Miércoles, Noviembre 20, 2019
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Piketty al Financial Times: ¡están haciendo el ridículo!

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Estos días han sonado a coro las ofensivas contra el best seller Thomas Piketty, todos los neoconservadores se han unido en santa cruzada para encontrarle errores al argumento del libro “The Capital in the Twenty-First Century.

Recordemos que  la obra de Thomas Piketty “Capital in the Twenty-First Century”, un voluminoso y detallado estudio de más de 700 páginas traducidas del francés sobre la desigualdad en los ingresos, es la obra más vendida en el sitio de ventas por internet, Amazon, y  ha roto casi todos los récord de venta de Harvard University Press.  En el libro demuestra cómo la riqueza y los ingresos del uno por ciento y el  diez por ciento de la población más opulenta, especialmente en Estados Unidos, ha alcanzado sus mayores niveles desde 1928, y plantea argumentos bastante serios sobre los mecanismos implícitos del capitalismo para concentrar la riqueza y de cómo esta desigualdad, en vez de fomentar el dinamismo económico y el bienestar común, amenaza más bien con frenarlo.

Según Piketty, el principal motor de la desigualdad radica en que el retorno neto de los activos de capital, los que poseen los ciudadanos más acaudalados, tiende a ser superior a la tasa de crecimiento económico. En este sentido “Capital…” toca una fibra sensible en E.U el país que tiene entre sus creencias más arraigadas la igualdad de oportunidades pero que, tras emerger de una de las peores recesiones de las últimas décadas, descubre que el ascensor social está atascado y la prosperidad de las clases medias peligra. (leer más: El fenómeno Piketty agita el debate de la desigualdad)

Por tanto los enemigos que puede ganarse el discurso del señor Piketty no son muchos, pero si son los enemigos más poderosos, al menos económicamente, de la tierra y era evidente que no tardarían en salir duras críticas a la obra para intentar, primero desprestigiarla y después guardarla en el cajón del olvido.

Las acusaciones

El primero en tirar fue el Financial Times el cual acusó a Piketty de estar manipulando los datos, y que las proyecciones que hace para las épocas en las que no había información no están bien fundamentadas, y que, además, el método utilizado para distintos países refleja un uso “tendencioso de las cifras” para sostener su tesis principal, de que la riqueza heredada ha aumentado a mayor velocidad que el crecimiento económico en los últimos 300 años.(Para ver la nota sobre la crítica del Financial Times a Piketty: ¡El libro de Piketty con errores estilo Reinhart-Rogoff! Dice el Financial Times).

En suma el FT ha dicho que el francés,  ha hecho “mal sus sumas” y que los “datos que soportan las 577 páginas del profesor contienen una serie de errores que sesgan sus hallazgos”. A partir de ahí, con el barullo generado muchos han intentado apresurar un juicio definitivo sobre la obra: tiene errores de cálculo y por tanto no son validas sus tesis.

El diario afirmaba haber encontrado “errores y entradas inexplicables en sus hojas de cálculo, similares a las que el año pasado socavaron el trabajo sobre la deuda pública elaborado por Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff. El tema central de la obra de Piketty es que las desigualdades de renta están volviendo a niveles vistos por última vez antes de la Primera Guerra Mundial. La investigación pone en duda esta afirmación, indicando que hay pocas evidencias en las fuentes originales del economista que confirmen su tesis de que una proporción creciente de la riqueza total está en manos de unos pocos ricos”, destacaba el diario inglés. 

Además señaló el diario, “una vez que Financial Times ha limpiado y simplificado sus datos, las cifras europeas no muestran ninguna tendencia hacia el aumento de la desigualdad de la riqueza a partir de 1970”. Es más, el periódico añadía: “Un especialista independiente en el cálculo de la desigualdad comparte las preocupaciones de FT”.

La respuesta 

Piketty ofreció una detallada respuesta técnica al FT de 10 hojas en las que precisa los problemas con la disponibilidad de datos, pero ofrece una serie de sustentos teóricos y estadísticos para probar que las precisiones a los datos que pudieran existir, no afectan sus conclusiones centrales en ningún sentido.

Señala que le da la bienvenida a las críticas y que está muy feliz de que el libro contribuya a estimular el debate sobre el tema de la inequidad de la riqueza. Pero que el problema con la crítica del FT va en dos sentidos: en primer término no encuentra una crítica constructiva en los argumentos del FT: “FT sugiere que se han cometido errores y omisiones en los cálculos, los cuales son en realidad errores simples como demuestro, las correcciones son particularmente menores y no afectan el cálculo de largo plazo ni el análisis general contrario a lo que sugiere FT” y, en segundo lugar, las correcciones elegidas por el FT están basadas en una metodología bastante cuestionada y el FT simplemente decidió ignorar el estudio de Saez-Zucman 2014 que está claramente reportado en el libro y en el cual se precisan los problemas de utilizar la metodología que uso el FT y que además refuerzan las conclusiones de sus cálculos.

En el mensaje, Piketty sostiene que los informes académicos más recientes, difundidos tras la publicación de su libro —en 2013 en Francia y en abril en EE UU— no echan por tierra su tesis sino que, “al contrario, refuerzan” los resultados del libro y la conclusión de que la concentración de la riqueza ha aumentado.

A pesar de que, como ha reconocido Piketty, los datos pueden mejorarse y debiera haber más transparencia en las cifras sobre la riqueza,el autor  señaló que “El Financial Times está haciendo el ridículo” al cuestionar la tendencia al alza en la concentración de la riqueza entre los más acaudalados.También ha añadido en declaraciones a AFP que el  FT “está siendo deshonesto al sugerir que esto cambia las conclusiones que hago, cuando en realidad no cambia nada (…) estudios más recientes apoyan mis conclusiones, usando fuentes distintas”.

En el mismo FT , Piketty declaró   que ha usado “un conjunto muy diverso y heterogéneo de las fuentes de datos (en el que) hay que hacer una serie de ajustes al bruto. No tengo ninguna duda de que mis datos históricos se pueden mejorar y se mejorarán en el futuro”. Y concluía: “pero estaría muy sorprendido si alguna de las conclusiones acerca de la evolución a largo plazo de la distribución de la riqueza se ven muy afectadas por esta mejora”.

Ha señalado que precisamente mantiene los archivos de los cálculos en línea y totalmente abiertos precisamente para promover un debate transparente acerca de estas importantes y sensibles cifras; al mismo tiempo que señala que las estadísticas sobre la inequidad de la riqueza son bastante menos sistemáticas que las cifras sobre la inequidad del ingreso y que precisamente por ello el promueve la idea de una política fiscal sobre la riqueza, la coordinación internacional y un cambio automático de la información bancaria entre países.  

¿Qué sigue para Piketty y su obra The Capital (…)?

Lo que más conviene al discurso de la élite económica es que la obra de Pikkety regrese a donde, según ellos, nunca debió haber salido: a la academia. Allá entre un grupo de científicos de carácter flemático es donde lo preferirían y no en los debates públicos entre demócratas y republicanos y menos aún en las calles y en las protestas globales.

 Pero si el debate de la desigualdad y las políticas públicas para contrarrestarla se  hiciera generalizado, gracias a  Albert O. Hirschman, uno de los grandes pilares de la economía del desarrollo, ya sabemos cómo será criticado.

Albert Hirschman en Retoricas de Intransigencia –The Rethoric of Reaction- analizó algunas de las claves en el debate contra los argumentos de izquierda por parte del pensamiento conservador. El señaló que habitualmente los neoconservadores atacaban las políticas públicas a favor de la distribución del ingreso, especialmente en contra del Estado del bienestar, con tres líneas argumentativas bastante simples –casi tics retóricos, argumentos bastante endebles y reiterados, clichés, reflejos automáticos, metáforas y obviedades-: tesis de la perversidad, tesis de la futilidad y tesis del riesgo.

La primer tesis, la de la perversidad dirá que cualquier intento de política pública por remediar un problema, o mejorar algún rasgo del orden político, social o económico sólo servirá  para exacerbar la condición que se desea remediar; la tesis de la futilidad, sostiene que toda tentativa de reforma será inútil porque la sociedad y la economía están regidas por leyes naturales inalterables; y, la tesis del riesgo, que sostiene que el coste del cambio o reforma propuesto es demasiado alto dado que pone en peligro algún logro previo y apreciado.

Pues, más o menos en este tenor irán las críticas contra el best seller de economía, primero se dirá que las medidas para contrarrestar la desigualdad serán contraproducentes, que serán inútiles y después que son demasiado riesgosas.

 

 

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