El discurso de Yellen: quiero subir pero no sé si puedo

  • Imprimir
Ratio:  / 0
MaloBueno 

La presidenta de la Fed, Janet Yellen, en esa política de mayor transparencia que quiere conducir el banco central, no explica con pelos y señales todo el dilema que se traen dentro del Comité de Mercado Abierto de la Fed (FOMC). Y el principal mensaje es que sí, que quieren subir antes de que acabe el año, ella incluida. Pero que no saben si podrán.

Casi toda el discurso lo centra en la dinámica de precios. De hecho, así se llamaba el texto que presentó en la Universidad de Massachusetts: “La dinámica de la inflación y la política monetaria”.

Ella parte de una serie de premisas: uno, que la recuperación económica seguirá su curso y la tasa de desempleo cayendo, contribuyendo a que se reduzca la capacidad ociosa en el mercado laboral y que repunten los costos laborales. En ese sentido, subraya que si bien la tasa de desempleo se encuentra en niveles consistentes en el pasado con un mercado de trabajo en pleno empleo, la actuales circunstancias, con un elevado número de “desesperanzados”, una baja tasa de participación y alto porcentaje de trabajadores que quieren trabajar a tiempo completo y sólo encuentra empleos a tiempo parcial, hace que la actual lectura, de 5.1%, no refleja correctamente la actual capacidad ociosa del mercado laboral.

Dos, que pese a que la inflación se ha comportado por debajo del objetivo de 2.0%, se debe básicamente a factores especiales que pueden resultar transitorios, y que son la caída de los precios de la energía, y la deflación proveniente de los precios importados debido a la apreciación del dólar. Mucho menos relevante es la capacidad ociosa en el mercado laboral, reflejada en bajas presiones en el costo del trabajo, y lo que aglutina en otro componente llamado “otros factores” y que incluye el precio de los alimentos. La Fed estima que una vez que esos factores se disipen, la inflación general medido por el deflactor del gasto de consumo, podría rebotar a algo así como 1.5% en el 2016 desde un nivel que se prevé sea de 0.4% en el 2015 siempre y cuando, insiste, “se excluya otra caída sustancial en los precios del crudo y el dólar no sufra apreciaciones adicionales notorias”.

Y tres, asume que las expectativas de inflación de largo plazo están bien ancladas y cercanas al 2.0%, lo que contribuirá a que la inflación se dirija a ese nivel en el mediano plazo.  

 Bajo ese escenario, la Fed prevé que la inflación se dirija al objetivo de 2.0% gradualmente al tiempo que la tasa de desempleo siga reduciéndose y se sitúe incluso por debajo del nivel considerado como la tasa natural de desempleo, o aquella que se estima prevalezca en el largo plazo. Esa evolución esperada se sustenta en dos observaciones: en primer lugar, que la tasa de interés de los fondos federales está por debajo del nivel que es consistente con una economía que crece cerca de su potencial; y dos, que esperan que los contratiempos que actualmente atraviesa la economía (China, caída de los precios de las materias primas, volatilidad financiera) se desvanezca y la tendencia subyacente de la economía, en consecuencia, se fortaleza.  

Si se cumple eso, concluye Yellen, y teniendo en cuenta que la política monetaria actúa con retardo sobre la actividad real, la Fed debería empezar a subir tasas este año para acercarse al nivel consistente con su actual ritmo de expansión, y continuar incrementándolo de manera gradual conforme el mercado laboral sigue mejorando y la inflación regresa paulatinamente al objetivo de 2.0%.

Yellen insistió en que el momento exacto en el que la Fed empice a subir no es de mayor importancia, y que lo importante es tener en cuenta que el aumento de tasas será muy gradual en el futuro, aunque siempre teniendo en cuenta la evolución de los indicadores de empleo e inflación.

Hasta ahí el escenario ideal que manejan. Si se cumple ella está, al parecer, entre los 13 colegas de la Fed de 17 que estiman que existen las condiciones para que la Fed suba las tasas de interés este año por primera vez en ocho años. Retrasarlo, nos dice, puede implicar que en el futuro tengan que subir las tasas de forma más abrupta para evitar que la economía se les sobrecaliente y rebasen los objetivos de empleo e inflación. Y un alza de tasas violenta pude generar disrupciones en los mercados e incluso provocar una recesión. Además, mantener por mucho más tiempo las tasas tan bajas puede incitar un apalancamiento excesivo y otras formas inapropiadas de toma de riesgos que pueden socavar la estabilidad financiera futura. Por eso es mejor empezar antes y ser gradual que tardarse mucho y actuar de manera más precipitada.

 Ahora bien, Yellen no las tiene todas consigo. Por ejemplo no tiene claro cuánto va a durar y cómo van a afectar a las expectativas de la economía estadounidense la actual desaceleración de China y volatilidad de los mercados financieros. Y reconoce que el débil comportamiento de las exportaciones, resultado de la apreciación del dólar y la debilidad global, está restringiendo el crecimiento económico.

Sin embargo, lo que más le preocupa es el comportamiento de la inflación y cómo puede afectar a las expectativas de precios del mercado. Aunque ella cree que las expectativas inflacionarias están bien ancladas en torno a 2.0%, no es prudente que la Fed lo tome como un hecho: teme que la persistencia de una inflación demasiado baja por mucho tiempo desamarre esas expectativas y se debiliten, afectando a la credibilidad de la Fed. Y esa credibilidad para anclar las expectativas de precios no es algo que se gane “fácilmente o rápidamente”. Y en ese sentido sostiene que esa preocupación refuerza la percepción de que es apropiada la actual política monetaria, la cual permanece altamente acomodaticia para los estándares históricos y está dirigida a ayudar a que la inflación regrese al objetivo de 2.0% en el mediano plazo.

De modo que ella quiere subir y desea que las condiciones le permitan: pero los acontecimientos externos junto con una inflación que permanece demasiado baja sigue siendo algo que le sigue incomodando sobremanera. Será muy importante escudriñar bien los datos e interpretarlos con mucho cuidado para intentar adelantarse a la decisión de si la Fed subirá antes de que acabe el año, o tendrán que retrasarlo.