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Ataque de EU a Siria: Y el presidente Donald Trump tomó su fusil

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Se ha visto que a Donald Trump, durante el poco tiempo que lleva en la Casa Blanca, el traje de presidente le queda grande, por lo que de la noche a la mañana se enfundó su uniforme mimetizado de comandante en jefe y tomó su fusil, a ver si le quedaba mejor.

El traje de presidente le queda a grande a Trump porque la estricta división de poderes en Estados Unidos no le ha permitido hacer realidad sus tuits y promesas de campaña. Los tuits, sí, funcionan muy bien. Pero luego expide una orden ejecutiva que prohíbe el ingreso a Estados Unidos de ciudadanos de países musulmanes y el poder judicial se lo bloqueaba; o manda al Capitolio un proyecto para revocar el “Obamacare” y reemplazarlo por su propuesta de salud, y el Congreso se lo tumba. Para su frustración, tampoco ha logrado colocar a muchos de sus hombres en el gobierno dado que no han logrado pasar la criba del Senado.

De cara al futuro, tampoco parece que vaya a tener un recorrido fácil su plan de recorte de impuestos, donde hasta ahora sólo se tiene un galimatías de declaraciones más que un proyecto concreto; ni su colosal plan de infraestructura de un billón de dólares, donde tampoco parece que haya un programa definido. La propuesta de desmantelar la ley Dodd-Frank para desregular al sistema financiero también se está topando con voces opositoras, además de que tendrá que enfrentarse a la resistencia internacional al tratarse en buena medida de normas globales.

Para colmo, el presidente está siendo investigado por el FBI por los nexos que él y su equipo de campaña pudieron tener con el gobierno ruso durante las elecciones presidenciales y la posibilidad de que la hayan manipulado, y su don de gentes lo ha ido perdiendo, lo que se ha traducido en un descenso en sus niveles de popularidad.

El último envite lo tenía con el presidente chino Xi Jinping. Luego de poner en duda la política de “una China”, Trump se retractó y afirmó que la respetaría. Pero sacar una victoria de la reunión, por mucho que lo invitara a su mansión y se mostrara lo más amigable que pudo, no era sencillo. Por tanto, en medio de esa mediocridad, de esa percepción de derrota, al presidente y a su equipo se le ocurrió un golpe de efecto, fácil y vistoso, en un esfuerzo por lavar la imagen de Trump: atacar a Siria.

Así, una hora después de terminada la cena oficial con Xi Jinping, Trump se quitó su traje de presidente y se ciñó el de comandante en jefe. Y se dio cuenta de todo su poder, que casi tan fácil como escribir un tuit es ordenar un ataque sobre un país a miles de kilómetros de distancia y que, ahora sí, te hagan caso. Para eso no precisa la aprobación del Congreso ni una resolución de la Naciones Unidas. Por primera vez supo lo que era decir una cosa y que, al instante, se cumpliera.

La acción militar en sí no soluciona nada. Fueron cuatro minutos de fuegos artificiales Tomahawk un poco para la galería. En un principio, la estrategia logró lo que se proponía: ser efectista, ofrecer una mejor cara del presidente de Estados Unidos. Por primera vez, Donald Trump se vio resolutivo, con capacidad ejecutiva. Además, y tras el agrio enfrentamiento entre republicanos y demócratas por el “Obamacare” y otras políticas, logró el respaldo mayoritario de ambos bandos. También recibió el aplauso de la comunidad internacional, de sus aliados tradicionales, que andaban un tanto desencantados por la tibieza de Obama en la región: la OTAN, la Unión Europea, Turquía, Israel y Arabia Saudí (rival del régimen iraní y sirio) consideraron que la respuesta estadounidense era adecuada ante el uso de armas químicas del gobierno sirio, en tanto la ONU pidió “contención”. A su vez, la operación bélica sirvió para distanciarse, oportunamente, del gobierno ruso, en un momento en el que las evidencias sobre las alianzas entre Trump y su equipo de campaña con el gobierno ruso empezaban a cercar a la nueva administración. Y de paso, hace aparecer a su antecesor, Barack Obama, como un presidente pusilánime que fue engañado por el presidente sirio, Bachar El Asad. Obama, durante su administración, se resistió a la opción militar en Siria y prefirió negociar con El Asad un programa de desarme y destrucción de arsenales químicos, programa que parece fallido tras el ataque del gobierno sirio a la población civil con gas sarín del pasado martes.

La jugada, por tanto, le salió perfecta a Trump. De una sola patada se anotó varios tantos y, por fin, puede saborear su primera victoria política. Ahora bien, fue una victoria menor, momentánea, de diez minutos. A cambio, el costo de esta resolución poco meditada será muy alto: su ataque a Siria amenaza con romper el equilibrio estratégico mundial y revela que, al igual que en la política económica, su estrategia militar es veleidosa e impredecible.

En efecto, él que se declaraba aislacionista, que reiteraba que Estados Unidos no era el guardián del mundo y que la guerra de Siria no era su problema, con esta acción militar devela varias implicaciones. Uno, tendrá que verse si se trata de una acción asilada o si pretende terminar con el régimen de Bachar El Asad, un asunto mucho más espinoso; dos, el presidente sirio, de la rama chií del Islam, es aliado de Rusia. Pero también del régimen chií de Irán y del grupo islámico libanés Hezbolá. Intentar derrocar a El Asad implicaría entrar en conflicto con Rusia e Irán. De hecho, Rusia, Irán y Hezbolá advirtieron ayer a Estados Unidos que otro ataque a Siria implicará represalias; tres, la cooperación de Rusia es fundamental para el objetivo primordial de la región: la liquidación de las bases terroristas del Estados Islámico. En consecuencia, Estados Unidos tendrá que cuidar su relación con el gobierno sirio para evitar una colisión con Rusia; cuatro, el ataque, a su vez, parece una advertencia sobre Irán, un país que también ha venido desarrollando un programa nuclear y al que Obama le levantó las sanciones económicas; y cinco, la intervención en Siria se anunció con el presidente chino Xi Jinping en casa de Trump, toda una demostración de poder. Estados Unidos exige una mayor cooperación de China para acabar con el programa nuclear de Corea de Norte o amenaza con una respuesta por cuenta propia, sin descartar una intervención militar. El fin de semana, Estados Unidos desplegaba buques de guerra frente a la península de Corea.

El secretario de Estado, Rex Tillerson, tendrá espacio durante esta semana para limar asperezas. Hoy y mañana se reunirá en Italia con los ministros de asuntos exteriores del G-7, con los que mantendrá reuniones bilaterales. Pero además, el miércoles volará a Moscú para reunirse con su colega ruso, Sergei Lavrov. Y hablarán de Siria, pero también del Estados Islámico, de Ucrania, y de Corea del Norte.       

Por consiguiente, esta semana será un Via Crucis de incertidumbre en el ámbito geopolítico que posiblemente no siente muy bien a los mercados. Trump, que se siente fracasado y frustrado en casa porque la separación de poderes le limita su capacidad ejecutiva como presidente, ha encontrado en su papel de comandante en jefe todo un filón de poder, y se puede ver tentado a usar la fuerza. No hay que olvidar, en ese sentido, que Trump propone incrementar el gasto en defensa en 54,000 millones de dólares (mdd) en el 2018 a costa de programas sociales. Entre tanto, ayer en Washington, en pleno Domingo de Ramos, Trump era recibido en olor a multitudes y hojas de palma, como si el ataque a Siria lo elevara a redentor del mundo. 

INFOGRAFÍA

La semana pasada estuvo repleta de acontecimientos sorpresivos, entre ellos el ataque con misiles de Estados Unidos a Siria y un dato de empleo mucho más débil de lo pronosticado. Sin embargo, Wall Street no se espantó: sigue cerca de sus récords históricos y la volatilidad es muy baja. El índice VIX de volatilidad encadenó su jornada 103 por debajo de 15, su mejor racha desde 2007…

Fuente: Bloomberg

… sin embargo, sí se ha dejado sentir en el ánimo del mercado. El sentimiento “bull” se ha ido desinflando y el jueves cerró en 28.3, su nivel más bajo desde que llegó Trump a la presidencia, cuando poco después de su victoria llegó casi a 50. Por el contrario, el sentimiento “bear” se ha ido asentado en el mercado y su última cifra fue de 39.6, por encima del nivel “bull”…  

Fuente: Bloomberg

… pese a esa tranquilidad, sí hubo impactos en el mercado. Uno de los más notorios fue sobre el mercado petrolero. El barril de WTI aumentó un 1.0% el viernes. Aunque Siria no es un productor importante de crudo, sí hace frontera con Irak, el segundo mayor productor de petróleo de la OPEP. Además, el ataque tensó la relación con Rusia y con Irán, aliados de Siria…

 

Fuente: Bloomberg

… precisamente el mercado que más sufrió el ataque sobre Siria fue el ruso, ante el riesgo de que se deterioren las relaciones entre Trump y Putin. El viernes, el rublo ruso fue la peor divisa del mundo, al perder un 1.5%, en tanto el peso mexicano destacó con una apreciación del 0.4%. En la bolsa, el índice RTS de Rusia se hundió un 3.1% en dólares en tanto la bolsa mexicana trepó un 1.2%.

Fuente: Bloomberg

 

 

 

 

 

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