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Arquitecto de Dodd-Frank arremete: la nueva regulación es mejor que Glass-Steagall

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Barney Frank, Congresista democrata en la Cámara de Representantes, es el arquitecto que diseñó una de las más grandes reformas financieras que llevan su nombre: “La Ley Dodd-Frank”, y que mañana cumplirá 5 años de haber entrado en vigor.

A últimas fechas, la Dodd-Frank es criticada por diestra y Siniestra. Los liberales han acusado de un tremendo costo la aplicación de la ley, y de tremendas fisuras que carcomen la legislación, especialmente porque la separación tácita de su aplicación (los 50 mil millones de dólares en activos que separan a  un Banco de otro según ésta ley) ha excedido sus beneficios para los bancos pequeños, algo que hasta la propia Janet Yellen, el jueves pasado, ante el Comité Bancario del Senado, se vio obligada a reconocer.

Y no sólo eso, Yellen dijo tener una postura favorable para que el umbral relativo al tamaño de activos (los 50 mil millones de dólares) pueda ampliarse.

Pero la crítica más fuerte que quizás hasta ahora se le ha hecho a Dodd-Frank, no viene desde los Think Tankers de Wall-street, y su ejército de abogados e ingenieros financieros; sino de la propia izquierda demócrata que dio a nacer la actual legislación.

La pugna la lidera  Elizabeth Warren, una demócrata auto-declarada como progresista, y cuyo nombre en las salas de Wall-street causa resquemor, se ha gastado varias semanas en discutir que la Dodd-Frank es “demasiado blanda” para regular a todos los pillos bancarios que se beneficiaron de la crisis del 2008.

Su solución no está en ir hacia adelante, sino hacia el pasado, de regreso a 1933, con la Ley Glass-Steagall, y separar una vez más la banca comercial, que cuida de los depositantes; del “casino”, o la banca de inversión.

De acuerdo con la legisladora, una nueva Glass-Steagall disminuiría el predomino de los bancos más grandes, y minimizaría el riesgo de que los responsables políticos tengan que elegir en algún futuro entre un nuevo rescate a una institución financiera “demasiado grande para caer”, o provocar un colapso sistémico. En otras palabras, sería la forma de eludir el famoso Riesgo Moral que genera el Prestamista de última Instancia llevada a su máxima expresión.

Pues bien, a los oídos de Barney Frank, quien se encuentra ya retirado, han llegado estas críticas, y muy irónico ha respondido: “Bueno, algunas personas aún piensan que la tierra es plana”.

Para el arquitecto de la Dodd-Frank, la nueva regulación ha terminado con los Too big to fail por la sencilla razón de que prohíbe los rescates del gobierno a las instituciones que son insolventes. Aunque reconoció que en un futuro, siempre puede haber un Congreso presa del pánico financiero que reautorice los rescates cambiando la propia ley.

Pero para Barney, el buscar sustituir la Dodd-Frank, por una Glass-Steagall del siglo XXI sería perder el tiempo porque “no se resuelven los problemas esenciales”.

De hecho, en su opinión, la falla de la regulación en derivados hizo más por precipitar la crisis del 2008 que la propia derogación de la Glass-Steagall, cuyas restricciones nunca habrían permitido que el colapso de Lehman Brothers se transmitiese como lo hizo.

“ [La Glass-Steagll] es una declaración formal de que hay bancos que son demasiado grandes para caer y que debemos separarlos” dijo Fran en Clinton Hill a través de una entrevista que concedió al Financial Times “No creo que el tamaño sea el único problema. Canadá hace muy bien las cosas, por ejemplo, con un puñado de grandes bancos”.

Sin embargo, actuales legisladores miran con mucho cuidado que JP Morgan, Bank of America, Wells Fargo, Citibank y US Bank, poseen más del 44% de los activos estadounidenses comerciales, y que su nivel de concentración se ha incrementado incluso después de la Dodd-Frank.

La ley simplemente no los detiene, y han encontrado la forma por hacer crecer sus hojas de balance por encima de lo que la ley buscaría como un óptimo.

La discusión parece oportuna, porque ante las nuevas elecciones para la presidencia de Estados Unidos, los contendientes demócratas como Bernie Sanders, o Martin O´Malley, estan haciendo campaña promoviendo la reinstalación de la Glass-Steagall.

Frank por su parte, ha ofrecido su conocimiento al bando de Hillary Clinton, quien a lo más se ha pronunciado por “ir más allá de la ley Dodd-Frank” cuando habla de una nueva gestión de riesgos financieros.

“El problema que tengo [con la Glass-Steagall]” continua diciendo Barney Frank “es que si se rompen  [los bancos] ¿cómo lo hacemos?, ¿cuál es el tamaño adecuado de un banco?... creo que su propia definición podría ser un poco desestabilizador”.

Lo cierto es que mañana se cumplen 5 años de esta ley, que fue creada para prevenir a Estados Unidos de otra crisis semejante a la de 2008, pero todos se preguntan si esta tarea no le habrá quedado demasiado alta a esta legislación: ¿Estados Unidos puede en serio argumentar que llegados a la situación, dejaría quebrar a Goldman and Sachs, por ejemplo?, lo dudamos.

 

Fran dice que su ley tiene dos caminos por los que se puede recorrer, y mejorar: 1) los requerimientos de capital, donde su une con Basilea; y 2) en las restricciones sobre derivados. Pero es bastante escéptico por dar un paso atrás hacia la Glass-Steagall.

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