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Gráfica del día. ¿De regreso a 1990?, si la Fed sube tasas algo explota.

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Hoy en día vivimos una etapa de inflexión en la política monetaria del mundo, y es de sumo cuidado lo que está sucediendo por que la etapa restrictiva del ciclo monetario suele presionar el ciclo económico de varios países.

Desde que en el cuerpo y alma de la economía, se restableció el credo de la dicotomía entre variables reales y variables artificiales, suele esperarse que los efectos de la llamada “normalización” no generen ningún estrago sobre el proceso de recuperación económica a nivel global. Pero esta idea sólo disfraza, y al mismo tiempo, aísla las principales inquietudes: ¿ahora qué inicio el tapering, que pasará?, ¿aguantarán las economías el proceso de ajuste de la política monetaria?, la palabra clave aquí es “aguantar”, una palabra curiosamente relacionada a la contención, el sostenimiento, o inclusive la tolerancia de algunos pilares.

Y es que desde que la crisis financiera nos azotó en 2008, la Reserva Federal de Estados Unidos se encargó de instrumentar todos los artilugios posibles para rehabilitar las condiciones económicas de crecimiento, y que las variables reales de la economía sufrieran lo menos posible. Esa es la tarea de la Fed, su mandato tácito sobre las leyes, el protegernos y cuidarnos a todos.

Sin embargo, los costos de su política altamente expansiva empiezan a hacer sudar la frente de más de un miembro del Comité de Operaciones de Mercado Abierto (FOMC por sus siglas en inglés), y los datos amables vistos hasta noviembre del año pasado,  hacían conspirar que el momento apropiado de reiniciar el ciclo había comenzado, algo que todos hemos tratado de digerir y aceptar.

No han pasado más que 2 meses desde que Ben Bernanke anunció la materialización del tapering, y la reacción en los mercados ha sido brusca. Cierto es que la tasa de bonos de EEUU no se ha ajustado más allá del 3.0%, y que el dólar ha oscilado prudentemente, pero no es fácil eludir los conflictos que se han generado en varias economías emergentes, que terminaron por derruir las políticas monetarias de los bancos centrales de la India, Turquía, Sudáfrica, Brasil, Kazajistán, entre otras.

Y este movimiento más que estético de los momentos que vivimos, tiene una significancia histórica. Siempre que la Fed trata de endurecer su política monetaria, o trabajar bajo condiciones más restrictivas, las cosas se empiezan a complicar en alguna otra parte del mundo, y se genera una crisis.

Como se puede apreciar en el gráfico anterior, cada vez que la Fed mueve su tasa de referencia, obliga al mercado a generar un movimiento paralelo sobre la misma. Sin embargo, cuando la Fedge Funds (la tasa clave de EEUU), sube, en alguna parte del mundo algo explota.

Cuando la Fed baja tasas en realidad incentiva a los capitales a generar una nueva asignación de portafolios, que terminan, en algunas ocasiones, por sobrevaluar algunos activos. Las bajas tasas de interés, son entonces una invitación a un festín, y ya llevamos 5 años de fiesta.

El problema es que cuando la Fed sube las tasas, los activos sobrevalorados empiezan a tener conflictos de liquidez, dado el incremento del ahorro por parte de la propia economía de EEUU, lo que ataca el apetito por el riesgo, y finalmente genera reducciones rápidas de los valores virtualmente “inflados”.

Los años 90 fueron hegemónicos en esta lección. Luego de que a inicios de la década la Fed se encargará de invitar a los mercados a comer, con una reducción de la tasa clave de 8.25% hasta los 3 p.p. (durante los primeros tres años), Alan Greenspan (el entonces mandatario), sorprendió a todos con el inicio de las restricciones monetarias, y elevó las tasas de interés en seis ocasiones en tan sólo un año (1994), lo que llevo a la tasa de vuelta a las 5.5 unidades.

¿Quién explotó en ese entonces?, nada más y nada menos que México, cuyo reacomodo de capital le obligó a devaluar en el cambio de administración y abandonar el esquema del tipo de cambio fijo, lo que paso a conocerse como el dichoso “error de diciembre”. Que poco más tuvo que ver con el ajuste de tasas en EEUU.

Eso fue una señal de alerta para Greenspan de que haber mantenido tanto tiempo la tasa en 3%, y el eleve de anclas, podría presionar a los mercados, lo que llevó a la FOMC a reducir nuevamente la tasa en 1995 de 6% (que había alcanzado en febrero de ese año) a 5.5% durante el último mes de aquel periodo.

Pero en tan sólo dos años la tasa clave se había ajustado en poco más de 2.5 puntos porcentuales, un fenómeno muy rápido y brusco para el resentimiento de varias economizas que recibieron años atrás el flujo de capital proveniente de dicho país. Las presiones del nuevo ciclo monetario, acumuladas, vinieron a estallar en 1998, cuando el 17 de agosto el gobierno ruso y el Banco central de Rusia anunciaron que no podían pagar los compromisos de pagos privados con los inversionistas residentes, lo que se conoció como “la moratoria Rusa”.

Como se aprecia nuevamente en el gráfico, la Fed se vio obligada a bajar tasas nuevamente hasta 4.75%, mientras los bonos a 10 años se anclaban a niveles muy cercanos al 6%. Sin embargo saldada la crisis rusa, Greenspan siguió con su política de normalización, y la tasa clave llegó en abril del año 2000 a 6.5 puntos porcentuales. ¿Qué sucedió entonces?,  que todas las empresas ligadas al desarrollo del internet  se derrumbaron, crisis atañida al “punto-com” por el dominio que usaban dichas empresas.

Ni que decir entonces que a respuesta la Fed llevó la tasa clave hasta el 1% para recomponer las cosas, y que en el último proceso de normalización estalló la madre de todas las burbujas financieras, “la hipotecaria”, la que nos metió en el presente atolladero.

En consecuencia, el calendario ha avanzado bastantes hojas desde la crisis de México, la Rusa, o las punto-com, pero los años 90 se caracterizaron por intento tras intento de la Fed por normalizar su tasa de interés objetivo, lo que originó innumerables inconvenientes, y por lo menos tres crisis de gran magnitud.

Hoy por hoy, nos enfrentamos a la tarea que no pudimos saldar en aquella década, y esperamos, cruzamos los dedos, para que esta vez nos salga bien.  La tasa de referencia de la Fed no tiene todavía una fecha fija para moverse (si bien las estimaciones de la FOMC apuntan al 2015), pero el fenómeno del tapering ya ha dado su primera muestra de que no será tan fácil salirse en esta ocasión, y que a mano tienta habrá que tomar muchas medidas si no queremos que: 1) la economía de Estados Unidos pueda sufrir algún percance en su proceso de recuperación; o 2) que en algún rincón del mundo de “cuyo nombre no quiero acordarme…” estalle otra burbuja.

Como diría Eddu Vera en cita al Hotel CaliforniaYou can check out any time you like, but you can never leave”.

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