Domingo, Agosto 25, 2019
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El peso mexicano se carcajea del presidente Trump, al menos de momento. ¿Por qué?

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El peso mexicano, sí, lloró como una Magdalena con Trump como presidente electo. Pero desde que llegó a la Casa Blanca y juró como el presidente número 45 el pasado viernes, no ha parado de carcajearse de él, sus fanfarronadas tuiteras, su testa anaranjada y su cerebro de calabaza.

Mientras el presidente mexicano y sus altos funcionarios, sobre todo los que han acudido a Washington, muestran rostros desencajados y tensos, propio de los rifirrafes que acontecen con sus pares estadounidenses, el peso mexicano (al menos de momento) se carcajea de todo. Y hoy, pese a que Trump se volvió a despachar por la mañana, como buen viernes se relaja un poco más. En el momento de escribir esta nota, se aprecia un 0.8% y coquetea con los 21 pesos por dólar.

Es cierto que ayer perdió terreno y se debilitó: cayó un 0.7% para cerrar en los 21.214 pesos por dólar. Pero para todos los golpazos que ayer le llovieron encima, casi se puede decir que salió incólume. Primero fue Trump con lo de “si México no está dispuesto a pagar el muro, entonces mejor que Peña Nieto ni siquiera venga”; luego fue el tuit de Peña Nieto de “pues ahora no voy”; finalmente, fue de nuevo Trump (y su vocero Spicer) con lo de “no se pongan así, pondremos otra fecha más adelante para que venga Peña Nieto, pero México pagará el muro y será con un impuesto del 20% sobre sus importaciones”.

 

Sorprendentemente, fue esa última declaración la que mejor sentó al peso. La divisa mexicana, que perdía en torno a un 1.2%, logró con esa nueva recortar las pérdidas a casi la mitad.  Nada mal. ¿Por qué no se produjo un desastre sobre el peso?

Ayer lanzamos  una primera hipótesis, y era la siguiente: si el arancel es del 20%, entonces el peso ya habría descontado lo peor. En efecto, la moneda mexicana se ha despeñado en torno a un 13% desde el triunfo de Donald Trump el 8 de noviembre.

 

Y desde el primero de enero de 2016, algo más de un 18%.

Si nos remontamos a mediados de 2014, cuando se empezó a hundir el precio del petróleo y comenzó la debacle del peso, la divisa se ha desplomado un 39%. Eso ya lo comentamos aquí, explicando por qué el peso pasó de 13 a 22 pesos. 

En todos esos períodos, el peso mexicano ha sido la divisa con peor desempeño del mundo: es decir, la economía mexicana ha ganado competitividad cambiaria no sólo contra Estados Unidos, sino contras las principales economías del mundo. Ahora bien, sobre todo nos interesa Estados Unidos, a donde se dirigen el 80% de las exportaciones.

Y para Estados Unidos, un arancel del 20% ya se ha incorporado por el mercado. En un principio, Trump habló de un 35%, y por eso el derrumbe fue monumental. Para que la economía mexicana volviera a ser competitiva en caso de establecer un impuesto del 35% sobre las importaciones, el peso mexicano tendría que haberse hundido un 35% (algo muy parecido al 39% que ha bajado desde mediados de junio de 2014:  ¿estaba el peso descontado ya ese impuesto de 35%?). Sin embargo, de lo que se está hablando es de un 20%, o 15 puntos porcentuales menos.

Como decíamos ayer en esta nota, ahora mismo un auto exportado desde México a Estados Unidos es en dólares casi un 20% más barato de lo que era hace un año, por la simple depreciación del peso. Los márgenes de las empresas automotrices se ampliaron gracias a la depreciación del peso. Por lo tanto, un arancel del 20% hoy pondría el precio final del auto en niveles muy parecido a los de hace un año: se estaría comiendo el margen ganado por la depreciación cambiaria durante este último año. Sí, parte de ese impuesto se podría trasladar al consumidor, pero no demasiado si quiere seguir siendo competitivo  en el mercado estadounidense.  

Por tanto, si todo se queda en eso, el  daño ya está infligido, ya está incorporado en la actual cotización de la divisa, lo que explicaría el buen humor del peso. A Ford, General Motors y Fiat Chysler les seguirá interesando fabricar y vender autos en México en sus actuales plantes, sobre todo aquellos autos pequeños que son los que ofrecen un menor margen y no serían rentables de producir en Estados Unidos. Y también seguir comprando autopartes a México, ese mercado más intensivo en trabajo y que le reporta mayores utilidades por el bajo costo de la mano de obra mexicana. Y así con otros productos manufactureros que México produce y maquilla para Estados Unidos.

Aquí vemos la diferencia entre el total de compensaciones que se remunera por hora a un trabajador de la industrial automotriz estadounidense y otro mexicano. 

 

Y qué tanto más barato sale producir un auto en México o en Estados Unidos.

¿Por qué razones más el peso anda risueño por las mesas de negociación del mundo? Porque Trump no ha dicho nada de bloquear o gravar las remesas, y esos son como 25,000 millones de dólares. Y porque si Trump no arremete más contra las empresas estadounidenses que planean construir una planta en México diciéndoles que les subirá aún más los impuestos (algo que no se podría realizar a nivel individual) para inhibir esa posible inversión, todavía a las empresas estadounidenses, con la reciente depreciación del peso que les abarata la mano de obra y la inversión inicial en tierra y construcción, les puede resultar rentable, en dólares, instalar plantas en México (a falta de conocer bien qué incentivos fiscales ofrecerá Trump en Estados Unidos para que las empresas estadounidenses se queden en su territorio). Los flujos de Inversión Extranjera Directas (IED) podrían no verse tan dañados como en un principio se temía.

Es tanta la simpatía del peso que desde la toma de posesión de Trump, los inversionistas andan seducidos por él y ha ganado un 4.5%. Sus risotadas son mucho más sonoras que las del resto: la libra esterlina, la segunda más risueña, apenas se ha apreciado un 1.6%, muy lejos del encantador peso. De momento, los augurios que se iría a 23 pesos, 25 pesos o 30 no se han cumplido.

 

Dicho esto, ese posible impuesto del 20% que ahora se especula y que tanto ha hecho reír al peso, no es buen acuerdo. No es buen acuerdo porque rompe el Nafta, porque carece de sentido. Y no es buen acuerdo porque la irascibilidad de Trump le puede hacer cambiar de opinión y dar nuevos bandazos. En la diplomacia degradada de Trump no hay compromisos, sino ganadores y perdedores.  El peso ahora se ríe: pero un tuit sobre las remesas familiares de México, o advirtiendo a otras empresas que les castigará por irse a México puede quitarle al peso la sonrisa en un santiamén. El peso ya ha descontado, al día de hoy y con lo que sabemos hoy, lo peor. Pero Trump es tramposo y de poco fiar. Y como dicen los buenos amigos, las cosas todavía se pueden poner peor. 

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