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Los desajustes que han causado los QE de Bernanke deberán corregirse pronto.

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La Reserva Federal está a punto de comenzar a disminuir el ritmo de su compra de activos, mejor conocido como QE3, mediante el cual inyecta actualmente 85 millones de dólares a la economía mediante la adquisición de bonos del tesoro y bonos hipotecarios. Pero ¿qué tanto ha afectado las perspectivas económicas y financieras este QE cuya finalidad es acelerar la recuperación económica de Estados Unidos?

La compra de activos no sólo ha inflado la hoja de balance de la Reserva Federal, sino que también ha causado un conjunto de desajustes que se ven por primera vez en la historia y el caso particular es el de la curva de rendimientos que no es más el indicador clave para predecir lo que podría suceder de en el intervalo de hoy a 30 años.

Durante meses, la forma que adoptó la curva podría decirse que había sido la natural, o aquella que suele adoptar en períodos donde no se espera ningún desajuste en el mediano y largo plazo, sin embargo, la realidad es que la curva no había reflejando en sí la posición real de los inversionistas, sino más bien una condición de mercado.

Que los plazos de 10 a 30 años se mantuvieran en niveles excepcionalmente bajos (hace un año la tasa a 10 años era de 1.85% y la de 30 años de 3.03%), no significaba que los inversionistas estuviesen del todo dispuestos a prestar a esos niveles, sino más bien que había un agente que desde septiembre se estaba encargando de demandar en primera instancia 40 mil millones de dólares y desde diciembre 85 mil millones de dólares en activos a dichos plazos sin importar el riesgo implicado ni el rendimiento que ofrecieran.

Lo que tenemos es que desde 2009, las tasas de largo plazo han sido en realidad ficticias y con ello la curva de rendimientos ha dejado de representar un benchmark para el mercado, y lo peor de todo es que con ello ha dejado a cientos de analistas sin su principal punto de referencia para la toma de decisiones en todos los mercados.

 Como un simple ejemplo, la curva de rendimientos ayuda al cálculo de flujos futuros en los proyectos de inversión, y dado que se asume que los rendimientos representados a los diversos plazos incluyen toda la información disponible, también se usa para entender si habrá períodos de dificultades económicas como recesiones o ciclos inflacionarios.

Pero todo esto se conforma gracias a los pronósticos de los analistas que se ven reflejados en la disposición de compra y venta de un activo. El problema está cuando éstos no tienen relevancia alguna, pues la demanda es tal, que no importa el precio al que se vendan los bonos de largo plazo, encontraremos a alguien con 85 mil millones de dólares al mes para comprarlos.

Pese a ello, nada es infinito y la Fed es consciente que una inyección de liquidez que se prolongue en el tiempo tiende a ser más peligrosa que beneficiosa, es por eso que tras un año donde se ha inyectado un total de 845 mil millones de dólares, el momento de reducir el incremento de dicha cifra podría estar llegando mañana mismo con los descuentos correspondientes a las tasas ficticias de la Fed.

Y es que sin importar que la Reserva Federal repita la canción de que una disminución en la compra de activos no necesariamente implica una política de crédito más restrictiva (el famoso tightening vs tappering al que aduce Édgar Amador en su artículo), los mercados ya han anticipado lo que viene en un futuro cercano y por lo tanto, han metido en aprietos al banco central norteamericano.

No cabe duda que para reducir las tasas de largo plazo, si ésa es la intención principal, la Fed ha tenido el camino relativamente sencillo; inyectar dinero a esos plazos. Pero para reducir los riesgos que la inyección de 85 mmd implica, manteniendo las tasas de largo plazo en los mismos niveles, la cosa se ha puesto complicada, pues ya se anticipa el incremento de las tasas de corto plazo aunque esto pudiera suceder hasta 2014 o 2015.

Los desajustes en el mercado de renta fija “libre de riesgo” e hipotecaria norteamericana, también se han trasladado a otros activos similares (bonos emergentes, infraestructura, corporativos, etc.) y no podrán mantenerse por mucho tiempo.

 

La tendencia ahora para estos activos es ir a la baja, regresar a los niveles en los que el mercado está dispuesto a converger sin un agente externo, y esto implica que el pago que millones de norteamericanos hace actualmente por su vivienda, se eleve nuevamente, por lo que el impacto sobre este sector puede ser catastrófico.

Lo mismo países que continúan con deuda excepcionalmente alta y que se han visto beneficiados de la reducción generalizada de tasas, podrían volver a tener complicaciones para acceder al crédito, destinándolos a entrar a un nuevo círculo vicioso de refinanciamiento.

 

Pero lo más importante se verá cuando los agentes de verdad reflejen en la curva de rendimientos sus expectativas, ahí sabremos qué tanto beneficio tuvo la intervención de la Fed y qué tantas consecuencias tendrá en el corto, mediano y largo plazo. 

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