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Gráfica del día: La tasa de interés real que persiguen los bancos centrales del mundo.

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Cuando se realiza una inversión en el mercado financiero (por cualquier tipo que fuese), la meditación más sencilla es evitar que el poder adquisitivo del dinero presente disminuya a lo largo del tiempo. Es decir, acceder a la misma cantidad de bienes y servicios con la misma cantidad de dinero en el tiempo corriente, lo que significa coberturarnos del proceso inflacionario.

La compensación de la inversión también tiene que venir en otro sentido a las múltiples y potenciales perdidas posibles, por ejemplo, el riesgo cambiario (no poder materializar de la misma forma el efectivo en una divisa fuerte), la volatilidad del mercado (que eleva el riesgo sistémico y la potencial perdida), o incluso el premio por inversión (que es ese rendimiento adicional por la pérdida de liquidez en la inversión).

A dichos factores hay que sumar la prima de riesgo clave, que es una tasa teórica con la que se estima la capacidad de ahorro y de inversión quedan equilibradas. Dicha tasa se propaga por el canal monetario de tal suerte que tomando en cuenta las demás variables constantes, el resto de los rendimientos en el mercado se mueven a la par de éste ejemplo referencial. Pero ¿de dónde viene ese rendimiento clave?

En teoría, esa tasa es exactamente el diferencial entre el consumo presente (la inversión), y el consumo futuro (el ahorro) que es expresado a  través de una solución de esquina (óptima) de manera intertemporal. En otras palabras es un precio de equilibrio que puede darse entre el mercado de dinero y el mercado de bienes y servicios (como ejemplifica el IS-LM), entre el ahorro y la inversión (teoría de los fondos prestables), por una cantidad controlable de dinero en la economía (como precio del dinero, según los monetaristas), o bien como una equivalencia entre la disponibilidad de recursos (que es nuevamente una teoría basada en fondos prestables pero con la adición dinámica de las expectativas).

En todos los casos, la intermediación del dinero esencial para buscar este rendimiento base, y el dinero ya sea controlado por un Banco central directamente (como concepción exógena del dinero), o se influido por la interacción de los bancos y del conjunto del sistema financiero (teoría del dinero endógeno), tiene su medula central a través de las acciones de la autoridad monetaria de un país.

En pocas palabras, el rendimiento básico de una economía, que busca equilibrar interacciones agregadas, depende del rendimiento que busque el banco central, la dichosa tasa de referencia.

El gran dilema de estos últimos años, es que las economías desarrolladas, en virtud de sacarnos de la crisis económica-financiera de 2008, presionaron la tasa nominal clave a niveles ínfimos, presuponiendo que el nivel de ahorro en alguna parte del mundo (tal vez China), era demasiado grande, y que por lo tanto habrá que presionar el consumo futuro de aquellos, cuesta abajo. Es decir realizarlo dentro de la situación presente.

El primer resultado lógico de estas acciones fue tener que el “precio del dinero” seguido por las autoridades (hacia donde empujan a la economía sometiendo a la curva de plazos), es prácticamente negativo en las economías desarrolladas, lo que tal como era el plan, empuja los capitales hacia fuera de las inversiones y trata de generar una sustitución hacia activos corrientes (productivos).

Llegados a este punto, la dificultad es que esa tasa de interés “real”, debiese ser aún más negativa para poder equilibrar a la economía (al menos así apuntan varios académicos), pero las economías desarrolladas, no son capaces de tirar más del rendimiento nominal (porque esta niveles mínimos), pero tampoco son capaces de generar mayor inflación (otra cara de la famosa trampa de liquidez). Lo que los obligo abuscar mecanismos menos convencionales para enfrentar la crisis.

El gran dilema de ahora, es que los países emergentes en cambio, atrajeron durante todo este periodo el flujo de capital de las economías emergentes, y también se vieron obligados a ir relajando su tasa de interés nominal, salvo que aquí hay una clara excepción. Muchas de las economías emergentes, aún presentan rigideces en las estructuras de mercado que les provoca una inflación estructural, por lo quela tasa de interés real de estas economías podía ir en picada mucho más pronto que la de los desarrollados, amen, de que una tasa de interés real negativa aleja a los capitales, y no les permite crecer por arriba de su precario equilibrio en la balanza de pagos, sin antes bien generar presiones macroeconómicas alternas.

Como consecuencia, muchas economías emergentes han empezado a levar anclas (subir las tasas de corto plazo), mucho antes que las economías desarrolladas, que aún presentan fuertes estímulos, lo que les ayuda a conservar la rentabilidad de sus monedas y activos.

Pero en este rompecabezas hay una gran excepción.

Hoy por hoy, la peculiaridad de México, es que como país emergente debería seguir la moda de los bancos centrales y estirar los rendimientos nominales de su curva. Pero todo lo contrario, Banxico ha presupuesto que para colmar la brecha del producto (que camina en rojo por ahora), debe seguir el paso de las economías emergentes, y ofrece un rendimiento negativo sobre la tasa que persigue.

El caso de la India suena similar al de México, pero la diferencia clave, es que la autoridad monetaria se ha quitado el sesgo inflacionario y busca encarecidamente detener el alza de precios (que va en 10.55%), mediante continuas alzas en su tasa de referencia (tan sólo en 2013 movió 8 veces su tasa de interés)

Con el dato de la inflación de enero, México en cambio, prácticamente no ofrece ninguna garantía de valorización del capital, y no esperamos que Banxico de respuesta alguna a esto, porque  aún así el capital está llegando (tan sólo hay que ver cómo ha cambiado la curva de plazos en esta semana).

 ¿Cuál es la razón?, que las otras variables se han movido, o pretenden moverse con el proceso de reformas que generamos en 2013 como nación. El menor riesgo cambiario, la menor volatilidad relativa a otros mercados, unas expectativas de precios aún controladas, mejores expectativas de crecimiento, y la capacidad de sortear una estampida de mejor manera (gracias al arsenal de las reservas internacionales, y la línea de crédito con el FMI), incitan a que el capital venga pese a la persecución de un rendimiento real negativo por Banco de México.

Pero la el moño que nos pusieron las reformas no puede ser un decorativo para siempre, y Banxico lo sabe, razón para que en su último comunicado extendiese la mano a decir que la junta permanecerá bastante atenta (por no decir inquieta) a los efectos de segundo orden que pueda generar la tolerancia a la inflación. Así que la pregunta no es saber si Banxico dará en su momento un paso adelante para salir de los rendimientos negativos, sino si será capaz de aguantar todo el 2014.

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