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Por qué pensamos que los malos datos de EE.UU. no sólo son por el clima.

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Después de prácticamente dos meses desde que la Reserva Federal comenzó a disminuir su ritmo de compras de activos desde 85,000 millones de dólares al mes a (hasta ahora) 65,000 millones de dólares al mes, la economía de Estados Unidos ha sufrido algunos reveses en indicadores clave para la política monetaria del banco central norteamericano. Sin embargo, la época en que se comenzó con el tapering nos ha impedido ver claramente qué parte de los reveses han sido causados por factores estacionales y qué parte han sido consecuencia de la reducción del estímulo.

Si bien en los primeros días de enero parecía que los únicos datos que podían tener un sesgo a la baja en la recuperación fortalecida que veía la Fed en sus últimas dos reuniones era el empleo, al día de hoy pareciera que en realidad son pocos los datos que realmente reflejan dicha recuperación y aunque lo más fácil sería achacarlo al mal clima que han sufrido algunas de las ciudades más importantes, es preciso revisar a fondo para encontrar más detalles.

Sabemos que tanto diciembre como enero son malos meses para la actividad económica debido al mal tiempo. Mientras la construcción se suspende la actividad industrial suele contraerse en ciertos segmentos lo cual podría ser razón suficiente para pensar que los pocos empleos creados durante la última parte del año están justificados.

Sin embargo, las cosas podrían ser seriamente peor. Mientras que la peor parte del empleo se vio en diciembre donde la pérdida de puestos de trabajo fue la mayor desde hace dos años, en enero la realidad fue otra. La caída del empleo en términos netos durante enero fue mucho menor a la que se había dado en los últimos cuatro años.

Esto quiere decir que pese al mal clima durante enero, en realidad los datos duros nos dijeron que el mes no fue del todo negativo en comparación con otros años, lo cual podría darnos una señal de que la estacionalidad no es el único “sesgo estadístico” que está dañando a los indicadores económicos.

En Llamadinero hemos dado un seguimiento especial tanto a los indicadores económicos con a los de mercado, y hemos encontrado algunas anomalías que podrían sugerirnos que en realidad la tendencia viene desde más atrás y que la estacionalidad no es el problema más grave de Yellen.

Dentro de lo que podríamos llamar “indicadores de alta sensibilidad estacional” tenemos sin duda a los puestos de trabajo creados durante un mes y publicados por la oficina de estadísticas laborales (BLS). Los datos de diciembre y enero fueron poco alentadores en términos de recuperación pero en las dos reuniones de política monetaria que ha habido después de estos, el comunicado ha expresado una confianza total en que hayan sido producidos por las inclemencias del tiempo, en especial porque los datos de ventas minoristas y producción industrial habían convencido.

Pese a ello, durante diciembre la brecha entre contrataciones nuevas y despidos fue la más estrecha desde agosto de 2012, sí, un mes antes de que comenzara el QE3. La razón de que se haya hecho caso omiso a este indicador es que el promedio de los dos meses anteriores había tenido la diferencia más holgada desde febrero de 2012, por lo que hasta aquí, todo es “causas de dios” (así le llaman en Project Finance a las inclemencias que no se pueden evitar).

En el caso de los subsidios el matiz podría ser mixto. Pese a ser un indicador de corto plazo, en las últimas semanas hemos notado un salto en las solicitudes acumuladas, las cuales han estado acompañadas por un promedio de 335 nuevos pedidos cada semana durante los últimos 5 meses. Este salto en las solicitudes acumuladas, de prolongarse, podría ser el que nos dé la señal más oportuna de un cambio en la tendencia en el empleo de Estados Unidos por causas estructurales.

 

Hasta aquí pareciera que la parte estacional sería en realidad la única culpable de que los indicadores económicos defrauden al mercado. Sin embargo, nosotros creemos que el mal clima en realidad lo único que hizo fue exacerbar una tendencia que proviene de mucho más atrás y que en combinación con el tapering hicieron una mezcla que podría explotar en los frágiles cimientos de la recuperación que construyó la Fed con los estímulos.

En primer lugar tenemos el consumo minorista, el cual compone alrededor de  dos tercios del PIB de Estados Unidos y cuyo índice de precios ha mostrado una tendencia a la desinflación desde 2010. Pese a ello, hasta antes de junio de 2013, las ventas minoristas parecía que comenzaba a adoptar un ciclo a la alza pero que se vio frenado en agosto del mismo año. Asimismo, el índice de precios ha tenido una suave pero continua desaceleración desde marzo de 2012, lo cual nos dice que ni siquiera ha reaccionado ante el QE 3.

Del mismo modo, los precios al consumo han sufrido también de la débil demanda en Estados Unidos. La gráfica nos muestra cómo la desaceleración en las ventas minoristas anuales han impactado de forma rezagada a los precios, en especial el índice más usado por la Fed para determinar su política de corto plazo el Índice de Precios de Consumo Personal que apropósito esperamos que venga en 1.4% para enero.

Siguiendo con el consumo, los automóviles tampoco han tenido la expansión esperada y en realidad la tasa de crecimiento de las ventas de autos se ha caído dramáticamente desde julio de 2013 (sí, ahora un mes después de que a Bernanke se le escapó una amenaza de tapering). Adicionalmente, se observa un cambio de tendencia en ese mes pues en julio había tenido la mejor tasa desde diciembre de 2012. El contraste se ve más evidente a la hora de compararlo con la tasa de rendimiento de 10 años del tesoro que desde junio ha subido más de 120pbs.

Otro sector igual de importante que el de autos es el de las viviendas. Aquí observamos un comportamiento muy similar al de vehículos. Las ventas de segunda mano que son generalmente las más líquidas debido a su menor precio, han tenido una desaceleración preocupante desde mitad de año pasado, influida también porque las tasas de hipotecas se han movido a la alza en línea con las del tesoro.

 

La construcción de casas también comenzó a mostrar cierto agotamiento durante el 2013 acentuándose la caída en la tasa de crecimiento en los últimos cuatro meses donde noviembre tuvo un gran salto pero septiembre, octubre y diciembre apenas promediaron un aumento de 2.63%. Lo preocupante es que en los dos primeros no hubo mal clima (ojo).

 A la hora de adentrarnos a la industria también notamos anomalías que arrastran malos indicios desde meses atrás, tal es el caso de la producción industrial, la cual a diciembre parecía que repuntaba de forma significativa pero las revisiones a la baja han hecho que notemos una recaída desde noviembre y no diciembre como se había pensado. Esto podría ayudar a deshacer la hipótesis de que el clima es el único sesgo, y podría alentar la que afirma que sólo fue un amplificador de un mal ya existente.

En este sentido, podríamos explicar un desempeño con menor dinamismo en el sector a causa del encarecimiento del crédito a las empresas desde junio de 2013, lo cual ha hecho que las tasas de crecimiento de los montos que reciben tanto el sector industrial como el comercial acentúen su caída durante todo el año pasado.

 

En Llamadinero creemos que los malos datos de Estados Unidos no son consecuencia de un simple hecho estacional sino que en realidad la figura del tapering ha mermado la recuperación artificial que la Fed ha construido desde que comenzó los QEs. Es cierto que el clima ha incrementado los efectos de un tapering que además creemos que se hizo en la peor época del año posible para la intención de la Fed de monitorear de cerca los indicadores, pero no es la causa central de ellos. Febrero seguirá siendo víctima de tormentas y eso distorsionará la lectura que podamos hacer de los datos, por lo que será hasta marzo (justo antes de la reunión de política monetaria de la Fed) cuando veremos si en realidad la economía está lo suficientemente dañada para suspender el tapering.

 

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