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Los problemas de comunicación de los Bancos centrales.

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Desde que en diciembre de 2008 la Fed llevo a la tasa de interés nominal de corto plazo (Overnight) a su nivel mínimo histórico (0 – ¼ por ciento), la política monetaria tradicional ha dejado de ser el ancla de las expectativas de mercado.

Una vez que la Fed empujó el blanco de la tasa de interés al mínimo, los Bancos centrales del mundo, incluído el europeo, siguieron la racha bajista para destrabar a la economía global. Y por tanto, las medidas convencionales de la política monetaria se agotaron.

Sin embargo, la economía, y el mercado, al perder el ancla nominal de precios (es decir el principal componente de información de mercado, el vector Lucaniano), la Fed tuvo que avanzar hacia otro mecanismo que le permitiese mostrar una guía clara de los objetivos que persigue.

Para ello, Bernanke y los miembros de la FOMC innovaron el concepto de “Forward guidance”, donde los miembros de la FOMC muestran su orientación, e informan con sus estimaciones, las decisiones de política monetaria que se podrían hacer.

La formulación del Forward guidance ha sido vital para instrumentar las acciones de la Fed, sin causar escenarios de pánico que contrarresten los objetivos de la política monetaria. Al tiempo que ha creado un vínculo entre la política monetaria futura y las condiciones económicas actuales.

Dicho vínculo reside siempre en el mensaje que traigan los hacedores de política monetaria en su discurso.

En otras palabras el forward guidance es una estrategia de comunicación que busca transparentar las decisiones de la Fed afín de contribuir más rápido a los estabilizadores automáticos de la economía inherentes al mercado.

De esta forma, desde la reunión de diciembre del 2012, la FOMC estableció a la regla de Evans como una señal del Forward guidance, con la intención de que el mercado ajuste sus movimientos a las señales económicas, y no a la tasa de interés que manipula la propia institución, es decir; la Fed busca normalizar la interpretación de la información en el mercado, y que estos vuelvan a responder a los datos económicos, más que las decisiones de la FOMC.

Y desde junio de este año, Bernanke ofreció los pronósticos y fechas aproximadas de cuando espera empezar a ajustar la política de la Fed en su conjunto, usando claramente en su discurso, una orientación lucida de como iria la reducción de la política de estímulos. 

Ha sido una tarea titánica comunicar al mercado exactamente, y de la manera más objetiva de que va la planeación monetaria, pero en su elaboración, la Fed ha buscado mantener no sólo el control de la curva de rendimiento, sino anclar a la economía hacia un juego de credibilidad con la autoridad, para lo que el Forward guidance ha resultado vital como estrategia de vinculación (aquí la explicación oficial de este instrumento).

Pero el forward guidance para que funcione, debe emitir de un sólo bocado la información clave y transparente, y debe en su misil, despejar tanto inquietudes, como la incertidumbre que rodea siempre a la esfera económica. Cosa que no es facil nunca de hacer.

La misma FOMC ha tenido un debate intenso por dentro para saber que mensajes emitir al mercado, y de que manera. Dudley ha apoyado a Bernanke, pero  Bullard ha considerado demasiado precoz la información que dio el 19 de junio. Narayana, de su parte ha creído escaza la información que dio Bernanke, mientras Fisher ha tomado de “cerdos salvajes” al mercado. Lo que ha hecho que las cosas estén, no oscuras, pero si poco lucidas para el canal de transmisión de la política monetaria. Lo que hace que hoy todos esperemos a las minutas para ver por escrito de que trata realmente este cuento.

Lo cierto es que la Fed no ha sido única en este juego, y como hemos dicho, los demás Banqueros Centrales han entrado al vínculo de comunicar y estrechar manos con el mercado, con el propósito de llevar en calma la trayectoria de la recuperación económica global. 

La semana pasada, Mario Draghi (presidente del BCE), tuvo su prueba de fuego al comunicar la decisión de política monetaria de la institución, donde aplico por vez primera este concepto de forward guidance, que le valio poco para aclarar que planea hacer después.

Dentro de la sesión de preguntas y respuestas, fueron más de un par de voces las que le pedían mayor claridad en forward guidance de Draghi, y no en menos de dos ocasiones se topó con la pregunta de “¿Qué significa el periodo extendido de tiempo del que habla?;  ¿Serán tres, seis meses, un año, o cuánto tiempo más el que la autoridad monetaria de Europa decida mantener la política acomodaticia?; ¿existe algún intervalo para sus uso (como el de la Fed), o bajo que umbrales se mueve el BCE?”.

Pues bien, Draghi, mucho más hawkish que su homologo Ben Bernanke, tuvo una respuesta contundente para los analistas el pasado 4 de julio:

“Un periodo extendido de tiempo” dijo en su respuesta “no significa tres, seis o doce meses, significa un periodo extendido de tiempo”.

En otras palabras, la política acomodaticia del BCE tardará lo que tenga que tardar.

Pero esto no ha ayudado a despejar la incertidumbre del mercado, quien ese día decidió suponer que habría dinero fácil durante largo tiempo, pero que después se ha movido inquieto por las noches para descifrar cuánto más. ha sido débil el comunicado.

El jueves pasado, después de Draghi, en una conferencia de prensa, Jorg Assumen (Miembro del Comité del Banco Central Europeo), trajó la idea de que había que ampliar la orientación que dio Draghi, y mejorar las señales que la autoridad mandaba, y declaró que “un periodo extendido de tiempo”, en realidad significaba “más allá de 12 meses”. Además de indicar que el BCE podría proveer de mayores fondos a las regiones de Europa que necesitasen más inyecciones de liquidez en el sistema bancario, haciendo eco con el reporte de la semana pasada del FMI sobre la zona del euro.

A todo esto el mercado le prestó atención cuidadosamente. Y al momento comenzó a torear al euro, vendiendo grandes posiciones en carteras fuertes que corrieron de paso hacia el dólar.

Más temprano que tarde, el martes, el BCE desestimó el comentario de Asmussen al referirse que su opinión no reflejaba a plenitud a los miembros del Comité del Banco central, y se encargó de no definir, como Draghi hizo, el significado de un periodo extendido de tiempo. A virtud de no provocar mayores salidas de la curva general de Europa.

Pero la controversia ya hizo estragos suficientes, en menos de una semana, los bonos de Italia, España y hasta Francia tuvieron salidas de más de 10 puntos base, tomando el consejo de Mr. Asmussen de que la venta de euros sería rentable.

Entre otras cosa, parte de esta precipitación ayudo a que Italia viese degradada su calificación crediticia por S&P a triple B. al tiempo que la propia Alemania ha mostrado señales de desánimo ante la debacle China, con quien tenía perspectivas de negocios comerciales.

En este contexto, el Forward guidance esta causando precisamente lo contrario bajo a lo que fue fundado.

Las controversia que se muestran tanto en la FOMC, como en el comité del BCE, están generando más incertidumbre de la que acallan sus presidentes.

Bernanke de su parte, es cierto que tras su estrategia de comunicación, creo un viento fuerte de expectativas positivas hacia la recuperación económica de EEUU, lo que probablemente aceleré el proceso de recuperación de la economía vecina. Pero a su vez ha incrementado la volatilidad del mercado financiero, donde el pivote (el mercado de deuda), ha estado levantando hasta la caspa de algunas corredurías.

En su trinchera, Draghi no sólo no está terminando de trasparentar su política, sino que al mismo tiempo el debilitamiento del continente (donde Alemania parece estarse enfilando también), puede provocar una venta masiva  de los bonos europeos en su conjunto.

Ante las señales que arrojen las minutas de hoy de la Fed,  the Wall-street Journal ha planteado la posibilidad de que la brecha entre los rendimientos se amplié, lo que terminará por beneficiar al dólar, y nuevamente perjudicará al euro.

En este tenor, la orientación de los bancos centrales es un mecanismo adecuado para implementar las estrategias de acción, pero la falla de coordinación en su uso puede resultar más caro que el beneficio que se saque. Después de todo como a inicios del año comentó Oliver Blanchard, “Los Bancos Centrales autónomos del mundo no fueron diseñados para las tareas que ahora se les esta encomendando”.

 

 

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