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¿Qué sigue igual y qué ha cambiado en el PIB de EU con Donald Trump?

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El viernes se publicó el PIB para el segundo trimestre en Estados Unidos. Se trataba de la primera cifra que reflejaba el crecimiento de la economía estadounidense para un trimestre completo bajo la égida de Donald Trump. Según el reporte de la Oficina de Análisis Económico (BEA por sus siglas en ingés), la economía se expandió un 2.6% en el segundo trimestre,  comparado con 1.2% en el primero, cifra que fue revisada a la baja de un número preliminar de 1.4%. La economía creció, por tanto, algo por debajo de lo esperado por los analistas (2.7%) y no generó gran excitación entre los inversionistas. Wall Street cerró algo desangelado, sin un rumbo claro: el Dow Jones avanzó un 0.15% y encadenó su tercer récord consecutivo, pero el Nasdaq cedió un 0.12% y el S&P’s 500 un 0.13%.

Que la economía rebotara en el segundo trimestre del año no es noticia. Es un patrón que se observa  con cierta regularidad. Suele ser bastante recurrente que la economía se congele en invierno por las adversidades climáticas para luego reverdecer con la primavera. Ya pasó algo así el año pasado (un magro 0.6% en el primer trimestre para acelerarse a un 2.2% en el segundo) o en el 2014 (-0.9% en el primero y 4.6% en el segundo).

Por otro lado, que el PIB se expandiera a una tasa de 2.6% tampoco es para tirar cohetes. Está lejos de las cifras explosivas que promete el presidente Donald Trump y que tendrían que materializarse para ver a la economía estadounidense crecer a tasas superiores al 3%, como ha reivindicado.

Lo más que se puede decir es que la llegada de Trump, en lo que se refiere a la senda de crecimiento, no se ha notado. Su llegada a la Casa Blanca no ha logrado romper la dinámica de crecimiento que heredó de la administración de Barack Obama ni para bien ni para mal: ni para detonar una expansión más vigorosa ni para provocar una recesión. En esencia, en los primreos meses de Trump el crecimiento se ha mantenido en la misma inercia, ha traído más de lo mismo. Tampoco habría de esperarse que cambiara algo: Trump, desde que llegó a Washinton, no la logrado sacar ninguna política adelante. El mayor empeño lo ha puesto en derogar el “Obamacare”, el plan de salud de Obama, y siempre con rotundos fracasos. El viernes pasado volvía a sufrir otra amarga derrota en el Senado. ¿Y de lo demás? Pues no hay nada de su plan de recorte de impuestos, ni de sus proyectos de infraestructura, ni de sus reformas desregulatorias, ni de lo que va a pasar con el Tratado de Libre Comercio (TLC), cuyas negociaciones se espera que inicien a mitad de agosto.

Por tanto, todo sigue igual. Así, durante la primera mitad del año la expansión del PIB fue de 1.9%, lo que corrobora esa recuperación a paso lento, pero firme, que ha caracterizado a este ciclo de crecimiento de la economía estadounidense. No es muy diferente de la tasa observada durante todo el 2016 (1.6%), ni de la expectativa del FMI para todo el 2017 (2.1%) ni del promedio de crecimiento obervado desde el final de la Gran Recesión (2.1%). Este ciclo de expansión ecómica, sí, ya dura 96 meses y es el tercero más longevo de la historia de Estados Unidos. Sin embargo, también es el que ha registrado el crecimiento más mediocre desde la II Guera Mundial. Y con Trump, eso no ha cambiado, al menos de momento.

En lo que se refiere a la composición del PIB, tampoco su estructura ha cambiado mucho, si bien habría que señalar tres observaciones: uno, el consumo privado podría haber fortalecido sus fundamentales; dos, la inversión fija no residencial ha recobrado algo de dinamismo; y tres, la apuesta por el gasto miliar de Trump ya se percibe en las cuentas públicas.

La vitalidad del gasto de consumo, que representa en torno a un 70% del PIB, es fundamental para sostener el actual ciclo de crecimiento en Estados Unidos. Y con Donald Trump parecen haber mejorado las condiciones del consumo privado. La confianza del consumidor se ha trepado con Trump y está cerca de máximos no vistos en 16 años, y el formidable rally de las bolsas que él detonó junto con el aumento de los precios de las casas puede fortalecer el consumo a través del “efecto riqueza”. A eso hay que sumar que el empleo ha seguido creciendo a buen ritmo, que la reciente disminución de la inflación  ha mejorado algo los salarios en términos reales, y que las tasas de interés permanecen en niveles bajos. Pues bien, el consumo privado se aceleró a 2.8%  en el segundo trimestre tras una tasa de 1.9% en el primero (revisado al alza de una cifra preliminar de 1.1%). Aun así, el promedio observado en la primera mitad del año (2.4%) es algo inferior al del mismo período del año pasado (2.8%).

El otro rubro que parece gozar de mejores bases es la inversión fija no residencial. Su política de promover la inversión a través del “America First”, de la desregulación y abandono del Acuerdo de París,  de sus promesas de recortar impuestos y proyectar grandes inversiones en infraestructura ha impulsado la confianza de los empresarios y ha alentado el gasto en capital. Eso es especialmente cierto para la inversión fija en equipo: la tasa de ese rubro casi se duplicó a 8.2% comparado con 4.4% en el primero, y fue la más elevada desde el tercer trimestre de 2015 (+10.0%). Sin embargo, la fortaleza de ese componente se vio más que contrarrestado por la desaceleración del la inversión fija en estructuras (fábricas, malls, oficinas y pozos petroleros), que se frenó a 4.9% comparado con 14.8% en el primer trimestre, y el de productos de propiead intelectual, que se ralentizó a 1.4% frente a 5.7% en el trimestre previo. Aun así, la inversión fija no residencial se expandió a una firme tasa de 5.2% tas aumentar un 7.2% en el primer trimestre, lo que sí revela que el gasto en capital ha recobrado dinamismo. La expansión de la inversión no residencial en el primer semestre sería la más boyante desde el año 2014.

Finalmente, su fervor militarista quedó plasmado en un notable incremento en el rubro de defensa nacional del gasto federal. Dicho componente aumentó a una tasa de 5.2% en el segundo trimestre tras haberse contraído en los dos trimestres previos. Esa expansión se realizó a costa del gasto de no defensa, que incluye las políticas sociales (-1.9%) y del gasto estatal (-0.2%). Aun así, el saldo fue de un incremento del gasto federal de 0.7%.

En consecuencia, la senda de crecimiento permanece intacta en Estados Unidos, y todo parece indicar que la economía cuenta con buenos fundamentos para que dicho ritmo permanezca con nosotros e incluso se fortalezca ligeramente, pero sin alcanzar la tasa de 3.0% que promete Trump. Sí, no es nada espectacular, pero ha funcionado. La economía estadounidense lleva ya ocho años de crecimiento initerrumpido y ha logrado sortear varios contratiempos, como la grave crisis de deuda europea. Además, Estados Unidos no sólo ha recuperado todos los empleos perdidos durante la crisis sino que se ha acercado de nuevo al pleno empleo, lo que ha permitido incrementar los ingresos, fortalecer el gasto de consumo y sanear la hoja de balance de las familias propiciando un mayor ahorro. Que Estados Unidos vaya bien, aunque sin deslumbrar, es bueno para la economía mexicana: hoy se publicará el PIB para el segundo trimestre y todo parece indicar que su economía resistió bien (en llamadinero.com estimamos una expansión de 1.9% en el período). El viernes, será el turno del dato de empleo de Estados Unidos.

INFOGRAFÍA

El viernes se publicó el PIB para el segundo trimestre de EU, el primero completo bajo la égida de Trump. La economía se recuperó y creció a una tasa de 2.6% comparado con 1.2% en elprimer trimestre. Pero se debió a factores temporales más que a elementos fundamentales: la economía tiende a congelarse en el primer trimestre y reverdece durante el primaveral segundo, como sucedió también en 2016 y 2014…

 

Fuente: Oficina de Análisis Económico de EU (BEA en inglés)

 

… el motor de la recuperación se explica por el gasto de consumo. Con la primavera, los consumidores regresan a los malls de compras, lo que se reflejó sobre todo en el consumo de bienes que brincó de 0.7% a 4.7%. Aun así, el consumo luce bien: bajo Trump ha mejorado la confianza de los estadounidenses y han subido las bolsas, lo que favorece el gasto. Además, el empleo crece y las tasas permanecen bajas…

Fuente: Oficina de Análisis Económico de EU (BEA en inglés)

 

… la inversión fija no residencial tambien parece haberse revitalizado. Creció un nada desdeñable 5.2% tras expandirse un 7.2% en el primero. Eso significaría una sustancial mejora respecto al ritmo observado en los dos últimos años. Trump ha elevado la confianza empresarial bajo su promesa de quere favorecer el clima de inversión (“America First”, desregulación, recorte de impuestos, infraestructura) 

Fuente: Oficina de Análisis Económico de EU (BEA en inglés)

 

… otro rubro que sorprendió fue del del gasto en defensa nacional, subrayando su promesa de incrementar el presupuesto en defensa bajo una política de corte belicista. El gastode gobierno aumentó un 0.7% derivado del virulento aumento del gasto en defensa nacional (5.2%), lo que contrasta con las políticas de recorte militar de Obama. Esa tasa es la más elevada desde el segundo trimetre de 2011.

Fuente: Oficina de Análisis Económico de EU (BEA en inglés)

 

 

 

 

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