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Hotel California de The Eagles es la mejor descripción de lo que le pasa a la Fed.

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Seguramente todos han escuchado aquella afamada canción de The Eagles “Hotel California” compuesta por las brillantes mentes de Don Henley, Don Felder y Glenn Frey. Sin embargo, pocos podrían pensar que la trama tan siniestra  y abstracta de esta canción de los años ´70 pudiese trasladarse a algo como la economía. De hecho dudo que a Don Henley, el compositor de la letra, alguna vez se le haya pasado por la cabeza que estaría describiendo un momento crítico de la economía de Estados Unidos, pero así es, con protagonistas y todo. Vamos a revisar porqué. 

(Lo que se encuentre entre paréntesis y entre comillas, son fragmentos de la canción Hotel California)

Como hemos comentado anteriormente en Llamadinero, la Reserva Federal ha tenido que llevar a cabo programas especiales de política monetaria para, en primer lugar, evitar que el desastre financiero de 2008 fuera peor, y en segundo lugar y no menos importante para evitar que desde ese año hasta el día de hoy la economía tuviera una recuperación con mayor fortaleza.

El primer programa es un hecho que funcionó pese a que la acción de la Fed fue tardía, la segunda no estoy seguro que sea una verdad absoluta. Sin embargo, la segunda estrategia tiene una particularidad que seguramente marcará un precedente en cuanto a política monetaria como política no convencional, y sus implicaciones se mantendrán en la incertidumbre al igual que su eficacia. 

En noviembre de 2008 el banco central de Estados Unidos puso en marcha los programas de compra de activos gubernamentales y de hipotecas, mejor conocidos como QE, y desde entonces el fin de la inyección de liquidez no ha visto su fin, ni siquiera en el horizonte. El mantenimiento de estos ha tenido como principal fundamento el apoyo a una economía débil, con tasas de corto plazo en cero pero con tasas en el largo plazo artificialmente rebajadas.

Mientras Lehman Brothers desaparecía y el sistema financiero se encontraba al borde del colapso, y las empresas buscaban como fuese préstamos de corto y largo plazo, (en términos de los Eagles “on a dark desert highway”) la Fed y el Departamento del Tesoro se vieron apurados por reaccionar (“My head grew heavy and my sight grew dim”) en un momento donde dadas las circunstancias no había otra alternativa que actuar con políticas no convencionales (“I saw a shimmering light” y “I had to stop for the night”). Así fue que los dos agentes más importantes en cuanto política económica comenzaron a intervenir en el mercado.

Es digno de destacar que no se entró a esta fase de expansión monetaria porque se haya querido, sino porque no había de otra. Y quizá lo más trágico de todo es que la Fed se dará cuenta de las consecuencias de entrar en esta fase de expansión cuando se le presenten, sin poder predecirlas, algo que los Eagles describen a la perfección: “this could be heaven or this could be hell”.

Una vez que Ben Bernanke tomó el timón de la Fed (“then she lit up a candle and she showed me the way”), se vinieron más rondas de QE´s de las cuales hasta el momento nos encontramos en la tercera, misma que posiblemente seguirá con Janet Yellen, con un monto mensual de compras de 85,000 millones de dólares, equivalente a 2,833 millones al día (“anytime of year, you can find them here”).

Sin embargo, la realidad es que la economía no ha tenido el impulso que todos habían esperado, en parte porque el momento es especial, único, y no sucedía desde los años ´30 (“We haven´t had that spirit here since 1969”). Las tasas en 0% sólo presagian un futuro para los Fed Funds, que en algunos años tengan que subir, y no bajar. Lo cual es un problema grave de expectativas que repercute en el accionar de los bancos, que preferirán no prestar ahora, sabiendo que cuando las tasas suban tendrán pérdidas, prefiriendo aumentar sus reservas de liquidez.

Con una hoja de balance de la Fed creciente y los índices bursátiles en máximos históricos, el sector financiero tiene una pinta muy relajada, e incluso podríamos compararlo con aquella bestia a la que la canción hace alusión. Ni siquiera un cierre de gobierno y el peligro de un default de Estados Unidos que pudo ser el peor desastre financiero de la historia han podido palear lo que cada vez parece más una burbuja (“they stab it with their steely knives, but they just can't kill the beast”).

Si bien, el desempleo en Estados Unidos no ha terminado por reducirse en términos reales, pues aunque la tasa ha bajado, ha sido más por una disminución en la tasa de participación laboral que por la creación de nuevos empleos, la Fed se ha dado cuenta (aunque no lo ha aceptado del todo) que el peligro de mantener un paso tan agresivo de inyección monetaria es cada vez mayor y los beneficios no están del todo claros en los hechos.

Es por eso que desde junio de este año, el banco central de Estados Unidos ha intentado enviar mensajes al mercado de que el principio del fin del QE está por comenzar, sin embargo, esto no se ha dado. Con una pequeñita amenaza de Bernanke los mercados elevaron las tasas de largo plazo, el mercado de crédito sufrió y los bonos se despedazaron, y ahora vemos las consecuencias; los indicadores económicos de nuevo decepcionan.

Lo acontecido tanto en el mercado financiero como en la economía, nos deja pensando en que la política monetaria acomodaticia es de fácil entrada. Tal como lo mencionábamos al inicio, si las cosas se ponen feas y la única luz que se ve a lo lejos significa pasar la oscura y despiadada noche bajo techo, lo más razonable es entrar.

Sin embargo una vez dentro, las cosas se ponen complejas. Aparece la incertidumbre sobre si fue lo mejor, o si en realidad se cometió un terrible error. Se comienza a caer en cuenta que quizá se esté alimentando a una bestia, y que lo que una vez significó un alivio, ahora te convierte en un prisionero (“we are all just prisoners here, of our own device”).

Este mes la Fed cumplirá 5 meses amenazando con el fin del QE, pero desde entonces los mercados la han obligado a retroceder y lo seguirán haciendo porque es su naturaleza, la han maniatado sin tocarla, haciendo más relajados los anuncios de política y postergando la reducción de compras de activos, pero sobre todo, han hecho realidad para la política monetaria acomodaticia, la última y más trágica frase de Hotel California: “You can check out any time you like, but you can never leave”.

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