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¿2014 diferente de 2013? El sector de construcción tiene la respuesta.

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Si algo puede quedar claro hasta la fecha es que el sector secundario dio su cara mala durante todo 2013, y que esa fue la principal razón por la que la economía de México no pudo crecer al ritmo esperado.

De acuerdo con los Criterios Generales de Política Económica de la Secretaría de Hacienda, dicho impedimento provino básicamente de la desaceleración presentada por EEUU, lo que bloqueó el ritmo de expansión de las manufacturas y el virtual crecimiento de México.

Desde la perspectiva de Banco de México, en su tercer Informe Trimestral sobre la Inflación de 2013, diagnostica cuatro causas de desaceleración económica: 1) manufacturas (como señala Hacienda por causa de EEUU, pero también por la apreciación cambiaria a inicio de año), 2) algunos choques de oferta no previstos como los desastres naturales, la gripe aviar,  y el desabastecimiento de gas en algunas regiones del país; 3) el rezago en el gasto y la inversión pública; y 4) el letargo del sector de vivienda y construcción.

De estas causas, las dos últimas son variables de control; covariantes a las políticas económicas que se tomen dentro del gobierno, mientras que las dos primeras, son variables base respecto a las cuales se puede fluctuar. Por tanto, si queremos discernir si este año será diferente al fantasma de la navidad pasada ( o sea de 2013), tendremos que asegurarnos de prever cómo se comportará en especial la inversión pública y el sector de cimentación.

Al respecto, el 2013 fue un año donde se presentaron unas de las caídas más rápidas en materia de construcción. El ciclo de dicho sector ya podía observarse agotado a finales de 2012, sin embargo su colapso abrupto nos llevo a que durante el primer trimestre del año pasado perdiéramos un dinamismo del 4.5%, con tres subsectores que mostraron una contracción el resto del año. De hecho, Obra civil y Edificación, representan casi la totalidad del sector de construcción, por lo que su parálisis significó un impedimento de avance para la economía en su conjunto.

Una de las principales complicaciones que enfrentó este sector fue que con el cambio de administración, el gasto público neto de capital, y en particular el gasto en capital físico del gobierno disminuyó contrastantemente al visto en otras etapas de gobierno lo que generó que tanto la inversión real en construcción como la obra pública se redujese hasta un -5.0 y -4.0 por ciento a los primeros nueve meses del año antecedente, lo que sobretodo perjudico el proceso de edificación en el país por el menor gasto en infraestructura.

Ahora, el gran dilema es que la construcción pesa cerca del 9% del PIB total, y su desempeño tiene efectos colaterales en casi 60 subsectores, donde podemos incluir al comercio, el crédito, y nada más y nada menos que las propias industrias manufactureras que van 0.5 correlacionadas a construcción, no es sorpresivo por tanto que desde que este sector empezó a caminar en reversa, manufacturas tuvo una limitante seria para poder subir,  lo cual terminó por colapsar en marzo del pasado año, cuando la economía lucio completamente agotada.

 

Cuando disminuye la producción de construcción, otro efecto adverso es que se suele requerir menos mano de obra y menores insumos para la actividad general, por lo que derivados como la madera, el concreto y el cemento empiezan a notar un retroceso conjunto. Pero también al caer la edificación se detienen obras importantes de vivienda y servicios inmobiliarios, a lo que suelen estar sujetas las desarrolladoras accionarias (Homex, Geo, y Urbi), lo que también bloquea la capacidad de creación de empleo.

De hecho, tal y como se observa en el gráfico anterior, si observamos como se origino la contracción en el subcomponente de edificación (que sirve de proxy mensual para la creación de nueva vivienda), podemos observar como la tasa de creación de empleo formal en el IMSS, aminoró de un 4.7% que sostenía a finales de 2012 (cuando edificación crecía 3.5% en el mismo periodo), a un moderado 2.9% en octubre de 2013, justo cuando la contracción en edificación llegó hasta 5.1 por ciento.

Aquí, no obstante, hay que poner un cierto énfasis a que el sector de vivienda no sólo se ve resentido por la escasez de dinero (vía gasto público) en la economía, sino que en gran parte, México ha estado inscrito en un cambio estructural dentro de las preferencias de vivienda de la población.

De acuerdo con el estudio de BBVA sobre la “Situación inmobiliaria de México”, la demanda de vivienda en el país ha corrido por un proceso de sustitución de la vivienda nueva (y el proceso de edificación) hacia la demanda de vivienda usada, y el uso de créditos inmobiliarios para la remodelación.  Este proceso, como solución a un problema de vivienda, ha implicado que el tamaño del mercado en residencia nueva disminuya.

Por ejemplo, del tercer trimestre de 2012 al mismo periodo del año de 2013, el número de viviendas nuevas disponibles paso de 44 mil a 19.7 mil unidades, lo que significó una caída de poco más del 55%, al tiempo que siete estados del país siguieron acumulando la mayor parte de los inventarios (Jalisco, Nuevo León, Estado de México, Hidalgo, Guanajuato, Veracruz y Quintana Roo acumularon poco más del 53% de inventario en vivienda).

En este sentido, aunque en el resto del país existió una baja en los inventarios de vivienda nueva, el proceso no se explica por el incremento demanda, sino por el exceso de una oferta inicial que aún no se acopla bien al proceso de cambio en el mercado.

Esto generó que los Estados con mayores excedentes de vivienda terminada, se incrementaran sustancialmente los precios de los inmuebles, lo que sugirió  a los grandes proyectos de las desarrolladoras que se concentraran en Zonas Metropolitanas donde la demanda aún es fuerte, como la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y la región del Bajio. Peor incluso en estas regiones la demanda de vivienda luce pobre respecto a lo visto en 2011 y 2012.

Por tanto, ante el cambio estructural el Gobierno enfrenta en este año el reto de asociar de la manera correcta las nuevas necesidades de habitación, con las condiciones generales para comprar una vivienda, y la mejor forma de relacionarse con esta nueva postura es a través de las políticas de crédito, lo que lo obliga a volver a lo básico ¿Qué alimenta la demanda de crédito hipotecario?, la respuesta básica es los precios de la vivienda, el costo del financiamiento, y  los ingresos residenciales.

En la primera arista, el exceso de oferta en el mercado señala que la pequeña apreciación inmobiliaria no se gestará mucho en 2014, y que estaremos próximos a ver que los precios cedan. Lo que puede impulsar la potencial demanda.¿ respecto a lo vivido en 2013.

La segunda pata de este gato no está del todo acomodada para caminar, pero existen condiciones para que se generen buenas andadas. La tasa de interés de referencia de Banco de México inicio el 2013 con 4.5 p.p. y mantuvo un ajuste a la baja todo el año. Este 2014 busca mantener este perfil, lo que parcialmente disminuye el costo del crédito de vivienda, aunque las tasas activas de crédito se han mantenido casi dentro del 10% (si bien hay algunos productos que ofrecen a 9%). A esto hay que sumarle el riesgo que hay de que las tasas estén tocando su nivel mínimo, y que con el nuevo ciclo monetario empiecen a subir, sobretodo si Banxico empiezan a ganarle las ansias de portarse bien, y ve mermada su actual postura monetaria. Por consiguiente, aunque justo ahora prevalecen las condiciones favorables para el crédito, aún existe riesgo de que estas empeoren.

De esta manera, nos queda una sola manera de impulsar la demanda de vivienda. Con empleo bien remunerado, y aquí es donde el brazo se da a torcer porque hemos generado una tautología. Resulta que para crecer necesitamos que la vivienda se recupere, pero que para que esto pase, tenemos antes (adivinen)... que crecer, ya que esta es la única manera de generar buenos empleos, y que la demanda de vivienda crezca con certeza este año.

Existen aquí algunas soluciones parciales, que pueden distinguir a 2014 en vivienda de 2013. Uno es que con la Reforma Financiera se anhela que la mayor competencia bancaria repercuta en una baja de las tasas de interés activas, lo que puede propiciar el aumento del crédito hipotecario, siempre que las garantías inmobiliarias puedan ejecutarse.

Dos, de acuerdo con el Plan Financiero de la administración, y  el Plan Nacional de Vivienda que se observaron el año pasado, el Infonavit será una pieza clave de gestión, toda vez que va a buscar mejorar la calidad (y no la cantidad) del crédito hipotecario, lo que permitirá ajustar su crédito a las necesidades de la sociedad, dando financiamiento a remodelaciones, vivienda usada, e incluso un esquema de rentas.

No obstante, bloqueado este camino, la solución del 2014 es mantener un impulso sobre construcción no por el proceso de edificación, sino por el componente de obra civil.

En teoría el Plan de Infraestructura del Gobierno Federal busca reactivar las inversiones en el sector, sobre todo en obras vinculadas a comunicación y  transporte. Aunado a ello, la Reforma Energética, y su potencial “apertura”, brinda espacio para que pueda haber inversión en plantas y capital fijo, por lo que este 2014 podría reactivar a la construcción por este lado, aunque la edificación ya no sea motor de crecimiento.

Por tanto, la diferencia entre 2013 y 2014, es que ahora (al menos en el imaginario colectivo), contamos con las Reformas, y si la financiera no impulsa la vivienda yla edificación, entonces la hacendaria y energética deben ayudar en la obra civil.

El inconveniente es que este esperado efecto de las Reformas puede tardarse en llegar, dejarnos esperando el tren de crecimiento en una estación vacía, y con los pies mojados.

Para que las reformas cumplan su efecto deseado, pueden no sólo pasar varios meses, sino que nos podemos llevar todo el año sin ver un fenómeno claro hasta que se concreten proyectos de inversión importantes. La perspectiva por tanto, no es tan prometedora, y este 2014, puede tener varias características similares al 2013, además del 2, el 0, y el 1.

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