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Previa a Banxico: ¿Habrá una sorpresa mañana?

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El día de mañana se reúne la Junta de Gobierno del Banco de México, el momento clave de la semana, y del país en su conjunto, porque será cuando Agustín Carstens y sus apóstoles monetarios den un veredicto sobre el nivel que ha de conservar la tasa de interés local para los siguientes días.

Lo cierto es que desde agosto de 2008 Banxico no ha dado muestras de querer subir la tasa de interés, y muy por el contrario, ha reducido la tasa objetivo  en 5.25 puntos porcentuales, desde el máximo previo a la crisis de 8.25% que guardaba la tasa.

El promedio que guarda la tasa de interés objetivo de corto plazo desde la crisis es de alrededor de 4.78%,  casi 2 puntos porcentuales por arriba del nivel que guarda la tasa en estos momentos. Por lo que sí la autoridad desea “normalizar” su política monetaria puede buscar acotar dicha diferencia.

En su último comunicado de política monetaria la institución cito textualmente las causas por las que estaría interesada en buscar el alza de la tasa de interés: 1) la postura monetaria relativa entre México y Estados Unidos; 2) el desempeño del tipo de cambio y su posible efecto sobre la inflación; y 3) el grado de la holgura económica ante la recuperación prevista.

Estos tres pilares serán nuevamente el ángulo estelar desde el que se sopesará si la actual postura del Banco de México es todavía viable, o no, por lo que bien haríamos antes de acabar el día en revisar un poco de estos aspectos:

La Fed.

Hace una semana,  tuvo reunión la Reserva Federal de los Estados Unidos,  y pese a todo pesimismo, Janet Yellen se encargó de inculcar el mensaje de que la autoridad se estaba preparando para incrementar por primera vez en casi una década la tasa de interés, y la fecha más previsible hasta entonces es la reunión de junio.

En México casi el 40% de los valores gubernamentales (de la deuda pública) se encuentra en manos de los extranjeros, quienes mantienen su capital en México principalmente por el diferencial de tasas de interés que hay en nuestra economía. Sí dicho spread se mueve desfavorablemente para nuestro país, podría convenirse en una afluencia de capital negativa para nuestra economía.

 

La curva a plazos de México ha incorporado recientemente este movimiento al incrementar su pendiente en más de 15 pbs a lo largo del último mes, lo que muestra que las expectativas al alza en la tasa no son menores, y por lo tanto el mercado ha buscado mantenerse en instrumentos de corto plazo y vender bonos en el tramo largo de la curva, con la oportunidad de recapitalizarse una vez que la tasa de interés suba.

Pero no sólo ha sido eso, el mercado ha presentido que la influencia de la Fed sobre Banxico será mucha, y que al haber  suprimido la palabra “paciencia” de  su comunicado oficial, la Fed ha dejado muy poco espacio a Banxico para reaccionar al movimiento internacional de las tasas de interés. Es por esa razón que incluso en el tramo corto de la curva a plazos han existido incrementos tan fuertes sobre los bonos. Inclusive los Cetes a 28 días, en la última subasta de valores primarios alcanzaron las 3.05 unidades 1pbs arriba de la semana pasada, pero dónde el máximo de solicitud incluso alcanzó los 4.01 puntos porcentuales.

No es para menos, si Banxico decide mantener su postura actual y jugar con una tasa a 3.0%, se quedará sólo con la sesión del 30 de abril para poder hacer algún cambio en su política monetaria, mientras que la Fed se reunirá tan sólo 15 días después, lo que deja muy poco margen al mercado para reaccionar al alza de la tasa de interés en ambos países.

En este sentido, Banxico estaría incentivado a anticiparse al movimiento de la Fed para contar con cosa de mes y medio de protección sobre la tasa, al tiempo que mandaría el mensaje de que contaría con una nueva sesión, para en caso de volatilidad, dar un segundo golpe.

El tipo de cambio y la inflación.

Lo más angustiante para Banxico pareció ser el movimiento del tipo de cambio, el cual hasta este lunes se había mantenido por arriba de las 15 unidades por billete verde.

Para una economía pequeña y abierta, como la de México, el tipo de cambio define buena parte de los precios internos de su economía debido al alto contenido de productos importados dentro de su cadena de valor. Conforme el tipo de cambio se deprecia, la inflación tiende a subir debido al alza de los precios relativos de estos bienes, lo que más de las veces, acota el margen de un Banco Central para mantener una política laxa, sin que esto ponga en jaque su meta de inflación.

Ya en el 2002, Guillermo Calvo, Economista en Jefe del BID, había comentado en su trabajo seminal “Fear of floating”, que Bancos Centrales como el de México, eran principalmente inseguros para dejar flotar su moneda libremente.

El propio subgobernador del Banco de México, Manuel Ramos Francia, publicó en el 2012 que dicho coeficiente de traspaso entre la inflación y el tipo de cambio podía llegar a ser hasta del 20%.

Esto significa que si el tipo de cambio mantiene una fuerte depreciación (del 4.8% en estos momentos), el impacto final sobre los precios al consumidor podría llegar a ser hasta de un punto porcentual. ¿Puede Banxico tolerar este riesgo? O dicho de otra forma ¿puede Banxico controlar su miedo a flotar?

Hasta la semana pasada hubiésemos creído que no, que las subastas de dólares activadas para defender la volatilidad del tipo de cambio servirían de poca cosa, y que Banxico tendría que recurrir al canal de la tasa de interés para controlar el movimiento del capital.

Pero los datos recientes parecen contravenir esta idea. La inflación publicada ayer por el INEGI, mostró que no está habiendo un efecto serio del tipo de cambio sobre la inflación, mientras que los datos de valores gubernamentales de Banxico de esta semana, muestran que apenas salieron mil millones de dólares de nuestro país. Mucho menor a la volatilidad del mes de febrero, lo que da pie a pensar que la turbulencia financiera estará contenida, al menos hasta que la Fed vuelva a decantarse.

En consecuencia la restricción del Banco de México no se ha endurecido ni mucho menos, y podría ser un equívoco subir la tasa de interés para combatir una inflación inexistente, toda vez que el tipo de cambio esta reaccionando favorablemente con los datos de EEUU (que están dejando de ser boyantes), con el comunicado de la Fed, y las subastas de dólares; al tiempo que la inflación está en niveles cómodos, y que las expectativas inflacionarias permanecen ancladas.

La actividad económica.

Banxico se reunirá mañana con el dato a mano del IGAE, el cual rompió las expectativas del consenso que apuntaba un incremento del 1.8%, y terminó por expandirse 2.0% a tasa anual decestacionalizada.

Pero lo cierto es que las actividades secundarias, que guían y lideran el crecimiento de este país, apenas se incrementaron un 0.3% en términos anuales, su peor lectura desde abril del año pasado, cuando la construcción aún permanecía aletargada, lo que indica que la recuperación de la demanda interna va siendo muy lenta, mucho más de lo que se esperaba, y que es probable que las estimaciones de crecimiento al 3.0% este año nos vayan a quedar muy largas.

De hecho, Banxico no descartó en su última reunión que existiesen importantes riesgos a la baja para el crecimiento económico. Los miembros de la Junta parecen ser consientes de que las reducciones del gasto público y de la producción petrolera afectarán de manera negativa y definitiva la trayectoria económica de este año.

Pero también existe la inquietud del efecto verdadero que pueda tener el incremento de las tasas de interés en Estados Unidos, cuyo carácter cíclico nunca antes se ha visto.

No obstante, creemos que el argumento clave de la postura de Banxico en este tema vino en las minutas de la última reunión de la institución donde a lo pronto se dice que “la mayoría de los miembros de la Junta de Gobierno señaló la necesidad de fortalecer el marco macroeconómico ante la caída del precio del petróleo y la posibilidad de observar mayores tasas de interés en Estados Unidos […] la respuesta apropiada ante dichos choques es una postura macroeconómica menos expansiva”.

Banxico está dejando de creer que mantener las tasas de interés bajas durante unos meses más haga alguna diferencia en el crecimiento económico, pero sí podría, en cambio traer riesgos a la estabilidad financiera del país. Este argumento podría ser el de mayor peso para la reunión de mañana.

Por tanto, Banxico cuenta con que en los últimos días ha habido una menor presión sobre la moneda y la curva a plazos, al tiempo que puede observar que la economía aún necesita apoyo.

 

Pero ese no será el “tono” para mañana, no si lo que quiere Banxico es prepararse para el nuevo ciclo monetario que se avecina desde la cancha de la Fed, y aquí creemos que Agustín Carstens ya mando los mensajes suficientes para tomar una decisión de peso gubernamental para mañana, y esperamos que Banxico se decante por incrementar la tasa objetivo  en 25 pbs.

 

 

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