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¿Qué explica el idilio de Trump con Putin?

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Casi tan importante como los temas económicos que manejará Donald Trump cuando asuma la presidencia es la cuestión de cómo será su relación política y estratégica con el resto del mundo. En términos geopolíticos hay muchos intereses sobre la mesa, y también mucho nerviosismo sobre cómo será el nuevo orden mundial que pretende establecer durante su mandato. Quizás el más intrigante es por qué Trump ha desplegado ese discurso tan alabancioso y empalagoso hacia el presidente ruso, Vladimir Putin.  

Sorprende porque tradicionalmente los  republicanos han mostrado una posición muy antagonista con Rusia, aun después del final de la Guerra Fría. Con Vladimir Putin, un ex-agente de la KGB que ascendió al poder en el año 2000, las cosas no fueron distintas: su carrera se ha cimentado por su confrontación con Estados Unidos y su deseo de reposicionar a Moscú como el gran centro de poder que fue durante la época de la Unión Soviética.

Sin embargo, el presidente electo Trump, rompiendo con la tradicional beligerancia republicana hacia Rusia, ha mostrado un amor hacia Putin que raya la idolatría. Las razones que se han especulado para explicar ese idilio son muchas. ¿Ayudó Putin a Trump para salir de alguna de sus numerosas bancarrotas?. ¿Tiene Trump negocios con Putin en Rusia, luego de que organizara el concurso de Miss Universo en Moscú en el año 2013?. ¿Posee Putin información tan comprometedora de Trump, como se ha conjeturado en algunos recientes reportes, que lo tiene chantajeado?

El caso es que parece que Putin ayudó a Trump a ganar las elecciones presidenciales del 8 de noviembre: “hackeó” el sistema del Comité Nacional del partido Demócrata y entregó sus correos a Wikileaks, y divulgó informaciones falsas en los  medios para dañar la campaña de Hillary Clinton.

¿Por qué Putin tuvo interés en ayudar a poner a Trump en la presidencia de Estados Unidos? Quizás sean ciertas algunas de las consideraciones de negocios y chantajes que se barajan. Pero su mayor interés reside en que Trump le puede ayudar en su sueño de reconstruir la grandeza de Moscú, sobre todo en la órbita de lo que fue la Unión Soviética.

Trump, el antisistema, ha criticado a la OTAN, se ha mostrado distante con la Unión Europea y no parece congeniar con sus actuales líderes. Por el contrario, parece más propenso a querer despedazar el club europeo: ha afirmado que el Brexit “es una gran cosa”, que la Unión Europea está al borde del colapso, ha atacado la política migratoria de Alemania que ha calificado de “error catastrófico”, ha amenazado a las firmas automotrices germanas con imponerle aranceles, y simpática con la ultraderechista francesa Marine Le Pen, del Frente Nacional, quien amenaza con someter a referéndum su pertenencia a la Unión Europea y a la moneda única.

La OTAN y la Unión Europea son las dos grandes instituciones que ponen freno a los anhelos expansionistas de Putin, y que  protegen la seguridad y la democracia en la zona de influencia rusa. Si Trump debilita a ambas restándoles apoyo, a Putin se le abrirán oportunidades para llevar a cabo su agenda imperialista, la cual tuvo un gran golpe maestro con la anexión de Crimea en el 2014. La represalia  de occidente, incapaz de dar una respuesta militar a la anexión rusa, consistió en imponer sanciones económicas y políticas a Rusia.

En otra gran muestra de afecto, el presidente electo, Donald Trump, se muestra partidario de levantar dichas sanciones. ¿A cambio de qué? El líder estadounidense indicó que a cambio de un acuerdo para rebajar el arsenal nuclear. Pero eso parece que fue una ocurrencia del momento: ni Rusia parece muy dispuesta a reducir su arsenal nuclear, o al menos el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, no se dio por enterado de la propuesta de Trump; ni Estados Unidos posiblemente quiera perseguir esa política, o al menos está en contradicción con uno de los tuits de Trump publicados en diciembre en el que manifestaba la necesidad de Estados Unidos de “reforzar y expandir enormemente su capacidad nuclear hasta que el mundo entre en razón respecto a las armas nucleares”.

El caso es que los dos líderes quieren reiniciar una nueva relación bilateral basada en “la igualdad, el respeto mutuo y la no interferencia del otro en sus asuntos internos”. Como lo ha puesto Lavrov quieren reabrir un diálogo sobre “estabilidad estratégica”, que suena a algo así como a repartirse el mundo sin que el uno se meta con el otro hasta que Rusia se posicione como una fuerza dominante en el mundo de poder igual al de Estados Unidos. El interés de Putin es obvio, y ningún líder mundial habría deseado más la victoria de Trump que él. Ahora bien, el interés de Trump por esa alianza es menos claro y veremos si el idilio dura mucho o los intereses estratégicos de cada uno terminan por hacer colisión.  

Las demandas de Putin a Trump se pueden enumerar: por supuesto, levantar las sanciones que se impusieron por la anexión de la península de Crimea. Entre ellas, la congelación de activos de algunos amigotes de Putin que se supone mueven el dinero del presidente. También que Estados Unidos reconozca la anexión de Crimea, algo que ninguna de las grandes naciones ha accedido a reconocer: sería la primera vez que se modifican las fronteras europeas por la fuerza desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Pareciera, por lo tuiteado por Trump, que tampoco tendría inconveniente en aceptar la demanda de Putin. El tercer punto caliente es Siria: Putin es aliado del presidente sirio Bashar al Asad, por lo que pedirá combatir el terrorismo islámico juntos, pero sin derrocar a Al Asad. Finalmente, vendrá el punto más caliente: recuperar su hegemonía en toda esa área de influencia que suponen las ex-repúblicas soviéticas, así como Europa oriental y central. El nerviosismo ya se ha asentado en Ucrania así como en los países bálticos.   

Pero las demandas de Trump a Putin se desconocen. Y poco le puede ofrecer al presidente estadounidense. ¿Serán esos negocios o ese silencio sobre asuntos escabrosos de Trump que mencionan algunos medios a través de informes de los servicios de inteligencia? Puede ser. En un principio, Trump puede estar dispuesto a aceptar algunas concesiones frente a una Rusia cada vez más agresiva. Pero no creemos dure mucho: tarde o temprano las pretensiones rusas terminarán por afectar a los intereses estadounidenses y el romance darse abruptamente por terminado.  

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