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El dólar avisa a Trump: estás jugando con fuego

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Éste es el texto íntegro de nuestra última colaboración en el diario Excélsior, el cual puede leer también en su edición impresa, en las páginas de Dinero, en nuestra sección de Economía a Detalle. 

El peso mexicano se pavonea estos días por su tremendo poderío. Pero no es sólo el peso. También están el euro, el yen japonés, la libra esterlina, el rand sudafricano y un sinfín de divisas más. Casi no hay moneda en el mundo que no destelle ganancias contra el dólar desde principios del año pasado. Por tanto, no es una singularidad del peso mexicano, sino una tendencia general del dólar: el gran emblema de la economía estadounidense está perdiendo valor contra las otras divisas del mundo, lo cual no es fácil de explicar.

De hecho parece, en un principio, algo contraintuitivo. Si Estados Unidos es el gran motor de la recuperación mundial y su expansión económica, cada vez más potente, genera gran confianza; si la Fed, mediante futuras subidas de tasas, promete remunerar mejor el dólar y cada día el bono del Tesoro paga más intereses; si Wall Street, pese a su reciente volatilidad, sigue trepando a nuevos récords, ¿no sería lo normal que afluyeran muchos capitales a Estados Unidos y el dólar se estuviera apreciando?

Sin embargo, esa expectativa se ha visto refutada por los hechos. La realidad es que los inversionistas se están deshaciendo de sus dólares, que se desvanece en los mercados internacionales. El Índice del Dólar Spot de Bloomberg, que mide el comportamiento del dólar contra una cesta de las diez divisas más negociadas del mundo, ha descendido un 3.5% en lo que llevamos de año. Si lo medimos respecto a su máximo más reciente, que alcanzó a principios del año pasado, tras la victoria de Trump, el dólar se ha despedazado un 12.4%. En ese período, el dólar se ha hundido casi un 20% contra el euro, la divisa que más terreno le ha comido, y se ubica en sus niveles más débiles desde diciembre de 2014. Pero además ha cedido un 10.8% contra el yen y se ha deprimido un 14.1% contra el peso mexicano.

¿Cómo explicar esa debacle? El argumento más razonable que encontramos es que el mercado está castigando, por anticipado, las expectativas de una economía estadounidense que se deteriorará en dos variables claves para explicar el valor futuro del dólar: el déficit fiscal y el déficit por cuenta corriente. Es lo que se llaman “los déficit gemelos”. Esos mayores déficits significan que Estados Unidos tendrá que emitir más deuda en dólares para financiar esos dos desequilibrios y que los inversionistas, tanto locales como foráneos, estén dispuestos a comprarla. El problema es que, como todo, cuando hay sobreabundancia de algo, su precio disminuye. Y si va a haber muchos dólares por ahí pululando, el mercado prevé que tarde o temprano pierda valor. Entonces, ¿quién va a querer comprar un activo cuya expectativa es que se devalúe?.

Veamos el déficit fiscal. Al populista Trump, en su afán por complacer a su electorado, le gusta vivir por encima de sus posibilidades y, al final,  pone en riesgo la sostenibilidad de las políticas públicas. Sus medidas, en el corto plazo, propician un “boom” económico, y eso es lo que estamos viviendo en estos días. Pero luego hay que pagar, y costear esas medidas termina resultando muy caro. Tan caro que se suele pagar con una recesión económica. Trump ya ha anunciado un recorte de impuestos que se estima va a costar al erario 1.5 billones de dólares en los próximos diez años. Pero además, el Congreso dio luz verde una propuesta presupuestaria que incrementará el gasto federal en 300,000 millones de dólares en los próximos dos.   

Los estropicios fiscales ya se pueden detectar. En el  año fiscal de 2017, que concluyó en septiembre, el déficit fue de 665,700 mdd, superior a los 585,600  mdd del año previo. Y desde octubre a enero, en el actual curso fiscal, el déficit ya es de 176,000 millones de dólares, o un incremento del 11% respecto al mismo período del año pasado. Para pagar ese mayor agujero fiscal, el Tesoro de Estados Unidos tendrá que vender más deuda: sus propias estimaciones, para este 2018, son de 995,000 millones de dólares (mdd), lo que supone un brutal incremento del 78% respecto a 559,000 mdd en 2017. Pero además, para 2019 pronostican una emisión de 1.083 billones y para 2020 de 1.128 billones. Es decir, en los próximos tres años tendrán que emitir algo así como 3.2 billones.

Por tanto, se precisa que los inversionistas compren mucha deuda en dólares. Pero ¿quién va a querer comprar? Los ahorradores estadounidenses no lo ven como la mejor opción: comprar bonos de renta fija no parece buena alternativa, menos cuando la inflación va al alza. La Reserva Federal, que hasta hace poco compraba bonos gubernamentales como parte de su plan de estímulos económicos, ahora lo que quiere es deshacerse de su propia deuda, lo que agrava el problema de sobreoferta de papel. China, aquejado por las tensiones con Trump, parece menos proclive a financiarle sus excesos, y los países de la OPEP, que venden menos petróleo a Estados Unidos ante su autosuficiencia energética, reciben menos dólares para comprarle deuda. Por tanto, el dólar no parece un lugar atractivo para depositar los ahorros y, ante la recuperación económica global, miran hacia otros destinos. Por eso el dólar pierde valor, y el resto de monedas del mundo se aprecian. Para seducir a los inversionistas, a Estados Unidos no les queda más que remunerar mejor el dólar, pagar más en intereses: el problema es que el aumento de tasas encarece el costo del servicio de la deuda, lo que acentúa el problema fiscal y, sobre todo, amenaza con minar la expansión económica y hacer estallar la burbuja bursátil. 

El otro déficit gemelo, el externo, también ha de tenerse en cuenta. En diciembre, el déficit comercial excluyendo el petróleo se incrementó a una cifra récord de 50,000 mdd. El Secretario de Tesoro, Steve Mnuchin, ha dicho que la reciente depreciación del dólar no le preocupa: que mejorará la competitividad de Estados Unidos. Y sí, los productos estadounidenses son más baratos, lo que alienta las exportaciones. Lo que sucede es que la demanda estadounidense se ha fortalecido ante el mayor dinamismo económico, lo que también ha incrementado las importaciones. Y éstas cada vez son más caras por la propia depreciación del dólar. Por tanto, el aumento de las importaciones está sobrepasando al de las exportaciones y está deteriorando el déficit externo.

Así las cosas, la debilidad del dólar se espera genere dos beneficios a la economía estadounidense: uno, que impulse las exportaciones; y dos, que favorezca a las grandes multinacionales, ésas con ventas masivas en los mercados mundiales y que, a la hora de repatriar utilidades, vean cómo se inflan al convertirlos en dólares, más ahora que reciben un mejor tratamiento fiscal.

Pero la propia depreciación del dólar también tiene costos: ahuyenta su atractivo para atraer capitales foráneos y, además, genera inflación a través del encarecimiento de los bienes importados.  En enero, los precios a la importación aumentaron un 1.0%, comparado con 0.6% que esperaba el  consenso del mercado. Con esto, la tasa anual se aceleró a 3.6% comparado con 3.0% del consenso, otra mala noticia para la Fed y los mercados.

A Trump siempre le ha gustado vivir por encima de sus posibilidades y está entrando en una era de indisciplina y despilfarro cuando Estados Unidos menos lo necesita. Él es el “rey de la deuda”, y su largo historial de quiebras y bancarrotas así lo atestiguan. Ahora su fiesta está en pleno apogeo. Veremos cómo termina cuando le toque pagar toda la farra.

INFOGRAFÍA

Desde su máximo de enero 2017, el Índice del Dólar Spot de Bloomberg se ha hundido un 12.4%. La rápida y desordenada depreciación del dólar no es fácil de explicar cuando EU ha fortalecido su crecimiento, Wall Street vuela y el dólar se remunera mejor. La correlación positiva entre la tasa de 2 años y el dólar se ha roto, y pese al virulento aumento de tasas, el dólar ha perdido valor…

Fuente: Bloomberg

 

… desde el mejor nivel de enero de 2017, todas las principales divisas del mundo han  ganado terreno contra el dólar, sean del los países desarrollados o emergentes. El euro descuella con un 19.3%. Pero también destaca la libra esterlina pese al Brexit (14.6%) o el yen (10.8%). Entre las emergentes, el peso ha trepado un 14.1% pese al TLCAN, la inflación o las elecciones presidenciales…

Fuente. Bloomberg

 

… nos tememos que la causa del desdén hacia el dólar están en Trump. El “el rey de la deuda” está resucitando el fantasma de los “déficits gemelos”. La propia Casa Blanca ha revisado al alza sus expectativas de déficit para el 2018 y 2019 entre el año pasado y ahora. Para el 2019, el déficit previsto es de 984,000 mdd vs 526,000 mdd el año pasado. Un Comité lo ve en 1.2 billones…

Fuente: Oficina de Gestión y Presupuesto (OMB) de la Casa Blanca

 

… además, la depreciación del dólar no ha servido para corregir el déficit comercial. El robusto crecimiento económico ha favorecido a las importaciones, que a su vez se han encarecido por un dólar más barato. El resultado es que en diciembre, el déficit comercial excluyendo productos petroleros alcanzó una cifra de 50,000 mdd, lo que significa un nuevo récord histórico.

Fuente: Bloomberg

 

 

 

 

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