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A un mes de su victoria, ¿qué dicen los mercados sobre la era Trump?

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Hoy se cumple el primer mes de la victoria de Donald Trump. Y aunque no se sabe exactamente el programa económico que aplicará el presiente electo, sí se saben sus líneas generales. Los mercados financieros reaccionaron en consecuencia: Wall Street se lanzó a por nuevos récords, el mercado de bonos global registró su peor mes desde al menos 1990, y el dólar se fortaleció de forma significativa contra el resto de las monedas. De ese comportamiento se puede inferir el diagnóstico que el mercado está realizando sobre la economía estadounidense en la era de Trump: en el corto plazo se puede producir un “boom” alimentada por una burbuja de crédito; en el mediano plazo, la economía tendrá que sobrellevar los efectos negativos de esa política de excesos.  

Sí, en el corto plazo la economía estadounidense puede entrar en una senda de expansión por encima de la observada en los últimos años. Habrá recortes de impuestos, aumento del gasto público en infraestructura y defensa y desregulación en sectores como el financiero o el energético. Eso es bueno para las perspectivas de crecimiento de corto plazo y, por tanto, para los beneficios corporativos. Los recortes de impuestos acrecentarán los ingresos que los consumidores y empresarios disponen para comprar e invertir, el gasto público engrosará la demanda agregada, el empleo crecerá, los salarios repuntarán y el consumo privado, principal bastión de la economía estadounidense, se robustecerá. Eso es lo que celebra el parqué neoyorquino… y posiblemente dure un buen tiempo.

En consecuencia, el rally de Trump está en pleno apogeo. Ayer, el Dow Jones y el S&P’s 500 cerraron en nuevos máximos históricos. Desde que ganó Trump, el Dow se ha disparado un 6.6% y el S&P’s 500 un 4.8%. El Nasdaq, más rezagado, ha avanzado un 3.9%. Ahora bien, los capitales han rotado de los sectores más defensivos, aquellos cuyo atractivo era el dividendo y su seguridad,  a los más cíclicos, aquellos más ligados al crecimiento económico. Así, desde el pasado 8 de noviembre, el sector de servicios de agua, gas y electricidad ha descendido un 4.2%, el de consumo básico un 2.6% y el de salud  un 0.9%. Sin embargo, el financiero, muy golpeado durante buena parte de 2016, se ha disparado un 17.3% desde que ganó Trump impulsado por la promesa de una menor regulación, el industrial un 9.5% espoleado por los conglomerados de infraestructura y defensa, el energético un 8.5% (con algo de ayuda de la OPEP), el de materiales básico un 8.0% y el de consumo discrecional un 6.4%. Ahí descuellan empresas financieras como Bank of America (+32.7%), Goldman Sachs (33.9%),  JP Morgan (+24.1%) y American Express (13.4%); petroleras como Transocean (+49.5%) o Chesapeake (+39.1%), y de construcción como Caterpillar (18.3%).

Al mismo tiempo que esa receta generará una mayor vitalidad económica y ganancias corporativas más jugosas en Estados Unidos, sus excesos significarán déficits públicos más abultados, mayores niveles de deuda y tasas de inflación más elevadas. Y eso es malo para el mercado de bonos de renta fija y las perspectivas económicas de mediano plazo. Por un lado, el incremento en las necesidades de financiamiento significará una mayor oferta de papel para cubrirlas, lo que implicará un abaratamiento del precio de los bonos (o la exigencia de mayores tasas de interés). Por otro lado, el incremento de la inflación deprimirá  el rendimiento real de los títulos de renta fija, por lo que los inversionistas pedirán tasas más altas que los compensen por esa mayor inflación.

Como resultado de esos dos efectos, la renta fija ha saltado por los aires en este último mes y las tasas han brincado con violencia en Estados Unidos. La tasa de 10 años se ha incrementado en 49 puntos base (pbs) para situarse en 2.34% al cierre de ayer, si bien llegó a tocar en estos día un máximo de 2.45%, la más elevada desde julio del año pasado. Las mayores tasas de interés ya se están filtrando a las tasas de las hipotecas y de otros préstamos que tienen como referencia la tasa de 10 años, lo que ya está encareciendo el crédito en sectores sensibles como la vivienda, autos u otros bienes duraderos. Esa tendencia se espera que prosiga el año que viene.

De hecho, ante un escenario más adverso de deuda e inflación, la Reserva Federal (Fed) tendrá que recalibrar sus pronósticos de política monetaria. Al menos, eso es lo que anticipa el mercado. La Fed, en sus últimas estimaciones, preveía un incremento de 25 pbs en la reunión del 14 de diciembre para situar la tasa de referencia entre en 0.5%-0.75%, y dos aumentos adicionales en el 2017 para situarla en un rango de entre 1-1.25%. Actualmente, los futuros de los fondos federales asignan una probabilidad de 32% a ese escenario, cuando hace un mes apenas era de 13%. Además, incorpora una probabilidad del 17% a un rango de entre 1.25% a 1.5% cuando un mes antes apenas era de 3.0%. 

De momento, el precio de las acciones han volado y el de los bonos se ha derrumbado al unísono. Eso ha sido posible porque partíamos de niveles de tasas de interés muy bajos. Pero si las tasas siguen incrementándose derivado de las políticas de Trump, terminará por afectar negativamente al consumo y la inversión, al crecimiento económico, a las utilidades y al mercado bursátil. El ex-presidente de la Fed, Alan Greenspan, prevé que como resultado de la aceleración en el crecimiento económico y el repunte inflacionario, la tasa de 10 años de Estados Unidos se puede ir al 5%. Veremos si con Trumop se acaba el mercado “bull” de los bonos que empezó hace treinta años con Paul Volcker.

La expectativa de un mayor auge económico en Estados Unidos acompañado de tasas de interés más altas significará una más atractiva rentabilidad de los activos denominados en dólares. Los capitales, seducidos por esas expectativas, fluyen hacia Estados Unidos, lo que ha detonado una fuerte apreciación del dólar. El  índice spot del dólar de Bloomberg, contra una canasta de 10 divisas, se ha apreciado un 3.6%. El peso se ha depreciado desde la victoria de Trump un 10% seguido del yen (-7.6%) o el real brasileño (-6.6%). El euro se ha debilitado un 2.4%. De entre las grandes divisas, sólo han resistido la libra esterlina (+2.0%) y el dólar candiense (+0.4%). La fortaleza del dólar puede deprimir las utilidades de las multinacionales estadounidenses por dos vías: reducción en las exportaciones y menores ingresos en dólares al repatriar las ganancias.

Por tanto, el mercado descuenta un “boom” en la economía de Estados Unidos en el corto plazo, pero plagado de excesos que pasarán factura en el mediano plazo a través de unas mayores tasas de interés que socavaría la recuperación estadounidense. En el resto del mundo, el “America First” de Trump no ha generado muchas alegrías: el rally de Wall Street ha contagiado a las bolsas globales, al temerse que la ola proteccionista de Trump afecte a los flujos comerciales, en tanto el aumento de las tasas en Estados Unidos sí se ha trasladado a todo el mundo, lo que obstaculizará la recuperación. En ese escenario, México ha sido el más perjudicado: no sólo por la divisa mexicana, la más debilitada de entre las principales monedas del planeta, sino porque el Índice de Precios y Cotizaciones ha caído, en pesos, un 5.9% (que se ensancha a un 14.8% al convertirlo en dólares), en tanto la tasa de 10 años de México ha trepado 103 pbs desde la victoria de Trump a 7.19%, el mayor incremento observado en el mundo.

INFOGRAFÍA

La victoria de Trump ha traído un gran rally Wall Street ante la expectativa de que sus políticas impulsen el crecimiento y las utilidades en el corto plazo. El Dow y el S&P’s 500 están en récord. Desde su triunfo el Dow se ha disparado un 6.6% espoleado por las empresas financieras y cíclicas como Goldman Sachs (33.9%), JP Morgan (24.1%), Caterpillar (18.3%) o General Electric (11.1%)…  

Fuente: Bloomberg

… el “America First” de Trump, si bien ha impulsado a Wall Street, no ha contagiado al resto del mundo. Pese a que su administración podría impulsar a la economía estadounidense, también se espera que sus políticas proteccionistas desalienten el comercio internacional y afecte a los flujos comerciales. La bolsa de México, una de las más afectadas, se ha deprimido tanto en pesos como en dólares…

Fuente: Bloomberg

… ahora bien, ese crecimiento que se espera para la economía estadounidense en el corto plazo estará espoleado por políticas fiscales expansivas y normativas más laxas que pueden generar excesos. El mercado estadounidense se ha adelantado a las expectativas de desequilibrios fiscales e inflación elevando las tasas de interés en Estados Unidos, lo que ha repercutido en todo el mundo…

Fuente: Bloomberg

… ese incremento de las tasas a nivel global no sólo podrá mermar, en el mediano plazo, el crecimiento económico global, sino que además ha propiciado una fuerte apreciación del dólar frente al resto de divisas del mundo. La fortaleza del dólar puede afectar a las corporaciones estadounidenses a través de una disminución de las exportaciones y menores utilidades repatriadas.

 

Fuente: Bloomberg

 

 

 

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