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Los trabajadores de EU pagarán los errores antiglobalización de Trump

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La propaganda sigue siendo la mejor arma de Donald Trump. Todavía no es presidente de Estados Unidos pero ya está trabajando contra la globalización, buscando cómo cantar a los cuatro vientos que él sí cumple las promesas de campaña, que ya no se irán los empleos de la manufactura estadounidense a México u otro país donde el costo del empleo es comparativamente más barato.  Así, desde un principio entró en contacto con los directores ejecutivos de las compañías estadounidenses que planeaban trasladar operaciones a México para negociar los términos para que no emigren.

Primero fue Ford. El 17 de noviembre, el presidente electo se jactó de que ya había logrado que la empresa automotriz diera marcha atrás en sus planes de trasladar una fábrica de producción de autos a México y que la mantendría en Kentucky. El jueves pasado fue Carrier, la unidad de aire acondicionado de United Technologies. La empresa mantendrá cerca de 800 empleos en Indiana a cambio de incentivos fiscales por 7 millones de dólares. El viernes supimos que ya tiene  a otra compañía en la mira: Rexnord, una empresa dedicada a las soluciones industriales como rodamientos, reductores, engranes y cadenas de ingeniería.

Sin embargo, en todas esas declaraciones, que difunde vía Twitter, hay bastante cinismo. Ford quizás no produzca en México sus vehículos de lujo Lincoln. Pero mantiene sus planes de construir una planta de ensamblaje en San Luis Potosí por 1,600 millones de dólares, donde a partir de 2018 empezará a producir autos pequeños como el Focus o el C-Max. En el caso de Carrier, y pese a los beneficios que ofrece Trump, la compañía todavía programa trasladar 1,300 empleos a México.

De estos primeros escarceos de Trump con Ford y Carrier se pueden llegar a algunas conclusiones preliminares sobre las intenciones del presidente electo y sus errores con su política antiglobalización. 

Primero, y al menos de lo visto hasta ahora, la realidad dista mucho de lo prometido. No está salvando, ni mucho menos, todos los  empleos que proclamaba, pese a lo que difunde con sus tuits. Y a las corporaciones que tenían planes de cerrar sus puertas en Estados Unidos para desplazarse a otro país, más que castigarlas con aranceles, las está premiando con beneficios, exenciones fiscales, subsidios. Por tanto, y como se suele decir, del dicho al hecho hay un trecho.

Segundo, ¿es ésa es la forma con la que Trump trataría con mano dura a las grandes corporaciones, combatiría la desigualdad y ayudaría al obrero de las fábricas? Por salvar un puñado de empleos, recortará los impuestos  a las grandes corporaciones, a los grandes propietarios. ¿Y quién pagará por esos beneficios que recibirá la clase acaudalada de Estados Unidos? Los contribuyentes, la clase media, los trabajadores. Por tanto, serán los asalariados del sector servicios los que pagarán a los empresarios industriales para que al menos mantengan a  un puñado de trabajadores manufactureros en Estados Unidos.

Tercero, sin duda esos incentivos son un excelente negocio para la clase empresarial y están generando un perverso precedente: incita a las empresas estadounidenses a chantajear al presidente Trump anunciando que planea trasladarse a México con el objeto de recibir un trato fiscal favorable por parte de la administración. Hasta las empresas que no planeaban irse a México se verán tentadas a anunciar proyectos en su vecino del sur.

Cuarto,  esa política de incentivos fiscales que ahora proclama Trump, exactamente la opuesta de la que pregonó en campaña, nos indica por dónde irán los tiros durante su administración: va a gastar mucho, y de manera irresponsable. Va a ser a través de crédito, de deuda, como Trump va a financiar el crecimiento en el corto plazo. Y para que esa política funcione a todo trapo, también planea deshacer las políticas de regulación y supervisión de la banca, para que puedan volver a prestar con las manos abiertas y los ojos cerrados. El mercado ya lo está descontando: trepan las bolsas, pues esa estrategia puede impulsar el crecimiento económico en el corto plazo; pero se hunden los precios de los bonos (o suben las tasas de interés) conscientes de que tarde o temprano tendrán que seducir a los inversionistas con intereses más jugosos para pagar esa mayor deuda.

Quinto, esa política no es, por tanto, sostenible. ¿Hasta cuándo podrá sacar Trump dinero de los contribuyentes para recompensar a todas las empresas estadounidenses que están planteando mover sus fábricas fuera de Estados Unidos?  ¿Cuál es la capacidad de la administración para poder negociar, uno por uno, con cada gran corporación, las condiciones para que no se desplacen fuera de Estados Unidos tal y como hizo con Carrier?

Además, y éste es el sexto punto, tanto la reacción de Trump como de las empresas delata que así no se puede combatir los efectos perniciosos de la globalización sobre determinados sectores de la economía. En primer lugar, hay un error de origen: la pérdida de empleos en la manufactura no se debe a la globalización sino, fundamentalmente, a los avances tecnológicos, a la automatización de los precios, a las ganancias de productividad. Y en segundo lugar, aquellos empleos de los que siga precisando la manufactura, que cada vez son menos, los empresarios tratarán de contratarlos allá donde puedan realizar el mismo trabajo percibiendo un salario menor. Por eso, y pese a los incentivos fiscales de Trump, Ford y Carrier seguirán creando empleos en México incitados por un salario de 3 dólares la hora.

Por tanto, obstruir el libre comercio a estas alturas, con una economía global tan integrada, más entre Estados Unidos y México, tiene más efectos perniciosos que beneficios. No se logrará detener el declive del empleo manufacturero, cada vez más robotizado; ni se evitará que las empresas tiendan a soslayar cualquier regulación con tal de ubicarse allá donde los costos sean más barato; lo único que logrará será entorpecer los procesos de producción así como encarecer los costos y el producto final; y eso, a quien más perjudica es la consumidor de a pie, a la clase media. Un estudio elaborado por el Consejo de Asesores Económicos titulado “Los Beneficios Económicos del Comercio de Estados Unidos” estima que los consumidores de ingresos medios obtienen una ganancia del 29% en su poder de compra derivado del libre comercio.

Por tanto, la política de Trump es la peor de todas, pues impone todo el costo de su estrategia sobre la clase media: primero, porque va a subvencionar los recortes de impuestos a las grandes corporaciones; y segundo, porque si el resultado de las políticas comerciales de Trump es un encarecimiento de los costos que el empresario trasladará al consumidor final a través de una mayor inflación, entonces  se verá mermado su poder adquisitivo, acrecentándose la ya de por sí brutal desigualdad.

Si la política de Trump iba destinada a paliar los efectos negativos de la globalización sobre el empleo y la distribución de la renta, su receta no parece la mejor. Sí, se puede y se debe trabajar más en compensar a los perdedores de la ola globalizadora; pero la solución no es regresar a los tiempos del jardín de infancia, a ese proteccionismo xenófobo donde las frustraciones domésticas se desahogan en el rostro del extranjero.

INFOGRAFÍA

Donald Trump pretende combatir la pérdida de pujanza del sector manufacturero en Estados Unidos. En 1970 un 25.1% del empleo total era manufacturero, y en el año de 1993, antes de la entrada en vigor del TLCAN, era 15.1%. En el 2015, el peso del empleo manufacturero era de 8.7%. La pérdida de esa pujanza no es el libre comercio sino, esencialmente, las ganancias de productividad…

Fuente: Oficina de Estadísticas Laborales EU (BLS por sus siglas en inglés)

… por otro lado, Trump prometió en campaña combatir la desigualdad y trabajar para el americano de a pie, ése cuyos ingresos han crecido de manera moderada en relación al aumento vertiginoso de los ingresos del quintil más alto de ingresos, y que especialmente se ha visto muy desfavorecido respecto al aumento de los ingresos del percentil más alto…  

Fuente: CBO Data

… sin embargo, Trump se ha decantado por premiar a las grandes corporaciones de EU que tienen planes de trasladar el empleo a otros países con recortes de impuestos en vez de castigarlos con aranceles, lo cual será pagado por la clase media. Además,  es esa clase media la que se verá afectada por el aumento de la inflación consecuencia del proteccionismo de Trump… 

 

Fuente: Consejo de Asesores de EU. Oficina Ejecutiva del Presidente de EU. “Los beneficios del Comercio de EU”.

… la política de reducir impuestos a las corporaciones y de provocar crecimiento a través de la deuda, aunado a los riesgos inflacionarios que implica las políticas de Trump, empieza a ser descontado por los mercados. Noviembre fue el peor mes para el mercado de bonos de EU desde diciembre de 2009, y a nivel global el mercado de bonos registró pérdidas por 1.7 billones de dólares. 

 

Fuente: Departamento del Tesoro de EU

 

 

 

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