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Trump y el Acuerdo de París: China se hace el amo contra el cambio climático

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Años cada vez más tórridos y sofocantes. Una tendencia que, de seguir, puede desencadenar  verdaderas catástrofes climáticas: deshielos masivos, mares que aumentan de nivel y devoran lenguas de tierra, sequías desvastadoras, tormentas cada vez más violentas y dañinas. Los científicos ya no discuten si es el hombre el que se está acabando el planeta. El consenso es abrumador: consideran, con una probabilidad superior al 95%, que la mayor parte del calentamiento de la Tierra es resultado de la acción humana. Y tienen detectada la causa: la emisión de gases de efecto invernadero, en esencia, dióxido de carbono (CO2), metano y óxido nitroso. Esos gases provienen de la combustión de carburantes fósiles (petróleo, gas y carbón), de la deforestación, de la fabricación de cemento, o del uso de fertilizanes nitrogenados en las labores agrícolas, acciones en muchos casos fundamentales para generar crecimiento económico y mejorar el bienestar del hombre en su paso por la Tierra.

Así las cosas, el reto también es claro, y muy difícil de lograr: cómo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero al tiempo que se mitiga su impacto en el desarrollo económico, sobre todo en los países en vías de desarrollo, aquellos en los que el crecimiento y el empleo más depende de las actividades contaminantes propias del sector industrial. La respuesta, en buena medida, también está ya sobre la mesa: que los combustibles fósiles cuya combustión generan la mayor parte de los gases de efecto invernadero permanezcan enterrados en tanto se apuesta por las energías limpias y renovables, y se mejora la eficiencia energética de vehículos, edificios y ciudades.

Ahora bien, como los grandes retos de la humanidad, no sólo este climático, sino también los demográficos, los financieros y tantos otros, se precisa de la acción solidaria de las naciones. En un mundo que cada vez está más globalizado, el rumbo del planeta es colectivo y, en consecuencia, esos grandes problemas deben ser abordados  en un marco de cooperación institucionalizada entre los Estados. Es decir, o vamos todos de la mano o no tiene sentido.

Y así, en esa carrera frenética contra el calentamiento de la Tierra fue como surgió, en diciembre de 2015, el Acuerdo de París, el mayor compromiso global para combatir el cambio climático, un compromiso al que están adheridos casi 200 países y cuyas excepciones son países de escaso calado como Siria, en su eterna guerra civil, y Nicaragua. El acuerdo fue presentado como la última esperanza para lograr el objetivo de que el aumento de la temperatura en la Tierra no supere los 2 grados Celsius (3.6 grados Farenheit) en este siglo respecto a sus niveles preindustriales que es, según la comunidad científica, el máximo calentamiento que el planeta puede soportar antes de que el cambio climático se convierta en algo letal y se traduzca, según sus modelos climáticos, en grandes desastres naturales. En su versión más ambiciosa, el objetivo sería contener el calentamiento terrestre en 1.5 grados sobre sus niveles preindustriales, una línea más segura para eludir los peores impactos derivados del cambio climático.

¿Cómo lograrlo? Pues como decíamos, una parte esencial del plan es mantener buena parte de las reservas de combustibles fósiles en el subsuelo de la Tierra. Según las estimaciones de las Naciones Unidas (ONU), desde 1750 se han emitido 531,000 millones de toneladas métricas de gases de efecto invernadero a través de las actividades contaminantes del hombre, no sólo la combustión de carburantes fósiles, sino también por deforestación o fabricación de cemento. Y según sus propias cifras, el techo de emisiones se ubicaría en 840,000 millones de toneladas. De mantenerse el nivel de emisiones por debajo de esa frontera,  existe un 50% de posibilidades de lograr el objetivo de la ONU de restringir el calentamiento por debajo de los 2 grados centígrados. Por tanto, la humanidad ya ha recorrido más de un 60% del tenebroso camino hacia el objetivo de los 2 grados y, en consecuencia, el margen de maniobra se empieza a apretar. En caso de superar esa barrera de emisiones e irse hasta los 880,000 millones de toneladas, las probabilidades de cumplir con el objetivo de 2 grados centígrados se reducirían a un 33%, en tanto que si se situara en 800,000 millones, la probabilidad aumentaría a un 66%. 

Pues bien, ¿cuántas reservas de combustibles fósiles existen en el subsuelo con potencial de añadirse a las emisiones de gases de efecto invernadero? Un estudio de la London School of Economics señala que las reservas de combustibles de las empresas listadas en bolsa, las cuales representan un cuarto de las reservas totales, equivaldrían a una emisión de 762,000 millones de toneladas de dióxido de carbono, y esa cantidad de CO2 equivaldría a 208,000 millones de toneladas de gases de efecto invernadero. Para la Agencia Internacional de Energía, dos tercios de las reservas probadas de combustibles fósiles nunca deberían de ser extraídas.

 

Por eso es crucial  limitar las futuras emisiones de dióxido de carbono provenientes de la combustión de carburantes fósiles, sobre todo de parte de los países más contaminantes. ¿Y quiénes son? En el 2015, el 27% del total de las emisiones globales de gas de efecto invernadero proveniente de la producción energética correspondían a China, seguido por Estados Unidos con un 16%, la Unión Europea con un 10% y la India con un 7%.

Pero ahora Trump y su “America First” quiere romper su compromiso con el Acuerdo de París, un “fraude” en el que Estados Unidos envía dinero de los contribuyentes para que a cambio haya pocas exigencias medioambientales sobre países como China y la India. Sin embargo, y como sucede en cada hueco que deja Trump, China ya ha levantado la mano para asumir, también en este tema, el liderazgo. A partir del martes acogerá en Beijing la Octava Conferencia Ministerial de Energía Limpia en tanto el gobernador de California, Jerry Brown, visitará el país asiático para ratificar su compromiso en el combate contra el cambio climático.

Aunque Trump diga lo contrario,  China, asfixiado por la rampante contaminación (la calidad del aire de Beijing superó los estándares durante 179 días el año pasado) y siendo el mayor consumidor de carbón, es un país comprometido con el cambio climático. Desde el 2012 es la nación que más invierte en energías limpias: desde ese año ha invertido 384,700 millones de dólares (mdd) en energías limpias y en lo que llevamos de año sigue a la cabeza. Según las cifras de Bloomberg, hasta la fecha, China ha invertido 48,100 mdd en energías limpias comparado con 32,600 mdd de Estados Unidos y 9,600 mdd en Japón.  Lo bueno es que la caída de los costos de inversión para las energías limpias está incentivando una mutación más rápida de los combustibles fósiles a los renovables: en el 2016, la instalación de capacidad energética renovable alcanzó un nuevo récord y fue casi el doble de la observada para los combustibles fósiles, si bien el monto invertido fue de 241,600 mdd, una caída del 23% respecto al año previo y la más baja desde 2013.

Que se retire Estados Unidos del Acuerdo de París no es bueno. Puede detonar un efecto dominó que haga que nuevos países se sumen o relajen sus compromisos. Y sin brújula política es muy difícil que funcione el mundo. Lo peor es que la desorientación de Trump está haciendo que también abandone otros pactos globales fundamentales como los financieros de Basilea. Y así con todo.

INFOGRAFÍA

El aumento de las temperaturas ha sido trepidante. En el gráfico se compara el cambio en la temperatura en la superficie de la Tierra del promedio anual respecto al promedio observado en el período de 1951-1980. 16 de los últimos 17 años han sido los más calurosos en los 136 años en los que existe registro, siendo el último promedio anual de 0.99 grados centígrados…

Fuente: NASA. Global Climate Change

 

… el objetivo del Acuerdo de París es que a lo largo de este siglo las temperaturas no aumenten más de 2 grados centígrados respecto a la etapa preindustrial. Para eso es crucial limitar las emisiones de gas de efecto invernadero. Estados Unidos, que era el país más contaminante en 1990, es ahora el segundo tras China, un país que basa su crecimiento en el sector industrial… 

Fuente: Bloomberg

 

.. la transición de las energías basadas en combustibles fósiles a las energías renovables como la eólica o la solar se puede apreciar en el aumento de la inversión que ha sucedido en los últimos años. La instalación de capacidad energética renovable alcanzó un recórd en el 2016, si bien la inversión se redujo ante la caída de los costos de producción: se obtuvo más por menos… 

Fuente: Bloomberg

 

… aunque Estados Unidos critica a China, la realidad es que desde el 2012 es el país del mundo que más invierte en energía renovables, una prioridad para el gobierno chino ante los elevados niveles de contaminación. En el 2016 invirtió 78,300 mdd comparado con 46,400 mdd de Estados Unidos o 59,000 mdd de todo Europa. La salida de EU del pacto puede provocar un efecto dominó.

Fuente: Bloomberg. En miles de millones de dólares. 

 

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