93%. En el caso de los servicios, la inflación incluso se aceleró: en la segunda quincena fue de 0.3% comparado con 0.19% en la primera. La inflación mensual de los servicios fue de 0.28%. En consecuencia, la filtración del aumento de las gasolinas a otros rubros de la inflación sí se dejó notar durante la segunda quincena, así como la depreciación del peso hasta el mínimo que alcanzó el pasado 19 de enero.  

Por el contrario, la inflación no subyacente se comportó mejor de lo esperado. Este rubro, que en la primera quincena se incrementó un 5.03%, vio cómo se registraba una reducción en los precios de 0.14% durante la segunda quincena. Los precios de los agropecuarios, en la segunda quincena, bajaron un 0.61%. Esa caída contrarrestó el aumento de 0.13% en el componente de energéticos (este rubro, en la primera quincena,  se disparó un 8.88% por el efecto de los “gasolinazos”, pero ya está plenamente incorporado). Fue ese  mejor comportamiento de la inflación no subyacente la que permitió compensar el aumento de la subyacente y que la inflación general viniera bastante en línea con lo previsto.  

Con esas cifras, la tasa anual sufrió un aumento brutal: la inflación general ya está en 4.72%,  rompiendo el techo de Banxico  de 4.0%, y en contraste con una tasa de 3.36% en diciembre. La inflación general vino en línea con lo esperado (4.71%). Distinto es el caso de la subyacente: se aceleró a 3.84% comparado con 3.44% en diciembre, y se acerca al techo de 4.0%.  El  consenso estimaba un número de 3.78%.

Dentro de la subyacente, preocupa la tendencia del componente de mercancías, el más expuesto a la depreciación del peso y al “gasolinazo”; la tasa anual ya es de 4.75% comparado con 4.05% en diciembre.

Finalmente, la tasa anual de la inflación no subyacente, donde se recoge sobre todo el impacto del “gasolinazo” se disparó a 7.40% comparado con 3.13% en diciembre. La causa: el componente de energéticos, donde la tasa anual fue de 11.8% comparado con 2.49% un mes antes. Por el contrario, la tasa anual del subcomponente de agropecuarios apenas fue de 0.53%.

 

En conclusión: la inflación general durante la segunda quincena de enero se comportó en línea con lo esperado. Sin embargo, no así sus componentes: la inflación subyacente, que es el componente que recoge los efectos de segunda ronda del “gasolinazo” y el  impacto de la depreciación del peso, subió más de lo esperado, lo que sí denota cierto efecto contagio. Mas ese alza más pronunciado de lo esperado en la inflación subyacente se vio contrarrestado por un mejor comportamiento del volátil componente  “no subyacente”. 

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