Jueves, Mayo 23, 2019
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Las vulnerabilidades del peso

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Aquí les presentamos íntegra nuestra colaboración en el diario Excélsior del día de hoy

Ante la inexorable caída del peso, la Comisión de Cambios decidió incrementar sus intervenciones en el mercado de divisas para defender a la moneda. Desde el pasado 11 de marzo, cuando comenzaron las subastas diarias de dólares, Banxico había gastado 5,296 millones de dólares (mdd) en proteger al peso. Sin embargo, toda esa munición ha sido insuficiente para detener la caída del peso. La divisa mexicana se ha depreciado, en lo que llevamos de año, un 9.3% y en los últimos doce meses un 22%.

Ahora las autoridades mexicanas aumentan el grado de intensidad: la metralla diaria de dólares que descargará en el mercado será de 200 mdd en vez de los 52 mdd a los que nos tenían acostumbrados. Y así será hasta el próximo 30 de septiembre. En ese período, por tanto, Banxico se gastará al menos 8,600 mdd en un intento por acorazar al peso de los vaivenes del mercado. Además, intervendrá con otros 200 mdd en caso de que durante una determinada jornada el peso se deprecie más de un 1.0%.

Con estas medidas, México trata de estabilizar el peso echando mano de las reservas internacionales y elude recurrir, al menos de momento, a una subida de tasas, algo que, como ha advertido el gobernador de Banxico, Agustín Carstens, puede suceder en cualquier momento.

En efecto: todo parece indicar que el peso permanecerá presionado en el corto plazo y que Banxico, finalmente, se verá impelido a pegar un apretón monetario. El precio del petróleo permanecerá deprimido por un buen rato, y eso está resquebrajando la fortaleza del peso en al menos cuatro flancos: menor crecimiento económico, deterioro de las finanzas públicas y de la cuenta corriente, y menores expectativas de ingresos por concepto de Inversión Extranjera Directa (IED).  

El impacto del petróleo sobre el crecimiento se ha dejado sentir, sobre todo, en dos componentes de la actividad industrial: la minería y la construcción. El derrumbe de la actividad de extracción de petróleo ha sumido al sector de minería en su más profunda recesión en más de dos décadas. La minería ya acumula cinco trimestres consecutivos de contracción en la actividad, y en el período abril-mayo ha acentuado su declive al hundirse un 8.2% tras caer un 5.0% en el primer trimestre.

A su vez, la caída de los ingresos petroleros parece haber dejado a la administración pública sin recursos para realizar los ambiciosos planes de infraestructura que nos prometieron, esos que iban a modernizar al país y a detonar el ansiado despegue económico de México. Sin embargo, se ve con frustración que el componente de ingeniería civil ha sido un lastre durante todo este sexenio, con caídas continuas en este rubro que ha frenado la expansión del sector de construcción.  La contracción de la minería, el escaso impulso de la construcción y la desaceleración de la manufactura al inicio de este 2015 ha llevado al sector industrial prácticamente al estancamiento durante el segundo trimestre, lo que hará que la tasa de crecimiento del PIB disminuya a algo cercano al 2.0% comparado con 2.5% en el primer trimestre. 

Por el lado de las finanzas públicas, el desequilibrio fiscal se ha ensanchado. Es verdad que el gobierno ha logrado, en lo que llevamos de año, más que contrarrestar la caída de los ingresos petroleros con la fuerte recaudación observada en algunos tributos como el ISR o el IEPS, además de contar con el colchón de la cobertura petrolera, cuyos ingresos entrarán al final de año. Sin embargo, el gasto público ha superado el ritmo de expansión de los ingresos, en buena medida por los expendios realizados de cara a las elecciones del pasado mes de junio. El resultado es que el déficit público acumulado hasta junio fue de 345,000 mdp, comparado con 256,000 mdp en el mismo período del año pasado, un incremento de 35%, o algo así como 90,000 mdp. Ese ritmo de gasto es insostenible si tenemos en cuenta que el año que viene no se contará con cobertura petrolera, que el excepcional comportamiento del ISR y el IEPS no se repetirá y que el gobierno tendrá que realizar nuevos esfuerzos de ahorro para sanear el balance presupuestario.

A su vez, el desplome de los precios del crudo ha implicado un deterioro de las cuentas externas. El déficit comercial durante la primera mitad del año fue de más de 4,000 millones de dólares (mdd), lo que contrasta con un déficit de apenas 300 mdd en el mismo período del año pasado. Es más, ese agujero comercial en apenas seis meses es más abultado que el déficit comercial anual de cualquiera de los últimos 5 años. Como era de esperar, el petróleo es la causa de este mal: el saldo petrolero arrojó un déficit de 3,263 mdd cuando en la primera mitad de 2014 registró un superávit de 2,306 mdd. Las exportaciones petroleras se han despeñado un 44% en el primer semestre en relación al mismo período del año pasado, o una merma de más de 10,000 mdd. Aunque la balanza no petrolera mejoró su saldo, fue insuficiente para contrarrestar el estropicio petrolero. Eso ya se ha traducido en una mayores necesidades de financiamiento externos: el déficit corriente, en el primer trimestre de 2015, se trepó a un 3.2% del PIB comparado con un 2.0% de promedio en todo el 2014.

Ahora bien, ese déficit corriente de 3.2% del PIB en el primer trimestre, o de 9,446 mdd cada vez es más difícil financiarlo con los recursos más estables, los de la IED. El saldo neto de la cuenta de inversión directa fue, en el primer trimestre, de 4,515 mdd. Los pobres resultados de la licitación de la primera fase de la Ronda Uno y la decisión de posponer la licitación en aguas profundas revelan que, con los precios del crudo por los suelos, la Reforma Energética no atraerá la masiva inversión foránea que se vaticinaba y que ahora resultan de vital importancia para cubrir las mayores necesidades de financiamiento externo.

Los resultados de la balanza de pagos del primer trimestre significan que más del 50% del déficit externo hay que financiarlo con inversión de cartera. Y aquí se suma el último problema: en esta coyuntura en el que la Fed se dispone a subir las tasa de interés, cada vez es más difícil que los capitales extranjeros fluyan para México. Es más, el riesgo es que los capitales se reviertan, que salgan del país.  Los pasivos externos de cartera de México que, según el FMI, representan un 37% del PIB, es de los más altos entre los países emergentes y representa una fuente de vulnerabilidad en caso de volatilidad financiera global, sobre todo a través del mercado de bonos soberanos.  No hay que perder de vista que en lo que llevamos de año, los bonos denominados en peso ofrecen,  en dólares, un rendimiento negativo de 7.1% cuando el promedio de los mercados emergentes es de tablas.

Por tanto, y como dice Carstens, estén preparados: con el déficit corriente deteriorado, con la IED flaca y con el riesgo de que los capitales huyan del país ante un aumento de tasas en Estados Unidos, la única manera de financiar el déficit externo a través de inversión de cartera es atrayendo capitales foráneos mediante el ofrecimiento de un mejor rendimiento, esto es, una subida de tasas.

INFOGRAFÍA

Banxico anunció el pasado jueves que intervendrá en el mercado cambiario con mayores montos diarios. Hasta ese día, y desde que inició las intervenciones diarias sin precio mínimo el pasado 11 de marzo, Banxico ha gastado 5,296 millones de dólares (mdd). Bajo el nuevo esquema, del 31 de julio hasta el 30 de septiembre gastará al menos 8,600 mdd, sin contar las posibles intervenciones con precio mínimo…  

Fuente: Banxico y llamadinero.com

… pese a las intervenciones cambiarias, Banxico no ha logrado detener la caída del peso, que en lo que llevamos de año ha cedido un 9.4% y en los últimos doce meses se ha depreciado un 22%...

Fuente: Banxico

… el petróleo explica en gran medida la depreciación del peso: no sólo ha frenado la recuperación en México y pone en un difícil trance a las finanzas públicas, sino que ha implicado un sustancial deterioro de la balanza comercial… 

Fuente: Inegi

… en consecuencia, el déficit corriente se ha disparado durante el primer trimestre de 2015 a 3.2% del PIB en comparación con un promedio de 2.0% en el 2014. El financiamiento del déficit corriente se complicará en un entorno de mayores tasas de interés en Estados Unidos que puede complicar el flujo de inversión de cartera hacia México y que puede forzar a Banxico a subir tasas para retener los capitales.

 

Fuente:Banxico

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