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Entre el "tapering", China, Argentina y Ucrania, las divisas emergentes se tambalean

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Mal pintan hoy las bolsas globales, con derrumbes en todos los rincones del planeta. Y la causa se encuentra hoy en los mercados emergentes. Cuatro sucesos son relevantes en ese sentido.

Uno, las previsiones de que la Fed seguirá atenuando las dosis de inyección monetaria. La semana que viene hay reunión de la Fed, la última de Ben Bernanke como presidente de la institución, y el consenso prevé que se reduzca el monto de compra de activos en otros 10,000 millones de dólares (mdd) para ubicarlo en 65,000 mdd.

Dos, la desaceleración de la economía China junto a las tensiones que existen en su mercado de dinero, lo que ha forzado al Banco Popular de China a inyectar dinero fresco en el sistema con el fin de relajar las tensiones en las tasas de corto plazo. China, que se instituyó como uno de los motores de crecimiento global tras la “Gran Recesión” y que es gran comprador de materias primas de otros países emergentes, muestra síntomas de enfriamiento en su economía, como mostraron las recientes cifras de PIB para el cuarto trimestre o el reporte del PMI manufacturero de enero publicado ayer.

Tres, el descalabro de Argentina. Su divisa, el peso argentino, se derrumbó ayer más de un 13%, la peor caída desde la devaluación  del peso en marzo de 2002, al reducir el banco central su apoyo a la moneda.

Al contrario que otros países emergentes, Argentina  cuenta con escasas reservas para defender el peso, pues ni siquiera llegan a los 30,000 mdd, y se encuentra en mínimos de 7 años. Al vaciarse los cofres del Banco Central, la autoridad prefirió ser más conservador a la hora de intervenir en el mercado de cambios. El año pasado, el banco central gastó 5,900 millones de dólares en la defensa del peso, y eso pese a los controles del gobierno de Cristina Kichner por evitar la fuga de dólares del país.  En el 2011, cuando impuso los controles de capitales, la fuga de divisas ascendió a 21,000 mdd.

 

Argentina, con los mercados internacionales de deuda cerrados, sólo tiene las reservas internacionales como fuente de pago para sus acreedores internacionales, por lo que entra en serias dificultades en cuanto tiene déficits corrientes. Los problemas de cuenta corriente han surgido tan pronto como los precios de las materias primas han venido descendiendo como consecuencia de la desaceleración de China, por lo que la corrección del peso busca cerrar el agujero externo de nuevo. La política de privatización del gobierno de Kischner, con el caso de Repsol-YPF como el más emblemático,  debe verse desde ese enfoque: la necesidad de adquirir dólares para poder realizar los pagos necesarios ante la ausencia de financiamiento externo.

Al mismo tiempo, y ante la escasez de dólares en el mercado local y la prohibición a los argentinos de adquirir dólares para protegerse de la inflación, se ha desarrollado en Argentina un mercado paralelo, negro, de dólares, en el que la divisa americana cotiza a 12.4 pesos por dólar comparado con los 8.0 pesos que se negocia en el mercado oficial. La tasa de inflación en Argentina se estima que fue de más de 28% en el 2013, según analistas privados, si bien la cifra oficial fue de menos del 11%.

El gobierno de Argentina, tras los sucesos de ayer, se ha decantado por liberar algunos controles de capitales: ahora los argentinos podrán comprar dólares en proporción a sus ingresos y el impuesto para comprar divisa extranjera se reducirá del 35% al 20%, lo que contribuirá a cerrar la discrepancia entre ambos tipos de cambio: el oficial y el del mercado negro.

Y cuatro, las revueltas en Ucrania, con la amenaza de desatar una guerra civil en esa ex-república soviética, con los potenciales efectos desequilibrantes que puede ocasionar en la región. Ucrania recibió un paquete de rescate de 15,000 mdd de Rusia apenas hace un mes, a mediados de diciembre del año pasado.

Entre todo esto, los capitales huyen de los mercados emergentes, y sus divisas se tambalean. Las que más sufren son aquellas que presentan dificultades de balanza de pagos. En la cuenta corriente, los déficits se abultaron desde 2010, conforme la economía china compraba menos materias primas y la fuerte afluencia de capitales extranjeros derivado del exceso de liquidez global encarecía más de la cuenta las monedas locales. En la cuenta de capital, los inversionistas foráneos retiran ahora sus inversiones conforme se muestran más reticentes a seguir financiándolos ante el mayor atractivo de tasas en los mercados desarrollados.

En el caso de Argentina, el déficit corriente no es muy grueso, pero el problema es la cuenta de capital, dado que tienen los mercados de deuda internacionales cerrados. Pero hay cinco países que están en la mira por el deterioro de su cuenta corriente: Brasil, India, Indonesia, Sudáfrica y Turquía. Una de las excepciones es Rusia, país que presentó un superávit corriente en el 2013 y que en el primer trimestre de este podría registrar un superávit de 16,000 mdd. Aquí presentamos la evolución de la cuenta corriente de esos países desde 2010.

 

Como decimos, una de las excepciones es Rusia. Pese a que su superávit corriente ha venido menguando, todavía en el tercer trimestre de 2013 era cercano al 2% del PIB.  

 

México, finalmente, goza de buenos fundamentales. Sí, su déficit corriente se ha venido deteriorando desde el 2010, pero aún permanece en niveles manejables (-1.8% en el 2013) y la inversión directa financia cómodamente el déficit corriente. Por otro lado, las cuentas fiscales están relativamente en orden, pese al respiro que se dará este año el gobierno federal, y la inflación en niveles tolerables, pese al impacto negativo de la reforma fiscal en la primera quincena de enero. Las reservas internacionales de México se elevan a 176,000 mdd comparado con los 30,000 mdd de Argentina.

En Latinoamérica, Chile es de las que más sufre. Los superávits corriente de 2010 mudaron en déficits conforme el peso chileno se fortalecía, la demanda de cobre por parte de China se desvanecía y el precio del metal decaía.

 

Dicho esto, salvo el yuan chino, que está manipulada por el banco central, todas las divisas de los mercados emergentes han caído desde que empezó este 2014. La peor, de lejos, el peso argentino (-18.5%), pero ahí le siguen la lira turca (-8.0%), que cotiza en mínimos históricos, el rando sudafricano (-5.5%), en sus niveles más bajos desde el 2008, o el rublo ruso (-4.9%). Entre las latinoamericanas, la peor es el peso chileno (-4.6%), seguido del peso colombiano (-3.2%) y el peso mexicano (-3.0%). El real brasileño se ha deprimido un 1.6%.

 

 

 

 

  

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